viernes, 26 de mayo de 2017

PULSERAS Y TOBILLERAS

El continente africano ofrece numerosos ejemplos de premoneda, algunos de ellos tan extendidos y recientes que aun hoy continúan formando parte del imaginario colectivo y la cultura popular. El ejemplo de hoy, las manillas de África Occidental, tuvo un uso prolongado en el tiempo seguramente gracias al hecho de que reunían muchas de las características propias de las monedas modernas: portabilidad, gran contenido en metal y durabilidad.

Imagen de manilla típica producida en Birmingham
(fuente: Odd & Curious Money, C. Opitz)
En realidad, tenían también un uso meramente estético, puesto que se utilizaban como brazaletes, colgantes o tobilleras, así como elementos de ceremonias. Como suele ocurrir con todas las formas de dinero primitivas o premonedas, los orígenes de las manillas como dinero son inciertos, lo cual da lugar a diferentes teorías. Una de estas teorías apunta a orígenes muy remotos, concretamente a los fenicios, legendario pueblo del Levante mediterráneo del siglo XIII a.C. Los fenicios, conocidos por sus fantásticas dotes de marinos y comerciantes, llegaron al otro extremo del Mediterráneo hasta adentrarse en el Atlántico, tanto hacia el norte, tierras de celtas, como hacia el sur, es decir, la costa africana. En una época en que la moneda no había sido inventada, ornamentos como pulseras o brazaletes eran uno de sus medios de cambio favoritos, y éstos pudieron dar lugar al uso de las primeras manillas como dinero entre los pueblos del occidente africano.

Otra teoría sobre el origen de las manillas se centra en tiempos más recientes, y hace referencia a los barcos occidentales hundidos en la costa atlántica africana. Según esta teoría, las primeras manillas vendrían de las piezas metálicas de los restos de estos navíos, pernos y abrazaderas principalmente.
Manillas tipo "Rey" y "Reina", de
mayor peso y tamaño (Odd &
Curious Money, C. Opitz)

El nombre occidental de esta forma de dinero ("manilla", pronunciado məˈnɪlə en inglés) tiene un origen poco claro también. Una teoría extendida es que vendría del castellano y portugués "mano pequeña", algo muy lógico si tenemos en cuenta que se trataba de brazaletes y pulseras en la mayor parte de los casos. Otra teoría señala que es que el término "manilla" puede provenir del latín "monilia", plural de la palabra "monile", es decir, collar. No es descartable tampoco, ya que las manillas podían emplearse como colgantes también.

En cualquier caso, lo que sí parece bastante seguro es que fueron los portugueses los primeros europeos que se percataron del uso de pulseras y brazaletes como moneda de cambio por parte de los pueblos de África occidental, al ser considerados por los nativos como objetos de alto valor. Durante la era conocida como de los Grandes Descubrimientos (ss. XV-XVI), los portugueses tenían un interés en África más estratégico que comercial, ya que veían este inmenso continente como una escala más de su vasta red comercial mundial, con terminales en diferentes puntos de India y China. De hecho, durante este periodo no tuvieron en ningún momento la idea de colonizar estos territorios, limitándose a establecer bases y ocupar islas que pudieran servir de base a sus navíos. África ofrecía productos atractivos para Europa pero en poca cantidad, sobre todo si lo comparamos con las riquezas de Asia o de la recién descubierta América: algo de oro, marfil, especias, aceite de palma...pronto los europeos se percatarían de que el mayor potencial de África residía en su fuerza de trabajo.

Por supuesto, nos referimos a la esclavitud. Las colonias americanas comenzaban a producir bienes cada vez más demandados en Europa como azúcar, ron, tabaco o algodón, para lo cual empleaban mano de obra esclava africana. La esclavitud, actividad que hoy día constituye un flagrante atentado contra la dignidad humana y por tanto se halla felizmente abolida (aunque por desgracia siga en práctica en algunos lugares de forma más o menos clandestina), era práctica habitual durante la época a la que nos referimos. Tan habitual, que no resultaba extraña a muchos pueblos africanos, que habían constituido ellos mismos sociedades esclavistas. No obstante, no cabe duda de que los europeos globalizaron la esclavitud, convirtiendo la costa occidental africana en la mayor empresa proveedora de esta fuerza de trabajo. Para mantener en marcha una maquinaria de esta magnitud, hacía falta una moneda aceptada ampliamente en la zona, un espacio que las manillas podían ocupar perfectamente.

De esta forma, los europeos comenzaron a producir manillas en grandes cantidades. Empezaron los portugueses, pero a finales del siglo XVI tomaron el relevo franceses, holandeses y británicos. La ciudad de Birmingham, centro productor de objetos de cobre y latón en el continente europeo, destacó por ser la mayor proveedora de manillas para el comercio de esclavos. Una típica manilla de cobre o latón consistía en un anillo ovalado abierto con forma de herradura de aproximadamente 63 x 82 mm. y alrededor de 80-100 grs. de peso y con los extremos abocinados, como podemos observar en las imágenes. Es muy complicado establecer una tipología precisa, de hecho este es un tema aún pendiente de explorar en profundidad, pero sí es comúnmente aceptado que durante sus más de cuatro siglos en circulación fueron perdiendo peso y tamaño hasta llegar a las medidas descritas más arriba, se pronunciaron más sus extremos y se perfeccionó su acabado. Esto último era importante ya que parece ser que la población local era muy exigente con la apariencia de este tipo de dinero, rechazando todas aquellas piezas consideradas de peor calidad.
Pulsera africana de latón con diseño más complejo,
seguramente empleada como moneda de cambio (90x80 mm) 

Existían además manilllas de mayor tamaño, las conocidas como Rey y Reina, de aproximadamente 30 cm. las primeras y 25 cm. las segundas y un peso superior a los 300 grs. En estos casos se trataba de piezas de uso ceremonial y como depósito más que como moneda circulante. Además, no faltaron las imitaciones locales: en regiones vecinas fuera de la costa occidental africana y del río Níger se utilizaron todo tipo de objetos imitativos, desde brazaletes y tobilleras con diseños más complejos (como el que aparece en la imagen de arriba) hasta simples barras de metal dobladas hasta formar un anillo.

Dado el carácter muchas veces informal de este tipo de dinero (no existía una única entidad emisora, por ejemplo) y la gran variedad de manillas que se produjeron y circularon entre los siglos XVI y XX, no es tarea sencilla establecer una tabla de valores para hacernos una idea aproximada de lo que se podía adquirir con ellas. El precio de diferentes mercancías o esclavos dependía en gran medida del lugar, la época y el tipo de manilla que se utilizara en la transacción. Sabemos, por ejemplo, que a principios del siglo XVI un manilla servía para adquirir un colmillo de elefante y con 12-15 se podía comprar un esclavo, pero normalmente nos tenemos que remitir a datos puntuales. 

Reverso de billete de cinco chelines de la República de
Biafra en África occidental, con imagen de una manilla (izda.)
La crisis que sufrió el mercado de esclavos durante el siglo XIX, gracias al empuje de movimientos que se oponían y luchaban activamente contra la esclavitud, afectó obviamente al empleo de las manillas y a su producción, que se convirtió en deficitaria. Aún así, continuaron utilizándose durante algún tiempo, solo que ahora en territorios bajo el estricto control de potencias coloniales, con lo que su valor quedaba ligado al de las monedas británica y francesa. En 1948 el gobierno británico decidió retirar definitivamente las manillas de circulación, dándoles un valor de redención que oscilaba entre las 80 y 480 por libra esterlina dependiendo del tipo de manilla. Un total de 32 millones de piezas, con un peso total cercano a las 2.500 toneladas, fueron recogidas y revendidas como chatarra. Un final poco digno para una forma de dinero tristemente unida a la compra y venta de seres humanos. 

Bertaux, P. África - Desde la Prehistoria hasta los Estados Actuales, Historia Universal Siglo XXI. Madrid 1984

Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Manilla: Money for the Slave Trade, Scott Semans World Coins http://www.coincoin.com/I024.htm




miércoles, 10 de mayo de 2017

MONEDAS INDIAS DE LA EDAD MEDIA (VII)

Extensión máxima del Imperio
 Vijayanagar (ss. XV-XVI)
fuente: wikipedia


La moneda de hoy, pese a sus diminutas dimensiones, es portadoras de una riqueza histórica y cultural incomparable. Se trata del fanam del sur de India, emitido de forma continua aproximadamente entre los siglos XIV y XIX, cerca de cinco siglos durante los cuales esta zona del subcontinente indio logró establecer una idiosincrasia propia basada en la defensa de las creencias hinduistas, fuera del control del Sultanato de Delhi, mientras experimentaba los primeros contactos con comerciantes europeos que a la postre acabarían dominando toda la India, económicamente primero y militarmente después.

La gran referencia política, cultural e incluso espiritual del sur de India durante el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna fue el Imperio Vijayanagar. Fundado en 1336, ocupó todos los territorios al sur del río Krishna y la meseta del Decán (los actuales estados de Karnataka, Andhra Pradesh, Tamil Nadu y Kerala) y consiguió erigirse en muchos sentidos como guardián de las esencias hindúes frente al todopoderoso Sultanato de Delhi al norte, que alcanzaba su máxima expansión e influencia precisamente durante esa época. La capital de este imperio, Hampi, constituye con todos sus templos un buen ejemplo del esplendor que gozó la cultura hindú durante este periodo. Las estructuras administrativas del Vijayanagar guardaban más relación con el feudalismo que con el estado absolutista, ya que el soberano debía asegurarse la fidelidad de los distintos señores y jefes locales, que ejercían su poder con un alto grado de autonomía dependiendo en muchos casos de la personalidad y carisma del emperador de turno. Poseía el imperio, eso sí, ciertas características de estado militar, ya que requería de un potente y eficaz ejército para la defensa frente a los vecinos musulmanes del norte. Muy celosos del mantenimiento del orden hinduista, los emperadores se aseguraban de que los cargos de responsabilidad fueran ocupados por brahmanes, grupo que ocupa la cúspide en la jerarquía del sistema de castas.

Anverso del fanam de Mysore con
imagen de Narasimha. Puede verse
arriba la cabeza (formada por puntos)
y debajo el torso y los brazos
Durante los siglos XV y XVI Vijayanagar logró un progreso considerable en muchos aspectos. Uno de estos aspectos fue el de la urbanización y las obras públicas, muy especialmente la construcción de embalses y obras de regadío. Otro aspecto, que además incidió directamente en la emisión de moneda, fue el impulso del comercio interior y exterior, en un contexto de contactos cada vez más fluidos con los europeos. Vijayanagar necesitaba de occidente caballos, elefantes, piedras preciosas y madera de sándalo, mientras que exportaba principalmente especias, arroz, productos textiles y azúcar. No es de extrañar que el puerto de Bhatkal en la costa del Mar Arábigo se convirtiera en un verdadero centro de intercambio  durante el siglo XV, siendo sustituido por Goa (bajo dominio portugués) en la siguiente centuria. Los portugueses fueron los primeros europeos en tener una extensa presencia en la India meridional, pero no tardaron en seguirles serios competidores, especialmente los holandeses y los británicos.

Reverso del fanam de Mysore con
la leyenda Sri Kanthirava
Vijayanagar llegó a su plenitud territorial, económica y cultural a principios del siglo XVI durante el reinado de Krishna Devaraya (1509-1529). A partir de mediados de siglo el imperio comenzó a sucumbir víctima del acoso de sus vecinos musulmanes del norte y la falta de una personalidad lo suficientemente fuerte para mantener unidos sus diferentes territorios, que poco a poco fueron actuando de forma independiente aunque siempre conservando su herencia social y cultural. Parte de esta herencia se mantuvo en un sistema monetario propio que incluso los europeos se esforzaron en mantener. 

El sistema monetario de Vijayanagar estaba dominado por el oro, a diferencia del sistema dominante en los estados musulmanes del norte, en los que la plata tenía primacía. Su unidad monetaria de referencia era la pagoda, pieza de oro de aproximadamente 3,6 grs. de peso. No obstante, el uso más extendido se encontraba en unas monedas diez veces más pequeñas. El fanam de oro fue una de las monedas más representativas del Imperio Vijayanagar. Los primeros ejemplares surgieron durante el siglo XIV y su acuñación continuó hasta mucho después de la propia existencia de este imperio, bien entrado el siglo XIX. Se caracteriza por su pequeño tamaño (apenas 0,4 grs. y entre 5 y 7 mm. de diámetro) y su preferencia por símbolos propios del hinduismo, en muchos casos con un nivel de abstracción tan grande que resultan muy difíciles de reconocer. Resulta complicado datar estas monedas puesto que el diseño se mantuvo prácticamente inalterado durante siglos, por no mencionar los numerosos ejemplos de monedas imitativas (por ejemplo los fanam que emitieron holandeses y británicos) así como falsificaciones de época o modernas, que para nuestra desgracia no pueden faltar.

Anverso del fanam tipo
Viraraya, con imagen de león
y media luna
En la entrada de hoy podemos contemplar dos ejemplos muy representativos de fanam. Uno es el emitido por el reino de Mysore, seguramente el más digno sucesor de Vijayanagar, pues en su momento de mayor esplendor (alrededor del siglo XVIII) llegó a dominar una buena parte del antiguo imperio, aunque sin librarse en ningún momento de la creciente influencia de los británicos. Se trata de un fanam tipo Kanthirava (nombre del rey bajo cuyo mandato se comenzó a emitir, entre 1638 y 1659), cuyo anverso representa a Narasimha, avatar del dios Visnú mitad hombre mitad león sentado en posición de yoga. No es fácil de identificar, sobre todo porque es imposible reflejar toda la imagen en un cospel tan diminuto, pero podemos apreciar en la foto el torso y la cabeza, ésta conformada por una serie de puntos, así como los brazos. Las piernas cruzadas simplemente no aparecen, pero estarían debajo del torso. El reverso refleja en tres líneas la leyenda Sri Kanthirava en escritura devanagari, también incompleta.

El segundo ejemplo de fanam se sitúa más al sur y al oeste, en la costa malabar correspondiente al estado de Travancore-Cochín (actualmente en el estado de Kerala). Es el fanam tipo Viraraya, cuyos orígenes son anteriores al fanam Kanthirava, y las imágenes que representan siguen siendo objeto de discusión. Normalmente se afirma que el anverso, formado por líneas curvas y puntos, representa un león con una media luna encima y el reverso un jabalí, aunque es habitual encontrar otras interpretaciones, dado el elevado grado de abstracción que presentan los diseños (muchas veces se afirma, por ejemplo, que el animal del reverso es en realidad un cocodrilo).
Reverso del fanam tipo
Viraraya, con imagen de jabalí

Me hubiera gustado ofrecer hoy información más detallada, no obstante no ha sido tarea sencilla dadas las siempre existentes dificultades en la correcta identificación de estas peculiares monedas. Las ubicaciones (Mysore y Travancore) parecen bastante precisas, y lo más probable es que sean ejemplares tardíos de los siglos XVIII-XIX. Parece ser, como apunta Tye, que las autoridades emisoras concibieron el fanam con la vista puesta en ritos y ceremonias religiosas, ya que podían ser utilizadas como ofrendas. No es de extrañar, ya que el hinduismo se caracteriza entre otras cosas por impregnar de espiritualidad todo lo que toca, incluso las cosas más materiales.

Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

http://coins.lakdiva.org/medievalindian/hoysalas_fanam_au.html

http://historicalleys.blogspot.com.es/2009/07/fanams-of-calicut.html

http://www.harekrsna.com/sun/features/10-12/features2619.htm






jueves, 27 de abril de 2017

DINERO DE TRANSICIÓN (LITUANIA 1991)

Los billetes de hoy, que en su simplicidad nos pueden recordar a cupones de racionamiento o dinero de emergencia emitido en periodos bélicos o pos-bélicos (en el fondo, guarda bastantes similitudes con ambas formas de pago) tienen su interés en tanto en cuento son testigos de un hecho que ha marcado (y aun marca) de forma significativa la historia reciente: el colapso de la Unión Soviética.

El Báltico: un quebradero de cabeza para la Unión
Soviética en sus últimos años
El desmoronamiento de la URSS tuvo numerosas causas de índole política y económica, que pueden resumirse en el anquilosamiento de los canales de gestión y participación (con la sombra del Partido Comunista omnipresente en todos los niveles de la administración) y en la escasa eficiencia de su modelo productivo. No obstante, la llamada cuestión nacional, es decir, las tensiones y conflictos latentes entre las diferentes nacionalidades que componían el  estado soviético, tendría un innegable impacto en la aceleración de este proceso.

El imperio de los zares había logrado constituirse en los siglos precedentes a través de un largo proceso expansionista  en el que un heterogéneo elenco de diferentes pueblos (polacos, lituanos, finlandeses, descendientes de tribus turco-mongolas, poblaciones de Asia central, y un largo etcétera) fueron sometidos, en muchos casos de forma violenta. Como consecuencia, Rusia se convirtió en un vasto imperio en términos territoriales además de un enrevesado mosaico multinacional, multicultural y multirreligioso, un puzle cuyas piezas en muchos momentos costaba encajar. La llegada al poder de los bolcheviques trajo consigo un intento de superación de estos problemas de convivencia  a través de la realización del ideario socialista, en el que las repúblicas integrantes de la Unión Soviética eran iguales en derechos y obligaciones y en teoría soberanas, es decir, que podían acceder a la independencia si así lo deseaban.

Cuando Mijail Gorbachov accedió a la secretaría general del PCUS en 1985 tenía muy claro que las reformas pendientes no se podían posponer si  la URSS tal y como era conocida quería prevalecer. Las reformas políticas evidenciaron la existencia de tendencias y movimientos ajenos al Partido Comunista, entre ellos los diferentes nacionalismos que se manifestaban muy especialmente en el Cáucaso y en las llamadas repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania.

Como sucede muchas veces entre vecinos, la historia de la relación entre Lituania y Rusia difícilmente se puede definir como cordial. Constituida como Gran Ducado a mediados del siglo XIII, Lituania no tardó en vincular su destino al de Polonia, país con el que mantuvo una estrecha alianza de cuatro siglos durante los cuales su territorio logró su máxima extensión hacia el sur y el este y Vilna llegó a convertirse en un centro de referencia económico y cultural en Europa del Este. A partir de  1569 su poder e influencia en la zona se vieron relegados en favor de su aliado polaco y a finales del siglo XVIII su territorio (junto con el de Polonia) fue repartido por las nuevas  potencias hegemónicas de la zona: Austria, Prusia y Rusia. Rusia ocupó la mayor parte del territorio lituano,  aunque Prusia también accedió a algunas áreas en el oeste, como Memel (actual Klaipeda). Durante el siglo XIX los lituanos mantuvieron sus aspiraciones nacionalistas, fuertemente reprimidas por Rusia, pese a lo cual pudieron acceder a  la independencia en 1918 (junto con Estonia y Letonia)  tras el colapso del Imperio Ruso y la llegada de los bolcheviques al poder. Durante dos décadas disfrutaron los lituanos de esta independencia (si bien con Vilna anexionada por el nuevo estado polaco) hasta que el nefando pacto Molotov-Ribbentrop condenó a Europa del este a ser dividida en zonas de influencia entre nazis y soviéticos. A partir de ese momento Lituania se convirtió en escenario de la rivalidad entre ambas potencias, con consecuencias nefastas para su población, víctima del Holocausto (en el caso de los judíos lituanos), trabajos forzosos y alistamiento en las fuerzas alemanas. No mejoró mucho la situación cuando los soviéticos recuperaron estos territorios en 1944, pues continuó la política de asesinatos y deportaciones, esta vez por parte de una Unión Soviética que esta vez no pensaba dejar escapar lo que consideraba sus territorios del Báltico.

Billetes de 0,10, 0,20 y 0,50 talonas
La puesta en marcha de la perestroika a partir de la llegada de Gorbachov al poder pondría de manifiesto (muy a su pesar, por supuesto) las antiguas rivalidades y cuentas pendientes entre las diferentes nacionalidades integrantes de la URSS. Durante los procesos electorales celebrados a finales de la década de los 80 los diferentes “frentes populares” de las repúblicas bálticas consiguieron un respaldo popular considerable que legitimaba sus aspiraciones independentistas. La asamblea lituana declaró la independencia en Marzo de 1990 no obstante, ante las presiones económicas de la URSS, el nuevo presidente Landsbergis decidió imponer una moratoria a esta declaración para tratar de ganar tiempo ante una previsiblemente ardua negociación con Moscú. Durante este tiempo, sin embargo, la línea dura se impuso en el gobierno soviético, lo que llevó a un incremento de la tensión con intervención militar incluida en Enero de 1991. No era el Báltico el único frente abierto para Moscú, pues en las repúblicas del Cáucaso, Asia Central y Moldavia se extendían también los movimientos nacionalistas. Los intentos desesperados de Gorbachov por conseguir un nuevo  Tratado de la Unión no tuvieron eco en muchos de estos territorios que, como Lituania, directamente se desvincularon. En Septiembre de 1991 una moribunda Unión Soviética se vio obligada a reconocer la independencia de Lituania.

Fue precisamente por estas fechas cuando las autoridades lituanas, actuando de facto de forma independiente, dieron sus primeros pasos en política monetaria. En un primer momento no prescindieron del rublo pero introdujeron una moneda propia provisional, el talonas (con un valor equivalente al rublo), con el fin de atajar la inflación que castigaba las economías de la URSS. La medida era cuando menos peculiar: los trabajadores debían recibir el 20 % de su salario en la nueva moneda, hasta un máximo de 200 talonai. Por otro lado, la mayor parte de los bienes (salvo básicos como alimentos) debían adquirirse por su valor en rublos y talonai. Así, si unos zapatos costaban 50 rublos, se debían adquirir pagando los 50 rublos más 50 talonai.

Reverso común de las emisiones de 0,10, 0,20 y 0,50 talonas
Este sistema no tardó en demostrar ser enormemente impopular. Los particulares necesitaban mucho tiempo para acumular los talonai necesarios para adquirir ciertos bienes y servicios, mientras una gran cantidad de rublos quedaban inutilizados en estas condiciones. No sirvió pues ni para satisfacer la demanda ni tampoco la oferta, ya que afectó negativamente al sistema productivo y no contuvo la inflación de los bienes básicos cuyo pago no debía efectuarse en talonai, pues no se trataba de una moneda independiente sino de una moneda suplementaria ligada al rublo. Además, socialmente favorecía el mercado negro de moneda y la especulación entre la población.

Así y todo, los niveles de inflación en Lituania fueron menores que en la extinta Unión Soviética entre los años 1991-92, de tal forma que las autoridades decidieron lanzar una segunda reforma, seguramente como forma de ganar tiempo mientras establecían un sistema monetario independiente del soviético y para reemplazar los primeros talonai, muy cuestionados por el público, pues eran por lo general de mala calidad y fácilmente falsificables. Fueron apodados de varias maneras como “Vagnorkes”, en alusión al Primer Ministro Gediminas Vagnorius, o “entradas de zoo” dado que muchos reflejaban animales de la fauna típica lituana. En Mayo de 1992 se reintrodujo el talonas como moneda independiente que circularía con el rublo de forma provisional hasta que este fue abandonado definitivamente en Octubre de ese mismo año. Finalmente, la nueva moneda nacional, el litas, fue adoptada tras varios retrasos en Junio de 1993 al cambio oficial de 1 litas = 100 talonai.

Billete de 1 talonas de 1992, con fauna típica lituana
Los talonai que veis en las imágenes de arriba son los de menor denominación de 1991, de 0,10, 0,20 y 0,50. El de 1 talonas de la izquierda corresponde a la reforma de 1992. No se emitió moneda metálica, utilizándose siempre el papel. Son de gran simplicidad, muy parecidos a emisiones de emergencia o cupones, aunque los de mayor valor lucían diferentes animales autóctonos, como comento más arriba. En la primera reforma se emitieron billetes de hasta 100 talonai, añadiendo unidades de 200 y 500 talonai tras la segunda reforma de 1992. No puede decirse que estos billetes fueran despedidos con todos los honores en 1993, pues parece ser que las emisiones que no fueron intercambiadas por litas fueron destinadas al reciclaje para la producción de papel higiénico. No he podido averiguar si este hecho se debe a una simple casualidad o si se llevó a cabo de forma premeditada, pero dada la escasa popularidad con que esta moneda fue acogida en su momento, tenemos razones para sospechar lo peor.


Martín de la Guardia, R.M. y Pérez Sánchez, G.A. La Unión Soviética: de la Perestroika a la Desintegración (Colección La Historia en sus Textos) Ediciones Istmo, Madrid 1995

Historia de Lituania en Lonely Planet http://www.lonelyplanet.com/lithuania/history#ixzz4fIkyhkzW






jueves, 20 de abril de 2017

EL GROSSO VENECIANO

Es para mi un placer dedicar mi entrada número 200 a una de las monedas más representativas de la Baja Edad Media y símbolo del poder económico de la república de Venecia. Esta ciudad-estado llegó a dominar las rutas comerciales con el Levante y Asia, convirtiéndose en puente (no solo comercial, sino también político y cultural) entre el mundo musulmán y los reinos europeos. Su poderío se fraguó en un contexto de decadencia imparable del Imperio Bizantino, cada vez menos influyente y más presionado en todas sus fronteras. Únicamente los descubrimientos de españoles y portugueses a partir de finales del siglo XV y la pujanza otomana pudieron dejar fuera de lugar a esta gran potencia mediterránea.

Territorios controlados por la República de Venecia durante
los siglos XV-XVI (fuente: wikipedia)
Durante toda la Edad Media, y hasta bien entrado el siglo XIX, Italia no era más que (en palabras del canciller Metternich) "una expresión geográfica". Dividida en multitud de estados (bien fueran reinos, ducados, marquesados o repúblicas aristocráticas) durante mucho tiempo fue escenario de los conflictos entre grandes potencias que aspiraban a aumentar su esfera de influencia. No obstante, varios estados de la península italiana tuvieron la capacidad de ejercer una mayor o menor influencia por sus propios medios, especialmente a través del comercio internacional.

Unos de ellos era indiscutiblemente Venecia. Este archipiélago de cerca de 120 islas situado en el norte del mar Adriático posee una historia tan fascinante como todo el patrimonio que hoy día podemos apreciar a través de sus canales. Aunque su fundación en el siglo V no se remonta tanto como otras ciudades emblemáticas, la escasa evidencia documental de la época hace que este acontecimiento tenga tintes legendarios. Parece claro, eso sí, que fue fundada por los habitantes de los alrededores que escapaban de las invasiones hunas primero y lombardas después. No tardó en entrar en la órbita bizantina, dado que el Imperio de Oriente, claro dominador de la península italiana durante siglos, quiso aprovechar su posición estratégica en las rutas comerciales entre oriente y occidente así como su potencial como puerto en el Adriático. Estas ventajas, por supuesto, fueron percibidas también por los propios venecianos, que pronto se posicionaron como un relevante actor comercial. Su apoyo a Bizancio frente a enemigos árabes y normandos en los siglos X y XI permitieron a Venecia acumular privilegios en forma de exención de impuestos, apertura de rutas comerciales en el Levante y concesión de un barrio en Constantinopla. De esta manera, Venecia se fue posicionando como un relevante actor comercial, lo que le llevaría a aumentar también su poder e influencia en el Mediterráneo en detrimento de un Imperio Bizantino cada vez más asediado por sus enemigos externos. Tanta fue esta influencia que en 1204 se vio en posición de capitanear la Cuarta Cruzada que en 1204 puso a Constantinopla bajo el dominio latino durante varias décadas. 


Anverso de grosso veneciano de finales del siglo XIV.
Pesa 1,82 grs. y mide 22 mm. 
Este hecho consagró a Venecia como potencia mediterránea y referente mundial del comercio, especialmente de la seda, grano y especias. Constituida como república aristocrática, se caracterizaba por una división de poderes bastante poco común en la época, que dotaba al Gran Consejo de las mayores atribuciones. Este parlamento de unos 2000 miembros estaba dominado por las principales oligarquías mercantiles y aristocráticas de Venecia, y era su responsabilidad la elección del Dux o Dogo, el jefe del estado, cuyo cargo era vitalicio pero no hereditario. El Gran Consejo se encargaba también de la elección del Senado, de unos 300 miembros, órgano responsable de la política exterior de la república. En general y salvo algunas excepciones como la del Dux, el ejercicio de cargos públicos tenía una duración limitada, lo que evitaba abusos de poder y mantenía el equilibrio entre las diferentes familias. Su apogeo mercantil, militar y territorial se sitúa en las confusas fronteras que separan la Edad Media de la Edad Moderna durante los siglos XV y XVI, momento en que gracias a una impresionante flota llegó a dominar el nordeste de la península italiana, Istria, la costa dálmata y numerosas islas del mar Egeo y del Mediterráneo oriental, entre ellas nada menos que Creta y Chipre. 

Pero sin duda la mayor contribución veneciana a la historia del Medievo y el Renacimiento fue su poderío comercial. En muchos sentidos, se considera a Venecia como una verdadera antecesora de ciudades como Hong Kong o Singapur, lugares cuyos mayores recursos se basan en la posesión de un buen puerto y la creación de un clima social y normativo favorable al comercio internacional. Esto posibilitó no solo el dominio del comercio mediterráneo sino también el de las rutas mercantiles con China e India, de lo cual dan buena fe los viajes de Marco Polo y su larga estancia en la corte de Kublai Khan. Este poderío debía reflejarse en una moneda fuerte, especialmente en un momento en que el gran referente monetario bizantino daba claros signos de fatiga. 

Durante varios siglos el sistema monetario veneciano estuvo ligado, dentro del monometalismo de plata dominante en la mayor parte de Europa, a los patrones fijados por los carolingios desde el siglo VIII. No obstante, su moneda de plata había estado sujeta a continuas devaluaciones en forma de disminución de peso y pureza. Durante el periodo del Dux Enrico Dandolo (1192-1205) se introdujo el grosso o matapan, valorado en 24 de las antiguas piezas de plata, con una pureza de 98,5 % y un peso equivalente a 100 en un marco de plata (218 grs.) por lo que cada uno debía pesar alrededor de 2,18 grs. Su introducción revalorizó el prestigio de la moneda de plata, ya que enseguida fue extensamente aceptada e incluso imitada en otros países. 
Reverso del grosso, con imagen de Cristo entronizado

Pero Venecia daría un paso más en su política monetaria al adoptar el ducado de oro un siglo después. A mediados del siglo XIII otra potencia comercial italiana, Florencia, había introducido el florín de oro, acabando de facto con el monometalismo en Europa tras varios siglos en los que las únicas piezas de oro circulantes habían sido bizantinas o árabes. Los venecianos pondrían en marcha el ducado de oro en 1284 a imagen y semejanza del florín, con un peso de 3,54 grs. y una pureza de 0,997. Durante los dos siglos siguientes el ducado fue progresivamente sustituyendo al florín como pieza de oro de referencia, ya que las autoridades venecianas procuraron no caer en tentaciones devaluadoras.  Con una estricta equivalencia de 24 grossi, se convirtió en unidad de cuenta de referencia y un valor seguro en momentos de zozobra económica o financiera.

El grosso de las imágenes fue emitido durante el mandato el Dux Antonio Vernier, entre 1382 y 1400. De estilo claramente bizantino, muestra en el anverso al Dux de perfil arrodillado ante San Marcos, patrón de Venecia, escena rodeada por la leyenda ANTO' VENERIO SM VENETI. El reverso, por su parte, refleja a Cristo entronizado rodeado de las iniciales IC XC, correspondiente al nombre de Jesús en griego. Fue acuñada pues en el momento de mayor esplendor de Venecia y su moneda, ya que la caída de Constantinopla a mediados del siglo XV marcó el inicio del lento declive de la Repubblica Serenissima frente a su nuevo y poderoso enemigo en el este: el Imperio Otomano. A partir del siglo XVI, el dominio de nuevas rutas comerciales con Asia por parte de portugueses y holandeses y la apertura de nuevas rutas en el Atlántico, lejos de su influencia, acentuaron este declive. No obstante, su dominio en las habilidades diplomáticas y negociadoras posibilitó a los venecianos mantener su independencia y prestigio hasta bien entrado el siglo XVIII, momento en que pasaron a formar parte de la órbita austriaca por obra y gracia de Napoleón. 

Colás Latorre, G. Pluralidad de formas políticas en Europa, en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

El Cercano Oriente Medieval - De los Bárbaros a los Otomanos, Michel Kaplan, Bernadette Martin y Alain Ducellier, Iniciación a la Historia Akal, 1988


Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999


http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/venecia_8680

miércoles, 29 de marzo de 2017

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VIII): BOLIVIA

Al igual que muchos otros países de Iberoamérica durante la década de 1980, Bolivia reunía gran parte de las condiciones necesarias para que su inflación acabara fuera de control. Su modelo de crecimiento durante las décadas previas, basado en gran medida en una constante intervención estatal y el incremento de su deuda externa para financiar esta intervención, demostró ser insostenible. Pese a tratarse de un país dotado de importantes recursos mineros y agrícolas, tradicionalmente ha soportado grandes bolsas de pobreza (sobre todo entre campesinos indígenas)  lo que, unido a su constante inestabilidad política, no ha ayudado precisamente a impulsar un verdadero desarrollo socio-económico.


En 1982, el año en que oficialmente dio comienzo la crisis de la deuda en Iberoamérica cuando Méjico reconoció su incapacidad de hacer frente a sus pagos, una frágil democracia volvió a Bolivia tras años de golpes de estado y dictaduras de distinto signo. Si consolidar la democracia en aquel momento ya representaba un gran reto de por sí, estabilizar la situación económica demostraría ser aún más complicado. El presidente Siles Zuazo tenía poco margen de maniobra atrapado entre una amenaza permanente (y bastante real) de golpe militar y las altas expectativas de sindicatos y grupos opositores a la dictadura, en un país tradicionalmente acostumbrado a la intervención estatal en la economía.

Precisamente, las medidas económicas del nuevo gobierno iban encaminadas a continuar con este intervencionismo. De hecho, el gasto fiscal aumentó de forma desmedida sin que ello fuera contrarrestado con un incremento de ingresos acorde, que apenas servían para cubrir un 15 % de esos gastos. Durante estos años se tomaron todo tipo de medidas expansivas para paliar los efectos de una inflación que empezaba a ser preocupante: incrementos generales de sueldos (incluyendo una subida del salario mínimo del 30 %), indexación salarial y congelación de precios. Asimismo, se aumentó el número de empleados públicos y del gasto en personal de empresas públicas como YPFB (petrolera) y COMIBOL (mineria), un hecho que contribuyó a incrementar considerablemente el déficit de las compañías que aportaban más ingresos al estado.


Las medidas relativas a la política cambiaria, destinadas en principio a desdolarizar la economía y aumentar la disponibilidad de divisas, resultaron contraproducentes. Se estableció un rígido control de cambios mediante una paridad fija para el peso boliviano y se convirtieron a la moneda nacional todos los contratos previamente existentes en dólares. Además, dentro de esta filosofía estatalizadora de la economía, todo el comercio exterior debía centralizarse en el Banco Central, lo cual resultó altamente ineficaz. Como resultado, la escasez de divisas siguió siendo patente, generándose un mercado paralelo extraoficial en el que el dólar aumentaba de valor a pasos agigantados frente al peso boliviano. El dólar, por tanto, se convirtió progresivamente en la referencia monetaria no oficial frente a una moneda nacional cada vez más devaluada. Como ya hemos visto en otros casos (Alemania, Hungría, Zimbabue) la pérdida de confianza ciudadana en la moneda nacional es la antesala de la hiperinflación.

El deterioro económico durante el bienio 1984-85 era más que evidente. Las respuestas del gobierno se limitaban a devaluar la moneda (siempre por detrás de su devaluación de facto frente al dólar en el mercado no oficial) , aumentar los precios de algunos artículos o imponer nuevas restricciones, por lo general sin efecto, mientras se reconocía la imposibilidad de hacer frente a los compromisos de deuda. El periodo comprendido entre Agosto de 1984 y Agosto de 1985, momento en que la tasa de inflación anual se situó en el 24.000 %, es considerado como el de la hiperinflación. Para colmo de males, Bolivia no hacía frente a una sola hiperinflación, sino a dos: la oficial y la paralela. Para hacernos una idea, en Diciembre de 1982 un dólar estaba fijado oficialmente en 200 pesos, mientras que en el mercado negro se cotizaba a 283. En Agosto de 1985 con un dólar se podían adquirir 75.000 pesos de forma oficial y nada menos que 1.050.000 en los mercados paralelos.  


Durante estos meses se emitió tal cantidad de papel moneda que el gobierno boliviano se vio obligado a depender de otros países para su suministro, como Argentina, Brasil o Alemania. Las transacciones en cheque o tarjeta de crédito fueron en muchos casos desechadas ya que durante el tiempo que llevaba el proceso de compensación el peso boliviano podía perder su valor de forma significativa, de hecho en los peores momentos pudo llegar a depreciarse entre un 1 y 2 % por hora. Con el fin de simplificar la contabilidad, el dinero se medía en fajos de billetes idénticos, llegando incluso a medirse la altura o el peso de la cantidad de fajos para determinar una transacción. Allen comenta en su Encyclopedia of Money que se dio el caso de catedráticos de universidad que recibían su sueldo en fajos de billetes amontonados que alcanzaban una altura de unos 50 cm., mientras que el del personal administrativo podía llegar a la mitad. 

Pero sin duda lo más llamativo de la hiperinflación boliviana fue su efecto en la sociedad. El mercado paralelo de dólares resultó como nos podemos imaginar más accesible y atractivo para muchos bolivianos, que en poco tiempo se convirtieron en especuladores monetarios. Como estaba prohibido adquirir bienes o servicios en otra moneda que no fuera el peso, los consumidores cambiaban en las calles dólares por pesos para hacer sus compras. Una vez los comerciantes recibían los pesos acudían a los cambistas callejeros lo antes posible para cambiarlos por dólares. Muchos de estos dólares, por cierto, provenían del pujante comercio ilegal de la cocaína con Estados Unidos (no olvidemos los ochenta fue la edad de oro de los young urban professionals, popularmente conocidos como yuppies)


Los billetes de 50.000 y 100.000 pesos de las imágenes corresponden justo al momento previo a la hiperinflación; las más altas denominaciones alcanzaron los 10 millones. A mediados de 1985 la pérdida de crédito de el gobierno de Siles era absoluta, lo que llevó a unas nuevas elecciones que no tuvieron un claro ganador. Finalmente, en Agosto de ese año el Congreso proclamó presidente a Paz Estenssoro, que llevó a cabo un ambicioso plan de ajuste que en la práctica era una enmienda a la totalidad de todo lo realizado anteriormente: flexibilidad en el tipo de cambio, autorización a los bancos para operar con moneda extranjera, congelación de sueldos en el sector público y liberación de los mismos en el sector privado, eliminación de restricciones al comercio exterior, subida de los precios de los productos derivados del petróleo... Dentro de la política monetaria se sustituyó el peso boliviano por su antecesor, el boliviano, con un valor de un millón de los antiguos pesos por boliviano. En la imagen del billete de 50.000 podéis apreciar un resello que indica su nuevo valor: 5 céntimos de boliviano. 
Resello de 5 c. de boliviano en billete de 50.000 bolivianos

No sería riguroso que el gobierno de Siles cargara con toda la culpa de este caos económico, pues heredó una situación de por sí muy difícil y deteriorada. Además, es comúnmente aceptado que contribuyó decisivamente a consolidar la democracia en el país. No obstante, el ejemplo boliviano es una prueba fehaciente de la importancia que tiene el rigor presupuestario y la capacidad de generar ingresos para la puesta en marcha de cualquier política económica.  



Sabino, C. El Fracaso del Intervencionismo: Apertura y Libre Mercado en América Latina Ed. Panapo, Caracas 1999 (http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/bo/Sabino-bolivia.htm)

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Sachs, J. The Bolivian Hyperinflation and Stabilization (http://www.earthinstitute.columbia.8edu/sitefiles/file/about/director/documents/AERBolivia87.pdf)


lunes, 13 de marzo de 2017

EL DRAM DE NAGORNO-KARABAJ

En entradas anteriores hemos tenido la oportunidad de descubrir monedas de territorios no reconocidos como estados por la comunidad internacional pero con características propias de uno: un gobierno efectivo, instituciones propias de un poder legislativo, uso del monopolio de la violencia mediante un cuerpo de policía y ejército y la capacidad de establecer una organización económica, que en algunos casos puede conllevar el uso de una moneda propia.

Situación de Nagorno Karabaj en el sur del Cáucaso y la zona ocupada en
Azerbaiyán (fuente: www.igadi.org)
Es el caso de Nagorno-Karabaj, enclave de población armenia dentro del vecino Azerbaiyán, y que ha dado lugar a un conflicto (normalmente latente pero con episodios ciertamente violentos) que dura ya casi tres décadas. El sur del Cáucaso, zona de confluencia de diferentes imperios y poblaciones y puente entre dos continentes, ha sido siempre considerado como una zona estratégica y por lo tanto escenario de tensiones y conflictos. De hecho, cuando repasamos brevemente la historia de Armenia, nos damos cuenta de que sus fronteras han sido objeto de constantes modificaciones, siempre ligadas a los vaivenes políticos de los imperios que le rodeaban. En la Antigüedad, sus casi seis siglos de independencia finalizaron una vez la parte occidental fue anexionada por los romanos en 387 d.C. y la parte oriental al Imperio Persa Sasánida en 428 d.C. A mediados del siglo VII, al igual que gran parte del mundo conocido, sufrió la invasión y posterior anexión al Califato Árabe. Las presiones recibidas para convertirse al islam provocaron una diáspora hacia zonas controladas por Bizancio dada la resistencia mostrada por los armenios, que aún hoy hacen de su fe cristiana un signo de identidad en una zona de mayoría musulmana.

Únicamente cuando el imperio árabe mostró signos de debilitamiento Armenia pudo recuperar su independencia a mediados del siglo IX a través del establecimiento de un principado. A partir de 1045 Armenia volvió a estar en el centro de las disputas entre imperios rivales al ser ocupada por los bizantinos, y posteriormente por los pueblos turco-mongoles procedentes de Asia Central:  primero los selyúcidas en 1071 y más adelante en el siglo XIII los mongoles. A partir del siglo XV Armenia se incorporó progresivamente al pujante Imperio Otomano aunque como en otras épocas de su historia su territorio se convirtió en frontera entre dos estados rivales: los otomanos y los persas safávidas. Durante siglos, Armenia no solo careció de estructuras político-administrativas autónomas sino que además su población literalmente se desperdigó por diferentes puntos del Imperio Otomano, Europa del Este y el subcontinente indio. 

Detalle de un billete de 100 rublos de 1918 con mapa de Transcaucasia
Los rusos, que durante los siglos XVII-XVIII inician una constante expansión hacia los confines de Asia, se interesaron también por el Cáucaso, al que accedieron a principios del siglo XIX tras derrotar a los turcos en 1829. La integración en un estado cristiano como la Rusia de los zares no solucionó los problemas de los armenios, pues muchos siguieron viviendo bajo la soberanía del sultán otomano. La parte oriental de Armenia se integró en el Imperio Ruso, lo que animó a muchos armenios a regresar, pero los que permanecieron en territorio otomano lo hicieron en condiciones cada vez más desfavorables y bajo una constante tensión con las autoridades turcas. La rivalidad entre el Imperio Otomano y Rusia en la Primera Guerra Mundial exacerbó el odio hacia los armenios, insistentemente acusados de trabajar para el enemigo. Entre 1915 y 1922 fueron asesinados aproximadamente millón y medio de armenios en lo que se considera el primer genocidio de la historia moderna. 

Pese a su retirada del frente a principios de 1918 y su aislamiento internacional, la nueva Unión Soviética consiguió reafirmar sus intereses en el Cáucaso después de unos años en los que el debate sobre la independencia de Armenia fue ahogado por un sangriento conflicto con una Turquía que se resistía a ver su territorio reducido. En 1920 los turcos lograron conservar la parte occidental de Armenia mientras que la parte oriental quedaba bajo dominación soviética, establecida como República Socialista Soviética hasta 1991. Esta época trajo la estabilidad y prosperidad que Armenia no había conocido desde hacía tiempo, pero dejó pendiente un problema territorial que aún hoy sigue sin resolverse: el enclave de Nagorno-Karabaj, situado en la parte oeste del vecino Azerbaiyán.

Nagorno-Karabaj, territorio de mayoría armenia (que de hecho prefiere la denominación Artsaj para esta región), fue integrado en Azerbaiyán una vez que la Unión Soviética confirmó la incorporación de la región Transcaucásica a su esfera de influencia. Rusia tenía un particular interés en esta región no solo por sus lazos históricos y culturales sino también por sus recursos naturales, especialmente el petróleo. Tras los convulsos momentos que se vivieron en la zona a principios de la década de 1920 la URSS decidió delimitar las fronteras de las repúblicas de Transcaucasia de forma muy favorable a Azerbaiyán en detrimento de Armenia, seguramente como forma de mostrar buena voluntad hacia Turquía así como de practicar la clásica política de "divide y vencerás". De esta forma, en lugar de integrar Nagorno Karabaj en Armenia (como los armenios habían esperado), se declaró este pequeño territorio de unos 11.400 Km2 (extensión similar a la provincia de Guadalajara) como región autónoma dentro de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. 
Monedas de 1/2, 1 y 5 dram de Nagorno-Karabaj (2004)

Durante décadas, el férreo control soviético mantuvo las tensiones a raya, pero cuando este control comenzó a debilitarse, éstas inevitablemente volvieron a manifestarse. 1988 fue el año en que estalló el conflicto entre los armenios de Nagorno-Karabaj y las autoridades azeríes, que se saldó con entre 20.000 y 30.000 muertos así como con el control de facto de los armenios de este territorio y de sus alrededores hasta alcanzar la frontera con Armenia. En 1991 la República de Nagorno-Karabaj, en medio del caos producido como consecuencia de la desintegración de la URSS, se declaró independiente. En 1994 Rusia consiguió impulsar un alto el fuego que aún hoy se encuentra vigente, aunque han sido frecuentes los episodios más o menos violentos entre las partes en conflicto, el último de ellos en Abril de 2016. Pese a que Nagorno-Karabaj no es hoy día una república reconocida por ningún estado o institución internacional (ni siquiera Armenia, su mayor apoyo en la región) y oficialmente sigue considerada parte íntegra de la República de Azerbaiyán, se comporta como un estado soberano de hecho. 

Reverso común de todas las monedas
con el escudo de la República de
Nagorno-Karabaj
Dentro de las atribuciones de esta soberanía se encuentra la de adoptar su propia moneda. Hoy día la moneda principal en circulación en Nagorno Karabaj es el dram armenio (520 drams equivalen a un euro), pero sus autoridades no han dudado en emitir a partir de 2004 un dram propio cuya tasa de cambio, como nos podemos imaginar, es paritaria a la moneda armenia. Aunque es de curso legal, el dram de Nagorno Karabaj es más objeto de curiosidad por parte de los coleccionistas que una moneda de uso corriente. De hecho, están fabricadas por la Educational Coin Company (http://www2.educationalcoin.com/), uno de los mayores proveedores mundiales de material numismático y notafílico.

La emisión de 2004 que presento en las imágenes consiste en monedas de 50 luma (medio dram) y 1 dram de aluminio con diferentes animales salvajes en el anverso y un retrato al más puro estilo bizantino de San Gregorio el Iluminador, fundador y patrón de la Iglesia apostólica armenia en los siglos III-IV. Las monedas de 5 dram, de una aleación de cobre, níquel y zinc, presentan dos monumentos emblemáticos de Nagorno-Karabaj: la iglesia de Ghazanchetots y el conjunto escultórico "Somos Nuestras Montañas", que representa (de forma un tanto esquemática) un hombre y una mujer del Alto Karabaj. Moneda poco común donde las haya, tiene un precio bastante razonable, lo que hace de ella un artículo al que ningún aficionado a las curiosidades numismáticas puede renunciar. 


Fuentes: 

martes, 28 de febrero de 2017

LAS ÚLTIMAS MONEDAS CASH

Pu Yi (Xuantong) último emperador Qing como
emperador de Manchukuo (fuente: Wikipedia)
Se cumple por estas fechas mi quinto aniversario como bloguero numismático y pensaba, como tengo por costumbre en tan entrañable ocasión, dedicar mi entrada a Japón, ya que fue así como me estrené aquel 22 de Febrero de 2012. Esta vez no me ha sido posible encontrar algo realmente curioso de aquel país, aunque sí que puedo ofrecer un tema estrechamente relacionado, pues la entrega de hoy versará sobre uno de los personajes históricos más desdichados que se pueden recordar: Aisin Gioro Pu Yi, el último emperador chino Qing inmortalizado por Bertolucci en 1987. Pocas veces ha podido existir tanta diferencia entre el poder nominal y el poder efectivo de una persona.

Lo cierto es que Pu Yi, cuyo título imperial fue Xuantong (y así es como aparece en sus monedas) no pudo hacer mucho por evitar esta situación, pues fue entronado en unas circunstancias ciertamente lamentables para su país y sus habitantes. El siglo XIX chino es claramente un siglo de imparable decadencia, durante el cual las reformas que la dinastía manchú de los Qing  había introducido más de un siglo antes no darían más de sí. Viejos vicios como la corrupción generalizada entre el funcionariado o la adopción de desmedidos gastos suntuarios reaparecieron, así como un creciente empobrecimiento del campesinado, ya que el impresionante aumento de población (de 143 millones de habitantes a mediados del siglo XVIII a 360 millones a principios del siglo XIX) no fue efectivamente asimilado con el cultivo o colonización de nuevas tierras. En el exterior, el siglo XIX es recordado como el de la apertura de China hacia el resto de mundo, pero en un sentido más bien traumático. Las guerras del opio, impulsadas por los británicos para forzar la apertura del inmenso mercado chino al comercio occidental, mostraron al resto del mundo la debilidad de este inmenso imperio, que se había resistido a adoptar los avances tecnológicos ligados a la Revolución Industrial. China fue poco a poco convirtiéndose de facto en una colonia de los países occidentales y Japón al quedar dividida en zonas de influencia a finales de siglo. No obstante, como toda acción va acompañada de una reacción, surgieron al mismo tiempo movimientos de corte nacionalista y reformista que abogarían por adoptar todos aquellos avances modernizadores occidentales (parlamentarismo, industrialismo y reforma educativa) como forma de devolver a China la fortaleza necesaria para reafirmar su papel de gigante asiático.

Moneda con la efigie del general Yuan Che-Kai, que
gobernó China entre 1912 y 1916
Además, Pu Yi asumió la más alta dignidad a la corta edad de dos años, lo cual no facilitaba precisamente las cosas. En realidad fue impuesto por la emperatriz viuda Cixi, antigua concubina del emperador Xianfeng (1851-1861) y verdadera gobernante en la sombra durante las últimas décadas de la dinastía Qing. Deseosa de seguir en este papel, a la muerte de su sobrino el emperador Guangxu (1875-1908) eligió a Pu Yi, hijo del medio hermano de aquel, como sucesor. Todos estos acontecimientos no sirvieron sino para acelerar el final de la dinastía. Cixi murió ese mismo año y la república fue proclamada apenas tres años después. Sus tímidas reformas en las finanzas y la administración, así como en el estamento militar no servirían para detener el imparable deterioro de la imagen del emperador, cuya autoridad, más teórica que real en este momento, llevaba siendo abiertamente contestada tanto dentro como fuera de China.

Cabe decir que la película de Bertolucci, dejando aparte ciertas licencias fantásticas (la más recordada la del grillo del emperador, que permanece vivo en su caja durante nada menos que seis décadas), se ajusta bastante a lo que sucedió en realidad. No es para menos, teniendo en cuenta que el director consiguió filmarla en la mismísima Ciudad Prohibida. Este inmenso complejo amurallado de palacios, santuarios y jardines de Beijing, construido por los emperadores Ming a principios del siglo XV, fue la prisión de lujo en la que debió vivir el depuesto Pu Yi.  La proclamación de la República tras la revolución de 1911 no se llevó a cabo sin antes alcanzar un acuerdo de compromiso mediante el cual el emperador-niño podía residir en la mitad norte de la Ciudad Prohibida y disfrutar de todos los honores correspondientes a su dignidad (así como la percepción de una generosa suma anual) a cambio de su abdicación, efectiva el 12 de febrero de 1912. Pu Yi creció así entre cortesanos, concubinas y eunucos, rodeado de más pompa y boato que una persona tan joven pueda asimilar, y al mismo tiempo sometido a las más rígidas normas de protocolo y privado de ver a su familia  más que en contadas ocasiones. Un ambiente, podemos deducir, poco recomendable para el desarrollo físico y emocional de un niño.

Pero esta situación no duraría eternamente. La nueva república se deterioraría irremediablemente al acumular poder el general Yuan Che-Kai en detrimento del Kuomintang, el partido nacionalista chino impulsor de la revolución. La segunda década del siglo XX chino contempla un proceso muy similar al de otros momentos de la historia de este país, en el que un débil y deslegitimado poder central apenas puede hacer nada frente a la proliferación de señores de la guerra que controlan sus respectivas provincias al sur y al oeste del país. Estos señores de la guerra tendrían una influencia decisiva en el devenir de Pu Yi, pues uno de ellos, el pro-monárquico general Zhang Xun, le repuso como emperador durante apenas una semana en julio de 1917 (un aspecto, por cierto, que no recuerdo que figurara en la película) y otro, Feng Yu Hsiang, le expulsó de la Ciudad Prohibida en 1924. Era la primera vez que Pu Yi salía de este complejo en 16 años, y no volvería a él hasta varias décadas después como un visitante más.
Anversos de dos monedas xuantong tong bao (1909-11) correspondientes
al reinado de Pu Yi. La de la izquierda es fundida y la de la derecha producida
con maquinaria de acuñación. Son de reducidas dimensiones (aprox. 18 mm)

Reginald Johnston, el tutor británico encarnado por Peter O'Toole en el film (aunque su papel debía ser en realidad el de intermediario entre el gobierno británico y lo que quedaba de institución imperial, sí que enseñó al joven emperador a hablar inglés y a desarrollar una sincera fascinación por todo lo occidental), ayudó a Pu Yi a escapar a la sede diplomática japonesa en Beijing. Más tarde se trasladaría a Tientsin en la costa, dentro de la zona de influencia japonesa. Allí se dedicaría, además de desarrollar una activa vida social junto con sus dos esposas, a idear la forma de volver al trono.

En 1931 los japoneses invadieron Manchuria y crearon el estado de Manchukuo como forma de preservar sus intereses en el norte de China. Un estado-títere necesitaba un emperador-títere y Pu Yi aceptó entusiasmado este papel, no en vano, llevaba años dependiendo en todos los sentidos del Imperio del Sol Naciente. En 1934 fue coronado emperador, aunque si albergaba alguna esperanza de dirigir algo parecido a un gobierno independiente pronto se desvaneció la idea, pues los japoneses se encargaron de tomar todas las decisiones por él. Uno de los pocos aspectos en los que no se salieron con la suya, parece ser, fue en el de la elección de esposa. La emperatriz Wang Jung (conocida como Elizabeth), presa del desdén con el que su marido la trataba y una irrefrenable adicción al opio, perdió completamente el juicio durante este segundo reinado y fue apartada de la corte. Los japoneses presionaron a Pu Yi para que contrajera matrimonio con una candidata japonesa pero él siempre insistió, de acuerdo con sus costumbres ancestrales, en casarse con una mujer manchú, cosa que hizo en 1937 aunque solo por el espacio de seis años hasta el fallecimiento de ésta en extrañas circunstancias.
Reversos de las monedas xuantong tong bao, con la marca de la ceca en manchú.
La de la izquierda corresponde a Beijing y la de la derecha a Guangzhou

Los rusos, que invadieron Manchuria en los días postreros de la Segunda Guerra Mundial, hicieron prisionero a Pu Yi en 1945, permaneciendo bajo su custodia hasta 1949. Durante este tiempo fue bien tratado por las autoridades soviéticas, conscientes de que podía serles útil. De hecho, en 1946 testificó en Tokio contra criminales de guerra japoneses sin ningún reparo, seguramente regocijado ante la idea de vengarse por el trato denigrante recibido como emperador títere. Tras la llegada al poder de Mao Zedong fue devuelto a las autoridades chinas, internado en una prisión y sometido a varios años de "reeducaciòn" que lo convirtió en un ciudadano más de la República Popular China a partir de 1959. Trabajó como jardinero en el Jardín Botánico de Beijing, y su vida no fue todo lo anónima que podríamos suponer puesto que las autoridades siguieron utilizándole para diversos fines o inmiscuyéndose en su vida privada: en este sentido, escribió su autobiografía "animado" por el gobierno, que le organizó su última boda con una mujer llamada Li Shu-Hsien en 1962. Era la primera vez en la historia que un emperador manchú contraía matrimonio con una china. Murió en 1967 de cáncer renal y anemia cardíaca en medio de la Revolución Cultural impulsada por el todopoderoso líder Mao.

Moneda china de cobre de principios del s. XX emitida
a través de maquinaria de acuñación
Las monedas cash de Pu Yi reflejan a la perfección la crisis en la que estaba sumido el país a su llegada el trono, una crisis que no era sino herencia de un largo siglo de decadencia. El modelo monetario de la dinastía Qing fue, al igual que el de las dinastías que le precedieron, el de los símbolos tong bao (moneda en circulación) en el anverso a derecha e izquierda, acompañado del título imperial arriba y abajo. La aportación Qing a la historia numismática china fue la inclusión del símbolo de la ceca en el reverso con caracteres chinos o manchúes. Durante el siglo XIX el coste de la producción de moneda llegó en ocasiones a ser mayor  que el de la cantidad de moneda emitida, lo que llevó al cierre de numerosas cecas, mientras que las que continuaron emitieron piezas por lo general pequeñas y de mala calidad. A finales de siglo tuvieron lugar intentos de introducir maquinaria occidental para la producción que moneda que sustituyera a las antiguas técnicas de fundido, pero ciertas dificultades técnicas como la dificultad de reproducir el agujero central cuadrado de forma correcta, unidas al excesivo coste que acarreaba el empleo de la nueva tecnología llevaron a las autoridades monetarias a abandonar la idea en muchos casos. Aún así, durante los años de cambio de siglo se pusieron en circulación piezas de cobre fabricadas mediante maquinaria de acuñación importada con nuevos diseños y sin el agujero central, que anunciaban el final de un modelo milenario.  

Las monedas Xuantong tong bao correspondientes al breve reinado de Pu Yi no son de las más abundantes  pero en ningún caso difíciles de encontrar, con la peculiaridad de que podemos descubrir piezas fabricadas a la antigua (es decir, a través del fundido en moldes) y mediante máquinas de acuñación. No fueron estrictamente las últimas monedas tipo cash, pues la nueva república utilizó este modelo de forma muy breve, pero sí las últimas emitidas en nombre de un emperador. Un emperador que tuvo varias oportunidades para reinar ninguna para gobernar. 



Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue. David Hartill, published by Trafford, Victoria (BC) Canada, 2005
Moreno García, J. La China del siglo XX, Akal Historia del Mundo Contemporáneo, 1994
http://www.elmundo.es/magazine/m1/textos/emperador1.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Puyi



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