martes, 30 de agosto de 2016

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VII): GRECIA

Billete de 10 dracmas de 1940, con busto de Deméter, diosa
de la agricultura
Hace poco tuve el placer de hacerme con un par de billetes griegos emitidos en 1940, en los umbrales de la II Guerra Mundial. Me llamaron la atención por su semejanza a los notgeld o billetes de emergencia alemanes con un toque inequívocamente helenístico como podéis apreciar en las imágenes. No me sorprendió darme cuenta al analizarlos más de cerca que eran de fabricación germana, tal y como se indica en la parte inferior de su reverso. Lo que sí me sorprendió fue averiguar que al poco tiempo de su emisión se desencadenó una terrible hiperinflación cuyas causas se hallan en la traumática participación de Grecia en la guerra contra las potencias del Eje.

Desde 1940 Grecia había estado en el punto de mira de Mussolini dentro de sus planes de convertir a Italia en una potencia mediterránea. Si en 1936 quiso demostrar al mundo su poderío militar en la Guerra Civil española, a partir de 1939 sus ambiciones se trasladaron al Mediterráneo oriental. Tras la invasión de Albania, le tocó el turno a Grecia que, para desgracia de los italianos, no se resignaba a ser un país satélite. El intento de invasión de 1940 fue repelido con éxito lo cual supuso tanto para Mussolini como para sus aliados del Eje un golpe considerable en un momento en que sus éxitos militares parecían no tener fin. En Abril de 1941, pocos meses antes de la invasión de la Unión Soviética, Hitler quería asegurarse el flanco sur, lo que requería el sometimiento de Grecia: ya no se trataba de un capricho de Mussolini sino de un objetivo estratégico de los alemanes. La invasión del país por parte del Eje fue consumada a finales del mes, cuando las tropas italo-alemanas ocuparon la ciudad de Atenas frente a la tenaz pero insuficiente resistencia de unas tropas griegas asistidas por un limitado número de efectivos británicos.
Reverso de billete de 20 dracmas dde 1940, con la imagen
inconfundible del Partenón

Es en este contexto donde podemos encontrar el origen de la hiperinflación que motiva la entrada de hoy. Grecia, que había sido una economía próspera hasta 1940 (con un superávit en sus cuentas de 271 millones de dracmas en 1939) tuvo que hacer frente a una guerra en total inferioridad, a unas fuerzas de ocupación cuya única preocupación era el saqueo sistemático de los bienes del país y a una guerra de guerrillas contra los invasores que profundizó aún más la destrucción vivida. El gobierno títere responsable de la administración de las finanzas helenas tuvo que hacerse cargo del mantenimiento de las tropas del Eje estacionadas lo que, unido a la destrucción de la flota mercante nacional (una de las principales fuentes de ingresos del país), la desconexión de sus vías marítimas y la destrucción de una parte considerable de sus cosechas a causa de las acciones militares sumió a la economía griega en la ruina total. Ante la imposibilidad de acceder a los mercados de deuda y la reducción drástica de su base impositiva, el gobierno griego recurrió a lo poco de que disponía para financiarse: la emisión de dinero. La hiperinflación estaba servida.

Anverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

Esta hiperinflación comenzó oficialmente en Octubre de 1943 y alcanzó su punto álgido en Octubre de 1944, momento en que se situó en el 13.800 % mensual (17,9 % diario) y los precios necesitaban 4,27 días para doblarse. Históricamente se trata de la quinta inflación más alta de la historia contemporánea, por detrás de Hungría en 1946, Zimbabwe en 2009, Yugoslavia en 1992 y Alemania en 1922-23, casos todos ellos comentados con anterioridad en este blog. El billete de más alto valor facial que se llegó a emitir fue el de 100 billones de dracmas (un 1 seguido de once ceros) sin que en ningún momento se perdiera el gusto por los motivos clásicos. Es el caso del billete que podéis ver en las imágenes de 2 billones de dracmas (2 seguido de nueve ceros) que presenta en su anverso un interesante conjunto escultórico correspondiente al friso del Partenón.

Reverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

En Noviembre de 1944 las tropas alemanas abandonaron Grecia ante el avance de los soviéticos en Europa del este, lo que puso punto final a una brutal ocupación de más de tres años. El gobierno en el exilio regresó de inmediato para tratar de estabilizar la economía y devolver dentro de lo posible la normalidad al país. Una de sus primeras medidas consistió en hacer frente a la hiperinflación revalorizando el dracma de 50.000 millones a uno. La estabilización de los precios fue de las pocas medidas económicas exitosas del nuevo gobierno, ya que la revitalización productiva del país fue imposible en un contexto en que a la guerra mundial todavía en marcha habría que sumar una guerra civil que retrasaría unos años más su normalización política y económica. Pese a formar parte del bando vencedor, Grecia fue de las naciones peor paradas: al terminar la contienda, tres cuartas partes de su flota mercante estaban destruidas, con sus conexiones marítimas cortadas, alrededor de 2.000 poblaciones arrasadas y una disminución de un 25 % en su superficie cultivada. A todo ello hay que añadir la paralización de la importación de grano, que tuvo como consecuencia el padecimiento de hambre por parte de la población. Si las hiperinflaciones son en general experiencias para olvidar, el caso griego tuvo lugar en un contexto especialmente lamentable y doloroso. 




viernes, 5 de agosto de 2016

MONETA PATRIOTTICA

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1848 de 3 liras
Dentro de los billetes antiguos, de los que me declaro un auténtico apasionado, el que comparto hoy es ciertamente especial. Cualquier artículo numismático antiguo, sea en metal o en papel, tiene algo de especial, simplemente por resistir el paso del tiempo, por ser testigo mudo de épocas que ya nadie puede recordar, o por reflejar las circunstancias políticas o económicas del momento en que fue emitido. No obstante, los billetes de hoy son producto de un momento crucial en la Historia de la humanidad, que marca un antes y un después en el siglo XIX europeo: 1848.

Se trata de la moneta patriottica de Venecia, emitida bajo el mandato de uno de los iconos (aunque no de los más conocidos) del movimiento por la unificación italiana: Daniele Manin. A medida que se iba acercando la mitad del siglo XIX las potencias europeas se daban cuenta de que mantener el statu quo establecido tras el Congreso de Viena de 1815, basado en el absolutismo como forma de gobierno, se hacía más complicado. Los movimientos liberales, combinados con nacionalismos de nuevo cuño y un incipiente movimiento obrero se iban abriendo paso entre diferentes capas de la población. Factores como los avances tecnológicos (especialmente la invención del ferrocarril), el fenómeno de la industrialización y la fluidez del comercio facilitaban la difusión de las ideas liberales, que propugnaban la soberanía nacional, la división de poderes y la igualdad ante la ley. 

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1 lira
En aquellos momentos, liberalismo y derechos de las nacionalidades eran conceptos estrechamente unidos. Salvo en contadas excepciones como la francesa, estado (como organización política territorial) y nación (como sentimiento de pertenencia a una comunidad) no coincidían por lo general. Algunos estados como el Imperio Austriaco o el Imperio Ruso eran plurinacionales y ciertas nacionalidades, como la polaca, se repartían entre varios estados. En el caso de Italia la fragmentación era consecuencia de las decisiones tomadas tras el Congreso de Viena: Austria tenía la región del Lombardo-Véneto bajo control directo y los ducados de Parma, Módena y Toscana bajo su influencia. Los estados pontificios y Nápoles-Dos Sicilias eran independientes pero tendentes a respetar el orden establecido. Las esperanzas de unificación se centraban pues en el estado de Piamonte-Cerdeña al noroeste, monarquía de tendencias liberales con un peso demográfico, económico y militar capaz de impulsar una empresa de estas características. Pensadores como Mazzini defendían que la única manera en que los ciudadanos podían alcanzar un régimen de libertades era a través de su concienciación como nación, pues solo así se librarían de la opresión de potencias externas o de gobiernos absolutistas.

1848 fue el año en que todas las tensiones latentes entre absolutismo y liberalismo se manifestaron en el continente europeo, pero no puede decirse que fuera un hecho inesperado. En la península italiana el movimiento político y  cultural conocido como Risorgimento llevaba décadas gestándose, y sociedades como los carbonarios defendían simultáneamente reivindicaciones liberales con la idea de una Italia unida. Aunque las tendencias políticas y los medios a utilizar podían diferir, los patriotas italianos tenían una idea muy clara: Austria era el freno a todas sus aspiraciones.

Reverso del billete de 3 liras
Venecia, y por extensión toda la región del Lombardo-Véneto, era la ejemplificación de esto último. La antigua Serenísima República había quedado anexionada a Austria tras el Congreso de Viena, y sus demandas de autonomía no habían sido escuchadas. Venecia no había sido ajena a las influencias liberales y nacionalistas, de tal forma que sus habitantes, descontentos con la ocupación austriaca, decidieron subirse al carro revolucionario de 1848 para reafirmar su independencia de Austria primero y su adhesión al movimiento unificador italiano después.

La difícil tarea de enfrentarse al gigante centroeuropeo recayó en Daniele Manin, abogado, intelectual y activista por la unificación italiana y el final de la tutela austriaca. Tras una serie de éxitos iniciales durante la primavera de 1848  en los que consiguió liberar Venecia y la mayor parte de las provincias del interior, una serie de errores de cálculo (como por ejemplo la falta de reacción ante la huida de la flota austriaca o la incapacidad de formar un ejército local más allá de milicias voluntarias) unidos a la falta de coordinación con las demás fuerzas italianas partidarias de la unificación llevó a la nueva república veneciana de San Marcos a pasar a la defensiva primero  y a protagonizar una resistencia agónica después. Venecia era muy dependiente de la asistencia externa, especialmente del reino de Piamonte-Cerdeña, que en aquel momento trataba de liderar el movimiento de unificación de todos los estados de la península. No obstante, las diferencias entre los distintos soberanos acerca de la fórmula de gobierno para una eventual Italia unificada imposibilitaron un acuerdo en este sentido, dejando al Piamonte literalmente solo frente a Austria. Pese a que la asamblea veneciana votó mayoritariamente a favor de la unión con Piamonte en Agosto de 1848, esto no fue más que un acto simbólico porque el reino sardo, que había sufrido severas derrotas militares, solo buscaba una paz honorable con Austria, lo que implicaba desentenderse de Venecia. Tras un largo y agónico asedio, acompañado de infructuosas negociaciones, Manin entregó la ciudad a los austriacos en Agosto de 1849, y partió al exilio a Francia.

Detalle del sello del reverso
Durante este breve periodo, lleno de incertidumbre y con la amenaza constante de quiebra financiera, se estableció un Banco de Venecia con la ayuda de banqueros y empresarios locales en Julio de 1848. Esta institución contaba con un capital de 4 millones de liras y la autorización de emitir papel moneda para la circulación, concretamente billetes de 1, 2, 3, 5 y 100 liras. Esta moneta patriottica presenta un atractivo diseño, pese a las circunstancias de emergencia en la que fue emitida. Dos de estos billetes pueden verse en la entrada de hoy. El de 1 lira muestra un borde profusamente ornamentado, coronado con el león de San Marcos y el escudo del ducado de Milán, integrando así la parte lombarda en el conjunto. El de 3 liras, por su parte, refleja unos fabricantes de moneda (a modo de querubines sin alas), uno portando las herramientas necesarias (cuño y martillo) y el otro la báscula, flanqueados por los escudos de Venecia y del ducado de Milán. Los reversos están desprovistos de diseño alguno, pero cuentan con el sello del banco (controleria) que contiene, de nuevo, el león de San Marcos, símbolo por excelencia de la ciudad. 


La revolución de 1848 se saldó con un fracaso para los partidarios de la unificación, pero como reza el dicho popular, no importa tanto cómo comienza algo, sino cómo termina. Puede decirse que estas jornadas supusieron un ensayo general para una revolución que pocos años más tarde iba a desembocar, esta vez sí, en una auténtica unificación italiana. Manin no pudo presenciar este momento, pues falleció en París en 1857, pero logró asegurarse un hueco preeminente en la historia de Italia como uno de los que la hizo posible. 

Renouvin, P. Historia de las Relaciones Internacionales, AKAL (2ª Edición), Madrid 1990


jueves, 21 de julio de 2016

MONEDAS SUPERSTICIOSAS

Moneda zhou yuan tong bao
(Cast Chinese Coins, D. Hartill)
Las supersticiones, creencias irracionales que atribuyen con carácter mágico o sobrenatural a determinados hechos u objetos, han sido y son inherentes a la naturaleza humana: gatos negros, sal derramada, escaleras bajo las cuales no debemos cruzar... la búsqueda de antídotos a estos supuestos malos augurios ha llevado al ser humano a idear todo tipo de talismanes que lo protejan de la fatalidad. Las monedas, con su fuerte carga simbólica de poder y riqueza, han sido utilizadas en ocasiones para estos fines. En este sentido, China posee una larga tradición de uso de sus monedas como amuletos, como veremos a continuación. 

Una de las monedas cash a la que se han atribuido más poderes sobrenaturales ha sido a la zhou yuan tong bao, de mediados del siglo X, dado que para producirlas fue supuestamente empleado el metal fundido proveniente de estatuas de templos budistas. El budismo comenzó a introducirse en China a partir del siglo II d.C., coincidiendo con el final de la era Han. En relativamente poco tiempo comenzó a ganar adeptos, lo cual no era de extrañar. El orden social defendido por el confucianismo se vio verdaderamente en entredicho durante la crisis de los siglos III al VI, caracterizados por la fragmentación y el conflicto. Una religión más espiritual como es el budismo, que propugna la salvación del alma a través de sucesivas reencarnaciones resulta más atractiva a una población atribulada por calamidades terrenales. 

Kangxi tong bao (1662-1722)
El budismo vive en China su apogeo durante la era de la dinastía Tang (618-907 d.C.), donde llegó a gozar del favor imperial en forma de ventajas fiscales, donaciones de tierras o construcción de templos. La emperatriz Wu Zetian, que dirigió los destinos de China entre 683 y 705 (aunque en realidad comenzó mucho antes a hacerlo a través de su marido el emperador Gaozong) lo convirtió en religión de estado. Pese a ser una religión muy adaptable a otras creencias y costumbres, esta acumulación de poder y riqueza sin precedentes ocasionó tensiones con otras creencias locales, especialmente con el taoismo, así como con el poder central. De esta manera, el emperador Wuzong prohibió a mediados del siglo IX las religiones no chinas como el budismo y ordenó confiscar todo el bronce de los templos budistas para emplearlo en la producción de moneda. 

Un siglo después, caída en desgracia la dinastía Tang y en un periodo conocido en China como la época de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos, el emperador Shi Zong de la dinastía Zhou Posterior llevó a cabo una medida similar. A partir de 955 ordenó la producción de las zhou yuan tong bao (que puede traducirse como primera moneda Zhou) a partir del bronce confiscado a miles de templos budistas. Para este fin, numerosas estatuas fueron fundidas, un hecho que sirvió para atribuir a estas monedas poderes especiales, sobre todo en la curación de enfermedades y en la asistencia en los partos. Como nos podemos imaginar, esta moneda fue extensamente reproducida más allá de su tiempo, lo que hace que muchas veces sea difícil distinguir las zhou yuan originales de las copias modernas. 

Qianlong tong bao (1736-1795)
El otro ejemplo de moneda ligada a supersticiones se encuentra mucho más adelante en la historia china, concretamente en el periodo de la dinastía Qing, la última que llevó las riendas del imperio entre los siglos XVII y XX. Se trata de unas peculiares espadas consistentes en monedas cash ligadas entre sí y a una barra metálica de aproximadamente medio metro de longitud. Estos objetos se utilizaban como regalo de boda porque según la tradición traían salud, felicidad y ayudaban en la obtención de descendencia. Para confeccionar estas espadas se utilizaron monedas emitidas durante los reinados de Kangxi (1662-1722) y su nieto Qianlong (1736-1795), puesto que la larga duración de estos reinados se asociaba en general con la buena salud. A diferencia de las zhou yuan tong bao no se utilizaron como moneda en circulación o unidad de medida, sino más bien como objeto de adorno en el hogar o en el lugar de trabajo.

¿Conocéis más ejemplos de supersticiones unidas a monedas? Si es así, no dudéis con compartirlas en este espacio. ¡Gracias de antemano! 

Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005
Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991
Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999
Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

lunes, 11 de julio de 2016

LOS "DOBLES" DE GUERNSEY

Reversos de monedas de 1 y 8 doubles de Guernsey
Hace algún tiempo dedicamos un espacio a las monedas de la mayor de las llamadas "Islas del Canal", Jersey, que hace alrededor de 200 años configuraba un peculiar sistema monetario con el 13 como número de referencia. Hoy por fin desviamos nuestra atención hacia la otra isla, Guernsey, cuyo recorrido ha sido paralelo al de Jersey en muchos sentidos, pero siempre con las particularidades que cabe suponer a una dependencia de la Corona británica. 

Las dependencias de la Corona, como Guernsey, Jersey o la Isla de Man en el Mar de Irlanda poseen un estatus especial, pues actúan en gran medida como países independientes aunque bajo soberanía británica. Gran Bretaña se encarga (además de proporcionar la jefatura del estado) de su defensa y su representación internacional, amén de reservarse el derecho a legislar sobre asuntos comunes. Por lo demás, estos territorios poseen sus propias instituciones (gobierno, parlamento y sistema judicial) configurando un sistema de gobierno más descentralizado que el de cualquier federación. 

Al igual que en el caso de Jersey, la posición geográfica siempre ha marcado el devenir político y económico de Guernsey. Estas islas son el último vestigio de la presencia inglesa en el norte de Francia, o, mejor dicho, de la estrecha y convulsa relación que marcó a ambos reinos durante la Baja Edad Media. Vinculadas a Inglaterra desde 1066, año en que el duque Guillermo de Normandía derrotó al rey Harold en la batalla de Hastings, esta relación se mantendría aún después de la separación de 1204. La posición estratégica de estas islas, puerta del Atlántico y más cercanas a Francia que a Gran Bretaña, les proporcionarían tanto inconvenientes como ventajas. Los inconvenientes pueden encontrarse sobre todo en el plano de las relaciones internacionales, pues se trata de territorios alejados de los centros de poder, y por tanto muy vulnerables en caso de conflicto entre las dos grandes potencias a uno y otro lado del Canal (tres, en el caso de la Segunda Guerra Mundial). Sin embargo, una posición geográfica de estas características reportaba también ventajas, sobre todo en el terreno económico, pues abría las puertas a los beneficios del comercio ultramarino. Este hecho, unido a la amplia autonomía que estas islas tenían para decidir sobre sus asuntos, incrementaba en gran medida sus posibilidades de crear riqueza. 

Anversos de monedas de 1 y 8 doubles de Guernsey
Su moneda, un aspecto en el que Guernsey gozó de total autonomía hasta el siglo XX, fue (al igual que en el caso de Jersey) un ejemplo de la influencia francesa en la economía local. De hecho, a principios del sigo XIX la livre (y el franco a partir de 1795) era la moneda predominante y de curso legal en la isla. Alrededor de 1830, la cantidad y calidad de las monedas francesas en Guernsey había descendido considerablemente, hasta el punto de plantearse las autoridades locales la emisión de moneda propia. Así, haciendo uso de su poder de decisión, estas autoridades adoptaron la libra, pero no la esterlina, lo que hubiera supuesto un recorte considerable de su autonomía, sino una libra propia basada en los patrones franceses.  

Las monedas de cobre, como las que veis en las imágenes, serían los doubles, cuyo nombre viene del double denier francés pese a que el valor real del double de Guernsey era de tres deniers. Estas monedas, emitidas a partir de 1830, se asemejaban en gran medida a los peniques británicos y sus divisores: los 8 doubles equivaldrían al penique, los 4 doubles al medio penique, los 2 doubles al farthing y el double al 1/2 farthing. No obstante, esta equivalencia no era tal, pues la libra de Guernsey tenia un valor ligeramente inferior al de la libra esterlina, ya que tomaba al franco francés como referencia. Por ejemplo, un chelín (recordemos, la vigésima parte de la libra) de Guernsey equivalía a 1,2 francos franceses, mientras que el chelín de la libra esterlina equivalía a 1,26 francos. Con respecto a la moneda francesa, la equivalencia era redonda: un double equivalía a 1/80 de franco, por lo que el penique de Guernsey (es decir, su moneda de 8 doubles) tenía el mismo valor que la de 10 céntimos de franco. 

A partir de 1870 las monedas de Gran Bretaña pasaron a ser de curso legal en Guernsey, momento en que se constataron las diferencias en valor entre la libra esterlina y la de Guernsey. Un chelín británico, que equivalía a 12 peniques, valía 12 peniques y medio de Guernsey, es decir, 12 monedas de 8 doubles y una de 4. El mayor valor del penique británico, sin embargo, no tenía gran relevancia en las transacciones rutinarias. En la práctica solo se tomaban en consideración estas diferencias en transacciones de mayor cuantía económica. 

Parecido no es lo mismo: de izda. a dcha., el penique de Guernsey,
el penique británico y los 10 cts. franceses coetáneos
 

La caída del valor del franco tras la Primera Guerra Mundial llevó a Guernsey a ligar su libra a la esterlina, desvinculándose de forma definitiva de la divisa francesa. Para aprovechar las grandes cantidades de doubles emitidas, se igualaron todas las monedas por debajo de un chelín, de tal manera que los peniques de Guernsey quedaban equivalentes de hecho y de derecho a los peniques británicos. Para los valores por encima de un chelín se estableció un cambio de 21 chelines de Guernsey por libra esterlina, en lugar de los 20 habituales.

La historia del double continuó hasta 1971, año de la decimalización de la libra. Hasta ese momento se habían seguido utilizando las monedas de 8 y 4 doubles, pues las de 2 y 1 habían quedado virtualmente sin valor. Hoy día Guernsey emite sus propios billetes y monedas de libra esterlina a la manera de Escocia, Irlanda del Norte o la Isla de Jersey, último reducto de su autonomía en asuntos monetarios. En cualquier caso, en su historia numismática quedará siempre la singular trayectoria del double, heredero de la Livre Tournois, la moneda francesa que presenció la Revolución de 1789.  

viernes, 24 de junio de 2016

MONEDAS CASH DE LA EDAD MEDIA (III)

Como he comentado recientemente, tengo desde hace dos meses el honor de colaborar con la revista Numismático Digital con un artículo mensual. El tema escogido para los próximos meses es la historia de la moneda cash china, asunto al que he dedicado numerosos espacios en este blog. El próximo artículo, del cual os presento unas pinceladas en la entrada de hoy, tratará de la transición entre la Edad Antigua y la Edad Media, que en China tuvo lugar aproximadamente 200 años antes que en Europa. Se trata de un periodo de cuatro siglos ciertamente complejo, en el que la inestabilidad y la división dominan el territorio del antiguo imperio Han, por lo que pido disculpas de antemano por las más que probables confusiones que esta lectura pueda generar. No obstante, como siempre hago en estos casos, he intentado sintetizar este fascinante periodo (que en cierto sentido guarda algunos paralelismos con el final de la antigua Roma) dividiéndolo en tres épocas, como veremos a continuación. 


Mapa aproximado de las zonas controladas por
los reinos de Wei, Han y Wu (wikipedia)
El final de la era Han (206 a.C. - 220 d.C.) se caracteriza por un deterioro progresivo del prestigio del poder imperial frente a oligarquías locales (que en muchos sentidos se comportan como soberanos en los territorios que controlan), las intrigas palaciegas entre familias influyentes y el poder en ascenso de los eunucos. En la última década del siglo II d.C. una serie de catástrofes naturales unidas al empobrecimiento general del campesinado condujeron a la llamada "Revuelta de los Turbantes Amarillos", en la que sus líderes combinaron la reivindicación social con un milenarismo de tipo religioso que desembocó en episodios de extrema violencia. En un contexto como este el estamento militar adquirió peso, convirtiéndose en auténticos señores de la guerra capaces de dominar al emperador a su antojo. A principios del siglo III tres de estos militares controlaban porciones significativas del Imperio Han: Cao Cao el norte, Sun Quan al sur y Liu Bei en el Sichuan al suroeste.

EL primer periodo comienza en 220 con la confirmación de la fragmentación del territorio y la pérdida de relevancia de la figura del emperador Han: es la llamada "Era de los Tres Reinos", Wei al norte dirigido por Cao Cao y sus sucesores, Wu al sur y Shu-Han en Sichuan al suroeste. Tanto Wei como Shu-Han pretendían formar estados militares basados en la tradición legista, es decir, caracterizados por una fuerte centralización y una burocracia efectiva. Wu, sin embargo, estaba gobernado por una confederación de las familias más poderosas del valle del Yangzi, aunque conoció un desarrollo comercial considerable, pues abrió numerosas rutas marítimas que conectaban su capital Nanjing con Taiwan y el sureste asiático. Wei, el estado más poderoso en términos económicos, militares y de población fue el que se impuso a los otros dos unificando China bajo la dinastía Jin en el 280 d.C.

Moneda Zhi Bai Wu Zhu por valor de
100 cash del reino de Shu (Early
World Coins, R. Tye)
Esta unificación, sin embargo, no duraría mucho tiempo, pues el estado Jin sufrió aumentados los problemas que habían terminado con los Han unas décadas antes, concretamente el excesivo poder que acaparan las familias cercanas al emperador (que podían nombrar a sus propios funcionarios y mantener sus milicias) en detrimento de las autoridades centrales. Los intentos por reforzar la autoridad central, como la aprobación de un nuevo código penal o la limitación de la extensión de las grandes propiedades, fueron inútiles y tras la muerte en 290 de Sima Yan, fundador de esta dinastía, se sucedieron las luchas de poder, que darían lugar a un periodo especialmente convulso en el que no quedará ni rastro de cualquier poder central. A principios del siglo IV la antigua China de los Han queda de facto dividida entre las dinastías del norte y las del sur de la cuenca del Yangzi.

Durante este primer periodo los reinos conservaron en circulación las antiguas piezas wu zhu (recordemos, cinco zhu de peso, unos 3,2 grs.) combinadas con piezas meramente fiduciarias y dinero-mercancía. Seguramente el reino de Wei fue el que más fiel se mantuvo a la tradición wu zhu, mientras que los reinos de Wu y Han-Shu optaron por la emisión de piezas de mayor valor facial (en los cientos o miles de cash) probablemente con el fin de hacer frente a tendencias inflacionistas y satisfacer necesidades fiscales. No obstante, nos adentramos en una era de continua inestabilidad monetaria y financiera, con un circulante escaso, desprestigiado y sobrevalorado que en muchos casos deberá competir con el empleo de dinero-mercancía, principalmente tela, seda y cereales. Cabe resaltar, sin embargo, un hecho de gran relevancia en la historia numismática china: en sus monedas de 100 el reino de Shu introdujo los caracteres "tai ping" arriba y abajo del anverso, que hacían referencia al año o época de emisión. Este modelo se retomaría a partir del año 618 de forma continuada hasta el siglo XX de nuestra era. 

EL segundo periodo, de mayor confusión todavía, se abre tras la caída de la dinastía Jin. Tanto el norte como el sur de China presenciaron una fragmentación sin precedentes del territorio, aunque con características particulares en uno y en otro caso. En el sur se suceden varias dinastías cuyo poder normalmente está limitado por las grandes familias aristocráticas de la cuenca del Yangzi. En efecto, los Jin consiguieron en 317 establecer un reino con capital en Nanjing inaugurando el periodo de la llamada dinastía Jin del este. Este reino logró resistir las presiones de sus hostiles vecinos del norte así como dar cabida a miles de refugiados que huían de zonas en constante conflicto. Conseguieron además a lo largo del siglo IV desarrollar las redes comerciales que tanto beneficiaron al antiguo reino de Wu, pero la inestabilidad política marcaría su devenir con la sucesión de varias dinastías: Song, Qi, Liang y Chen. En el norte, coexistían y se sucedían numerosos estados, muchos de ellos fundados por los llamados "bárbaros sinizados" provenientes de pueblos con los que los antiguos Han mantenían constantes tensiones en las zonas fronterizas del imperio: los xiongnu, los qiang y los xianbai entre otros. Para hacernos una idea de la extrema fragmentación que vive esta parte de China, baste decir que el periodo comprendido entre comienzos del siglo IV y mediados del siglo V pasará a la Historia como "Era de los 16 Reinos". Durante este periodo cualquier idea de unidad es enterrada ante el empuje de numerosas familias aristocráticas de carácter endogámico y fuertemente jerarquizadas, en constante tensión entre sí y que únicamente aspiran a consolidar el mayor tiempo posible los territorios que controlan.

Moneda Yong An Wu Zhu "tranquilidad
eterna" del reino de Wei del Norte
 (Early World Coins, R. Tye)
El reino de los Wei del Norte, fundado por una rama de las tribus xianbei conocidos como los toba o tuoba, consiguió dominar todo el norte de China con la ayuda de los Jin del este en el año 440. Los dirigentes toba poco a poco hicieron suyos el derecho y las tradiciones chinas, olvidando su pasado nómada, y gracias al desarrollo económico y comercial que experimentó su reino durante el siglo V gracias a la recuperación del control de la Ruta de la Seda ganaron en sofisticación. El proceso de asimilación de la cultura china fue tan profundo que a partir del 530 volvieron a estallar las tensiones de la mano de unidades del ejército formadas precisamente por los descendientes de esas tribus nómadas que se sentían marginadas por parte de sus dirigentes. Vuelve así un periodo de división e inestabilidad que terminará con la reunificación definitiva bajo la dinastía Sui en 589. 

Aunque no ha llegado hasta nosotros mucha información acerca de los avatares monetarios de este periodo, nos podemos imaginar que estuvo marcado por una gran inestabilidad y confusión. Puede afirmarse de hecho que durante esta época los innumerables reinos chinos reincidieron en el deterioro y desprestigio de su circulante, conviviendo emisiones de dinastías anteriores, dinero-mercancía y nuevas piezas emitidas por algunas autoridades, normalmente de baja calidad y reducidas dimensiones. 

Solo a finales del siglo V y principios del siglo VI, tercera etapa de este recorrido y coincidiendo con un momento de expansión económica, las dinastías que gobiernan el norte y el sur de China se plantearán retomar la emisión en grandes cantidades de monedas wu zhu similares en peso y en apariencia a las de la era Han. Muchas de estas monedas conservan los caracteres wu zhu a derecha e izquierda e incluyen una leyenda con dos caracteres arriba y abajo del anverso, como podemos ver en el caso de arriba de la yong an wu zhu, en la que yong an se traduce como  "tranquilidad eterna".

Dos monedas wu zhu del siglo VI. Miden 23 mm y pesan poco más de 2 grs.
Destaca la anchura del borde, a diferencia de sus predecesoras.  

Al final del siglo VI dio comienzo el periodo de tres décadas de la dinastía Sui, marcadas por la reunificación de China bajo una dinastía. Yang Jiang, emperador de Zhou del Norte (uno de los reinos surgidos tras el colapso del reino Wei del Norte) consiguió hacerse con el poder en 581 tras un golpe palaciego. Se le recuerda por muchas razones, especialmente por lograr el control de todo el territorio chino en menos de diez años, tras aplastar primero a los ejércitos locales del norte y derrotar a la dinastía Chen en el sur en 589. 


Las medidas adoptadas por Yang Jiang iban encaminadas a lograr la estabilidad del nuevo imperio: rebajas de impuestos a campesinos empobrecidos y reparto de tierras, adopción de un sistema administrativo racional a semejanza del de los Han con departamentos organizados por áreas (justicia, finanzas, ejército, obras públicas) y reconstrucción de infraestructuras, como los tramos deteriorados de la Gran Muralla al norte. Como era de esperar, unificó el sistema monetario, víctima de una enorme división durante siglos, adoptando una moneda wu zhu semejante en diseño aunque ligeramente inferior en peso y tamaño en relación con la de los Han del siglo II a.C. Aún así, esta wu zhu tardía presenta unas características peculiares, la más significativa de ellas el borde más grueso que sus predecesoras. Además, la aleación utilizada contenía una considerable cantidad de estaño, lo que hace que estas monedas tengan una apariencia más blanca en color. 

Reverso de las monedas wu zhu del siglo VI
Puede decirse que es durante el siglo VI cuando se consigue volver a un volumen de emisión de moneda y unos niveles de calidad similares a los de la era anterior a la división de China. No obstante, esta época también simboliza el fin de la wu zhu como referencia monetaria, ya que la llegada de la dinastía Tang en 618 cambiará radicalmente y de forma permanente el concepto chino de circulante. 

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Scheidel, W. The Monetary Systems of the Han and Roman Empires, Priceton/Stanford Working Papers in Classics, Stanford University, February 2008
https://www.princeton.edu/~pswpc/pdfs/scheidel/020803.pdf

Catalog of Chines Coins in the British Museum - VII Century B.C. to A.D. 621. https://www.forumancientcoins.com/dannyjones/British%20Museum%20Books/Catalog%20of%20Chinese%20Coins%20in%20the%20British%20Museum%20-%20VIIth%20Cen.%20BC%20to%20AD%20621.pdf

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991


Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

sábado, 11 de junio de 2016

BLOQUES DE TÉ

Bloque de té de Mongolia, representando un taller (Odd &
Curious Money, C. Opitz)
A lo largo de la Historia, productos estimulantes o depresores han cumplido las funciones del dinero en diferentes partes del mundo. En este blog hemos dado buena fe de ello con artículos dedicados a los cigarrillos o a los granos de cacao, aunque también el alcohol o los granos de de café han sido utilizados en diferentes lugares como moneda de cambio. La entrada de hoy nos acerca a una forma de dinero muy extendida en diferentes partes de Asia hasta fechas relativamente recientes, que además contiene evidentes connotaciones religiosas, dada su relación con el budismo: los bloques de té.

Bloque de té de la China
comunista, anverso (Odd &
Curious Money, C. Opitz)
Efectivamente, no se trata de bolsas u hojas de té, sino de bloques similares en forma y tamaño a un ladrillo (de hecho, en inglés se utiliza el término brick para designarlos) o libro. La época en la que surgió no se conoce con exactitud, pero todo indica a que fue durante la primera mitad del siglo XIX, de forma continuada hasta bien entrado el XX. Su origen seguramente se sitúa en Tibet y Sichuan al sur de China y se extendió hacia Mongolia y Siberia al norte y Turkmenistan en Asia Central. Las razones del uso de esta peculiar forma de dinero-mercancía son las habituales en estos casos: se trataba de un bien preciado, muy ligado de hecho a la cultura budista, fácil de transportar (algo esencial para las culturas nómadas que lo empleaban), duradero, fácilmente divisible y podía consumirse en caso de necesidad, como veremos más adelante. 

Aunque puedo mostrar algunas imágenes prestadas del Odd and Curious Money de C. Opitz, lo mejor para hacernos una buena idea es explicar su proceso de elaboración. Básicamente, se secaban las hojas de té al sol, se arrancaban del tallo y se pasaban al vapor para su fermentación mientras se trituraban las ramitas. Esta mezcla, junto con otras hierbas, se compactaba dentro de un molde de metal rectangular antes de calentarlo en el horno. En el sur de China, además se añadían elementos aglutinantes como estiércol o sangre de toro para darle mayor compacidad. 

Reverso del bloque de te de
la China comunista, dividido
en 16 (Odd & Curious Money,
C. Opitz)
Los tamaños y pesos podían variar, pero por lo general se situaban en los 25 x 20 x 2,5 cm (10 x 8 x 1 pulgadas) y podían pesar 2,5 ó 5 libras (es decir, 1,1 ó 2,2 Kg.). Una apariencia oscura era deseable, porque indicaba mayor calidad en el té, por lo que es habitual que a muchos bloques se les añadiera hollín para mejorar su aspecto. En muchos casos, como podéis observar en las imágenes, el "anverso" (aunque casi es más indicado denominarlo "portada") presentaba diferentes diseños y el "reverso" dividía el bloque en varias porciones a modo de tableta de chocolate con el fin de facilitar la divisibilidad para pagos menores. Si se hacía necesario, se podía consumir como bebida o comida, de hecho en Sibería este té era muy apreciado por sus propiedades curativas de enfermedades pulmonares. 

¿Qué se podía adquirir con estos bloques de té? No es fácil establecer una tabla de valores en un contexto como éste, pero para hacernos una idea, con entre 2 y 5 bloques se podía adquirir una pipa y con 12-15 una oveja. Un caballo costaba 20 bloques y un camello entre 120 y 150. En Birmania un bloque equivalía a una rupia de plata y en Tibet a ocho tangkas. Este peculiar dinero-mercancía circuló hasta la II Guerra Mundial, tras la cual únicamente la China de Mao siguió produciéndolos como souvenirs. Sin duda, un interesante recuerdo para turistas de una forma de dinero adaptada a las necesidades de los pueblos nómadas de Asia central y oriental, culturas menguantes en un mundo cada vez más globalizado.  

Bloque de té chino (Odd & Curious Money, C. Opitz)

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991

http://www.nbbmuseum.be/en/2009/08/teabrick.htm

http://www.banknoteden.com/TeaBrick.html




martes, 31 de mayo de 2016

NOTGELD POLÍTICO

Billete de 50 pf. de Soltau (Baja Sajonia) que alude a las cesiones territoriales
alemanas. El texto reza: "Unidad, derecho y libertad para la patria alemana"
Como hemos tenido la ocasión de comprobar más de una vez, el dinero notgeld alemán trae consigo todo un legado histórico, social y cultural de su tiempo, que proporciona un valor añadido inestimable a cualquier colección notafílica. Este dinero reproduce paisajes (rurales o urbanos), acontecimientos históricos, conflictos sociales, leyendas locales, e incluso fenómenos hoy considerados deleznables como el antisemitismo. En la entrada de hoy me voy a detener brevemente en un hecho que también aparece reflejado en el dinero local, ya que tuvo un especial impacto en la Alemania posterior a la Gran Guerra: las cesiones territoriales. 

El proceso de unificación alemana marcó un hito en la segunda mitad del siglo XIX europeo, pues determinó las relaciones internacionales y el equilibrio de poder hasta la Primera Guerra Mundial. El arquitecto de la unificación, Otto von Bismarck, se basó durante la década de 1860 en una combinación de diplomacia y empleo de la fuerza militar para construir un nuevo estado a costa de Dinamarca, Austria y Francia. Los esfuerzos del Reich tras la unificación se centraron siempre en mantener este statu quo, bajo el temor permanente a un desquite de Francia, país especialmente afectado por la política de Bismarck.

La derrota alemana de 1918 puso un punto final definitivo a este frágil equilibrio, pues los tratados de paz confirmaban el sometimiento de los perdedores a las condiciones impuestas por las potencias aliadas. Una de las condiciones más duras seguramente fue la de las cesiones territoriales a los nuevos estados surgidos de la caída de los Imperios Centrales. Esta cuestión territorial no estuvo exenta de polémica y complejidad. Los vencedores trataron de aplicar el principio invocado por el presidente norteamericano Woodrow Wilson de libre autodeterminación de los pueblos, pero las nacionalidades estaban tan mezcladas (no hay más que fijarse en el ejemplo de Austria-Hungría) que en muchos casos resultaba inviable. Fue sin duda un buen ejemplo de cómo el idealismo choca en muchos casos con la realidad.  

Anverso del billete de Broager (Schleswig) de 1 marco alusivo al
referéndum de 1920,  con las banderas de los países supervisores

Un gran problema fue sin duda que el principio de autodeterminación se aplicaba únicamente en detrimento de los países derrotados. La creación de nuevos estados que fueran una expresión más o menos exacta de las numerosas nacionalidades que poblaban el centro y este de Europa implicaba un nuevo trazado de fronteras que supondría el desmontaje del Imperio Austro-húngaro y la pérdida de territorios alemanes. En el caso de la Alemania de Weimar, a la automática pérdida de Alsacia y Lorena en el oeste frente a Francia había que añadir la cesión de territorios en el este al nuevo estado polaco, concretamente aquellos en los que los habitantes de lengua polaca alcanzasen los dos tercios de la población total: Posnania (Posen), Prusia Occidental y Alta Silesia. Esto suponía además la fragmentación del territorio alemán, ya que Prusia Oriental quedaba separada del resto del país por el célebre corredor de Danzig. 

Con respecto a algunas cesiones territoriales, como Alsacia y Lorena a Francia o la Posnania y Prusia Occidental a Polonia, Alemania no tuvo más remedio que aceptar. Alsacia y Lorena eran irrenunciables para los franceses, y los territorios cedidos a Polonia eran esenciales para que este nuevo estado fuera económicamente viable y tuviera una salida al mar. No obstante, el Tratado de Versalles contemplaba algunos casos en los que era posible dar a los gobernados la última palabra a través de un referéndum. Así, a lo largo de 1920 se celebraron los siguientes plebiscitos bajo la supervisión de la Sociedad de Naciones:
  • Schleswig-Holstein (Febrero-Marzo de 1920): se trataba de dirimir si esta región septentrional permanecía en Alemania o si volvía a Dinamarca. Se optó por un referéndum partido, pues la zona norte, de mayoría danesa, celebró uno y la zona central, más alemana, otro (la zona sur era claramente pro-alemana). El resultado fue el previsible: la zona norte optó por reincorporarse a Dinamarca y la central por permanecer en Alemania.
  • Prusia Oriental: en Julio de 1920 se celebraron referéndums en Allenstein y Marienwerder en los que la población manifestó su expreso de deseo de permanecer en Alemania en detrimento de Polonia. 
  • Alta Silesia: fue el caso más conflictivo. Esta región en disputa, rica en recursos minerales, se encontraba muy dividida, algo que se reflejó en su plebiscito de Marzo de 1921: un 60 % optó por Alemania frente a un 40 % que lo hizo por Polonia. Los enfrentamientos entre milicias de uno y otro lado no se hicieron esperar, y finalmente la Sociedad de Naciones optó por una partición del territorio entre los dos países, dejando la zona occidental en manos alemanas y la oriental en Polonia. 
Reverso del billete de 1 marco de Broager

Rebuscando en mi modesta colección de notgeld he podido encontrar alusiones a estas cuestiones territoriales. Especialmente interesante me parece el caso del billete de un marco de la localidad de Broager (Broacker en alemán) que hace alusión al referéndum de Schleswig-Hosltein. Esto es así porque, a pesar de tratarse de dinero alemán, incluye propaganda pro-danesa. El texto del reverso hace referencia a la reunificación con Dinamarca (Ved Genforeningen Med Danmark), algo que terminaría cumpliéndose, pues Broager se encuentra en la zona norte de Schleswig (Slesvig en danés). 

El caso de Schleswig-Holstein sería una de las pocas soluciones duraderas en el tiempo, ya que el resultado de otros plebiscitos sería a la larga irrelevante. Las fronteras de Europa del este cambiarían de nuevo 25 años después tras la II Guerra Mundial, esta vez sin tener demasiado en cuenta la opinión de la población. 

German Gems - The Ecyclopedia of German Notgeld, by Anthony John Gibbs-Murray, copyright 2014 www.notgeld.com


Renouvin, P. Historia de las Relaciones Internacionales, AKAL (2ª Edición), Madrid 1990


domingo, 22 de mayo de 2016

MONEDAS CASH DE LA ANTIGÜEDAD (V)

Desde hace cosa de un mes, tengo el inmenso honor de colaborar con el Numismático Digital. En esta revista, bajo una sección llamada "Rumbo a lo Desconocido" se me ofrece la oportunidad de divulgar varios de los descubrimientos que comparto habitualmente en mi blog. De momento estoy publicando un artículo mensual y para comenzar he decidido desarrollar (siguiendo un riguroso orden cronológico) la historia de las monedas cash chinas, desde la Antigüedad hasta el siglo XX. Por tanto, debo deciros que este tema va a ser frecuente en Curiosidades Numismáticas en los próximos meses. 

Aunque el tema de hoy ya ha sido tratado en anteriores ediciones, me gustaría centrarme en la época de transición entre las dos monedas más representativas de la China Antigua: la ban liang y la wu zhu. La dinastía Qin, responsable de la unificación bajo el mismo imperio de todos los reinos chinos, no consiguió disfrutar de este logro durante mucho tiempo. Tras la muerte de Qin Shi Huang en 210 a.C. una población hastiada de excesivos impuestos, continuas levas y una rígida legislación rayana en la crueldad se rebela derrocando a los Qin en 206 a.C. No será hasta cuatro años después que Liu Bang (202-195 a.C.), dirigente destacado de estas revueltas, se proclame emperador tras una guerra civil dando comienzo a la era de la dinastía Han, coincidente en gran medida con la época de apogeo del Imperio Romano en occidente.

Monedas ban liang de 8 zhu (izda.) y 4 zhu (dcha.), siglo II a.C.  El símbolo
"ban" se sitúa a la derecha del anverso y "liang" a la izquierda

El imperio que heredó la dinastía Han ocupaba aproximadamente la mitad este de la actual República Popular China, gobernando a unos 50 millones de personas. La prioridad de Liu Bang fue la reconstrucción de un país asolado por las rebeliones y las guerras civiles, lo que hacía necesario contar con unas mínimas estructuras de estado. Para ello no dudó en mantener todo aquello que pudiera resultar útil en la consolidación de la unificación lograda en el 221 a.C. Así, Liu Bang y sus inmediatos sucesores mantuvieron en sus gobiernos la tradición del pensamiento legista o legalista, que consagraba el rigor de las leyes y la administración eficiente como formas de conseguir la grandeza del estado, repercutiendo en el bienestar general de la población. Así, los Han continuaron con la división administrativa y el mismo código penal de los Qin, aunque la aplicación de las leyes fue menos rigurosa. El emperador se hacía cargo de las finanzas y dirigía la política interior y exterior, mientras que el transporte, el comercio, la educación o la justicia quedaban en manos de las administraciones provinciales. 

La moneda fue un buen ejemplo de esta política de continuidad. Se estableció un sistema bimetálico basado en el oro (que circulaba en pequeños lingotes, no en moneda) y el bronce, este último en forma de moneda ban liang. Ban liang, recordemos, significa medio liang, medida que correspondería a aproximadamente 16 grs., situando el peso teórico de estas monedas en los 8 grs. La intención de la dinastía Han, de acuerdo con la tradición legalista, fue la de conseguir el monopolio de emisión de moneda y consagrar la ban liang como moneda fiduciaria, es decir, con un valor uniforme independientemente de su peso real o contenido metálico. Ninguna de las dos cosas fue posible. El estado se vio obligado a permitir la antigua práctica de emisión privada para satisfacer la gran demanda de circulante, y todo apunta a que la población siguió teniendo en cuenta el peso de las monedas a la hora de realizar transacciones comerciales. 
Moneda wu zhu de los ss. II-I a.C. El símbolo wu es el
de la derecha y zhu el de la izquierda
(26 mm/3,6 grs)  


Nunca había existido demasiado rigor a la hora de calcular el peso y tamaño de las monedas emitidas (y menos cuando la emisión era efectuada por diferentes actores) pero la progresiva depreciación de la ban liang obligó al estado a tomar medidas. Como forma de poner orden en la disparidad de pesos, y de alguna manera reafirmar la autoridad estatal, en el 186 a.C. se emitieron las ban liang de 8 zhu (recordemos, un zhu equivalía al peso de 100 semillas de mijo, y un liang contenía 24 zhu), con un peso teórico de 5,2 grs. Poco más tarde, en 175 a.C. y bajo el reinado del emperador Wen Di (179-157 a.C.) se redujo aún más el peso de las ban liang, hasta los 4 zhu (2,6 grs.) con lo que su valor facial superaba en tres veces su valor en metal. Estas monedas fueron emitidas en grandes cantidades, tanto de forma oficial como privada, en un contexto de fomento de la actividad económica y comercial muy diferente al concepto de economía planificada y militarista que habían defendido los Qin.

Este desarrollo comercial va a demostrar ser crucial a mediados del siglo II a.C. El reinado de Wu Di (140-86 a.C.) es definido como “la Edad de Oro” de los Han, en tanto en cuanto el imperio que rige esta dinastía alcanza su máximo esplendor cultural, económico y territorial. El descubrimiento de la llamada Ruta de la Seda al norte, línea comercial que comunicaba China con Europa a través de Asia Central, y otra ruta al sur que conecta ba Sichuan con Birmania e India serviría de estímulo para llevar a cabo una expansión territorial sin precedentes. Con el fin de controlar estas rutas, así como de hacer frente a enemigos externos (el mayor de ellos, la confederación de pueblos nómadas del norte conocida como los xiongnu), Wu Di se lanzó a la conquista de la parte meridional de Manchuria y la parte occidental de Corea al norte e impulsó una política expansionista al sur del Yangtze, llegando hasta Cantón y el Norte de Vietnam. Al mismo tiempo mantuvo una política diplomática con los reinos de la Ruta de la Seda caracterizada por la generosidad (en forma de cuantiosos regalos) y el establecimiento de guarniciones que protegieran a los comerciantes chinos.

Estas políticas, obviamente, reportaban un considerable gasto a la administración que conllevó numerosas medidas financieras para hacerle frente. En este sentido, el imperio se aseguró el monopolio de la sal, el hierro y las bebidas alcohólicas, vendió títulos nobiliarios a comerciantes y estableció mecanismos para la nivelación de precios. En el campo monetario se ensayaron diferentes iniciativas. Una de ellas fue la emisión de billetes en piel de venado por valor de 400,000 cash, o la creación de piezas de aleación de plata y estaño con valores de 3.000, 500 y 300 cash, que apenas prosperaron. No obstante, fue la pieza de 5 zhu (wu zhu) la medida que más permanecería, pues se convirtió en el referente monetario chino hasta el siglo VII d.C.

Esta moneda wu zhu presenta el símbolo wu más redondeado
(26 mm/3,2 grs)
Wu es el símbolo parecido a un reloj de arena que aparece a la derecha en el anverso, y zhu el que aparece a la izquierda, similar a una flecha que apunta hacia arriba. Estas monedas, emitidas a partir de aproximadamente el 118 a.C., debían tener un peso aproximado de 3,3 grs. así como una serie de características que la diferenciaban de emisiones anteriores y que dificultaban su falsificación. En este sentido, se mejoraron las técnicas de fundido gracias a la utilización de moldes de bronce, que produjeron un gran número de moldes idénticos de arcilla que aseguraban una mayor uniformidad en la emisión posterior. Además, se dotó a estas monedas de un borde destacado y bien limado, consiguiendo así un acabado más perfecto.

Alrededor del 112 a.C. el estado logró la antigua aspiración Han de asegurarse el monopolio de producción de moneda. Según parece, entre este año y el principio del siglo I a.C. se emitieron alrededor de 28 mil millones de piezas wu zhu, alcanzando de esta forma la ansiada uniformidad monetaria en todo el territorio así como un peso y tamaño por lo general similar, algo vital si se buscaba la aceptación popular. No parece que durante todo el primer siglo antes de Cristo esta moneda sufriera grandes depreciaciones, pese a que el imperio Han comenzara a dar claros síntomas de agotamiento que presagiarían su final en el siglo III d.C. Aún así, la moneda wu zhu sobreviviría a los Han durante casi 400 años, dejando una profunda huella en la historia numismática china. 

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Scheidel, W. The Monetary Systems of the HAn and Roman Empires, Priceton/Stanford Working Papers in Classics, Stanford University, February 2008
https://www.princeton.edu/~pswpc/pdfs/scheidel/020803.pdf


Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991


Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

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