miércoles, 30 de noviembre de 2016

UCRONÍA NUMISMÁTICA

Corona de fantasía de Eduardo VIII de 2006 que conmemora el
70 aniversario de su reinado
Todo aficionado o estudioso de la historia, como es el caso del que aquí escribe, es en mayor o menor medida aficionado a la ucronía, o aquella reconstrucción histórica basada en hechos posibles pero que realmente no han sucedido. A lo largo de la Historia han tenido lugar muchos momentos clave, decisivos en la formación de acontecimientos posteriores, pero que cuando se analizan es fácil caer en la cuenta del peso del azar o los imponderables en el resultado final. Muchas veces un acontecimiento histórico de gran relevancia ha dependido de la puntería de un tirador (la historia de Estados Unidos está llena de ejemplos sobradamente conocidos en este sentido) de las condiciones climatológicas (por ejemplo, la derrota de la Armada Invencible) o de errores de cálculo más o menos patentes (como los muchos que cometió Hitler en su gestión de los asuntos militares). Así, es inevitable preguntarnos con cierta frecuencia: ¿y si las cosas hubieran ocurrido de otra manera?

Reverso de la corona de fantasía de Eduardo VIII
El género de la ucronía (what if en inglés) ha sido muy cultivado en los últimos años, aunque dista mucho de ser nuevo. Construir un pasado o presente alternativo en base a unos acontecimientos que jamás tuvieron lugar pero que podrían haber ocurrido conduce siempre a la reflexión acerca de la importancia de las consecuencias de cualquier acción (o no-acción) así como de la fragilidad que muchas veces domina nuestra toma de decisiones. La literatura de ficción está llena de ejemplos de ucronías, sobre todo en el mundo anglosajón. Una de las más conocidas es "Patria" (Fatherland) de Robert Harris, que narra una historia de intriga política al más alto nivel con un hipotético Berlín nazi de 1964 como telón de fondo. Los finales alternativos de la II Guerra Mundial siempre han proliferado, como demuestra la novela de Philip K. Dick “El Hombre en el Castillo” (The Man in the High Castle) o la más reciente de C.J.Sansom “Dominación” (Dominion). Cambiando de temática, resulta especialmente interesante la novela “Día de Resurrección” (Resurrection Day) de Brendan Dubois, ambientada en  un Boston de 1972 que conmemora los 10 años de la breve guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética a propósito de la crisis de los misiles cubanos. Dentro de nuestras fronteras, es recomendable “En el Día de Hoy” de Jesús Torbado que describe los meses posteriores a una hipotética victoria republicana en la guerra civil en 1939 muchas veces desde la mirada de un Hemingway para el que “Madrid era una fiesta".

El curso de la Historia siempre afecta en mayor o menor medida al dinero. Muchas veces no he podido evitar preguntarme ¿cómo hubieran sido las monedas y billetes en estos escenarios alternativos? No he investigado mucho al respecto, pero dada la proliferación de dinero de fantasía para coleccionistas, me extraña que no se le haya ocurrido a nadie, por ejemplo, diseñar un billete español de 1953 con Picasso en el anverso y su Guernica en el reverso, o marcos alemanes de 1922 con la efigie desafiante y un tanto altiva del káiser Guillermo. No obstante, gracias (cómo no) a Coincraft he encontrado una interesante moneda que nunca existió: una corona con el busto de Eduardo VIII de Inglaterra, tío de la actual soberana.

El reinado de Eduardo VIII en aquel convulso año de 1936 fue breve (apenas 10 meses) pero dejó una profunda huella en la familia real británica y en el llamado establishment, ya que dio origen a una crisis constitucional sin precedentes. Pese a ser una figura bastante popular debido a su carácter informal y cercano, causaba preocupación su dejadez en relación con sus obligaciones de futuro jefe de estado y líder de la Iglesia Anglicana. Su acceso al trono a la muerte de su padre Jorge V en Enero de 1936 estaba plagado de incógnitas acerca de su futuro comportamiento como monarca, máxime si tenemos en cuenta que a la edad de 41 años aún no había contraído matrimonio.

Penique de 1936. Aunque lleve la efigie de Jorge V,
seguramene se emitió durante el reinado de Eduardo
El problema vino en el momento en que Eduardo dejó clara su intención irrenunciable de casarse con Wallis Simpson, norteamericana de la alta sociedad que presentaba el pequeño inconveniente de estar casada en ese momento. Por si esto fuera poco, se trataba de una mujer que ya se había divorciado anteriormente, lo cual le imposibilitaba el acceso al trono a ojos de una sociedad aun fuertemente influenciada por los valores morales victorianos. Tras varios infructuosos intentos por parte del gobierno de Baldwin de convencer al rey de que renunciara a su romance con Wallis o de encontrar una solución intermedia (se consideró brevemente la posibilidad de un matrimonio morganático) Eduardo optó por la decisión más drástica e inédita en la historia milenaria de Inglaterra: renunciar voluntariamente al trono en favor de su hermano Jorge, abdicación que se hizo efectiva el 10 de Diciembre de 1936.

Uno de los privilegios a los que renunció Eduardo por amor  fue a ser inmortalizado en las monedas de su época. A la muerte de un monarca el heredero o heredera le sucede automáticamente, no obstante la celebración oficial de coronación tiene lugar algún tiempo después. La de Eduardo VIII estaba prevista para 1937, y solo entonces las monedas con su efigie empezarían a circular. Al no llegar nunca este momento, las emisiones de prueba que se habían preparado fueron guardadas y largamente olvidadas hasta fechas relativamente recientes. Para los coleccionistas interesados en la moneda británica del reinado de Eduardo VIII existen sin embargo dos opciones. Una, hacerse con monedas de fantasía como esta atractiva corona (cuarto de libra) de cuproníquel. Otra, adquirir monedas de 1936 con la efigie de Jorge V como el penique de la imagen, dado que con casi total seguridad, cualquier moneda emitida durante ese año corresponde a su breve reinado.

Reverso del penique de 1936
La vida de Eduardo tras la abdicación tuvo sus altibajos. En 1937 se casó con Wallis, que había conseguido su segundo divorcio poco antes gracias a un adulterio fingido de su comprensivo esposo. No obstante, ese año marcaría en gran medida su reputación para el resto de su vida, ya que su controvertida visita a Alemania le hizo ser tildado de pro-nazi en muchos círculos. Sus simpatías hacia el III Reich son aún hoy objeto de controversia, pues es posible que, como muchas personas de su generación, se dejara engatusar  por la propaganda de aquel régimen. Muchos dicen que, de haber continuado como rey su actuación tras el estallido de la II Guerra Mundial hubiera sido muy diferente a la de su hermano, lo cual podría haber influido en la formación de un gobierno apaciguador en 1940 en lugar de un gabinete que plantara cara a los alemanes. No creo que esta hipótesis pueda tomarse como una certeza, ya que el poder de decisión de la corona se encontraba ya muy limitado en aquel momento, por lo que es dudoso pensar que las intenciones de Eduardo podrían haber influido decisivamente en el curso de los acontecimientos. Eso sí, en el universo de "Patria" de Robert Harris Eduardo recupera el trono en 1945 tras la hipotética victoria  alemana, con lo que es rey en 1964 con su sobrina Isabel exiliada en Canadá reclamando sus derechos al trono. Teniendo en cuenta que Eduardo falleció en 1972 sin descendencia, los problemas sucesorios que hubieran acompañado a Eduardo en este contexto hubieran seguramente causado una crisis constitucional aún mayor que la de 1936.

En cualquier caso, una minucia comparada con lo que habría supuesto una Inglaterra derrotada, con coronas similares a la de la imagen circulando entre la desmoralizada ciudadanía británica…  

Bates, S. Edward VIII and Wallis. A king at war with his country en BBC History Magazine, January 2016

viernes, 18 de noviembre de 2016

EL DÓLAR MALAYO

División de la península malaya bajo dominio británico: Estados
Federados (centro, en amarillo), Estados no Federados (en azul) y
Establecimientos de los Estrechos (en rojo) Fuente: Wikipedia
Para cualquier coleccionista que valore el contenido histórico de una pieza (que creo constituyen la mayor parte de los casos) siempre es interesante encontrar monedas o billetes de estados que dejaron de existir. En ocasiones la desaparición o nacimiento de estados puede tener pocas consecuencias (véase el caso de Checoslovaquia en 1993, una de las escasas escisiones pacíficas que hayan podido tener lugar)  pero por lo general se trata de procesos más o menos traumáticos, que marcan un antes y un después. Es el caso de los procesos de descolonización en África y Asia durante las décadas de 1950 y 1960, que en pocos años dejaron obsoletas las concepciones dominantes que hasta entonces se tenían en cuanto a geopolítica y relaciones internacionales. La moneda de hoy, el dólar malayo, tuvo una corta existencia pero sin duda muy intensa, ya que circuló en parte de la actual Malasia durante el último periodo colonial británico y fue testigo de la II Guerra Mundial, la invasión japonesa y el nacimiento de una nueva nación en el sudeste asiático.

El territorio que hoy compone los estados de Malasia e Indonesia siempre había estado en el punto de mira de las potencias coloniales dada su riqueza en materias primas (muy notablemente el estaño y el caucho) y su nada desdeñable posición estratégica como punto obligatorio de paso entre el Océano Índico y el Mar de China Meridional. El control de los numerosos estrechos de la zona, en particular el que separa la isla de Sumatra de la península malaya, aseguraba el control del intenso tráfico comercial de la región. Los portugueses, primeros europeos en mostrar su interés en esta zona, fueron sustituidos progresivamente por los holandeses durante el siglo XVII, cuya Compañía de las Indias Orientales (V.O.C. por sus siglas en holandés) desde su base en Batavia (actual Jakarta) fue apoderándose en la práctica de las islas de Java primero y Sumatra después. 

Anverso de moneda de 10 centavos de dólar de plata de 1941
La Compañía Británica de las Indias Orientales, una vez dominado el subcontinente indio, no tardó en interesarse por el sudeste asiático con la vista puesta en el mercado más cerrado a occidente y por tanto más codiciado del momento: China. Lógicamente, esto trajo consigo choques con los holandeses, que fueron resueltos mediante el Tratado de Londres de 1824, que  establecía las esferas de influencia británicas y holandesas. Malaya quedaría en lado británico mientras que los territorios al sur constituirían las Indias Orientales Holandesas. Más adelante, en 1867, Malaya pasaría a ser una colonia directamente administrada por la Corona, destino similar al de otros territorios asiáticos de la Compañía.

Históricamente, este territorio se ha caracterizado (y en cierto modo se sigue caracterizando) por la fragmentación. Las potencias occidentales respetaron en muchos casos los dominios de pequeños reinos y sultanatos, estableciendo relaciones diplomáticas y comerciales con ellos  y, dentro de las zonas que controlaban directamente, mantenían las características propias locales dependiendo de sus intereses, lo que frenaba cualquier movimiento nacionalista o unificador. Así, Malaya estaba dividida en 9 colonias administradas de forma diferente:

  • Singapur, Malaca y Penang configuraban los Establecimientos de los Estrechos (Straits Settlements) que eran colonias de la Corona
  • Perak, Selangor, Negri Sembilan y Pahang formaban los estados federados, que eran los protectorados más antiguos
  • Kedah, Perlis, Kerantan, Trengganu y Johore, que formaban los estados no federados

A esta fragmentación debemos añadir la masiva afluencia de trabajadores chinos e indios espoleada por Gran Bretaña para el desarrollo de las industrias del caucho y del estaño. De esta forma, se calcula que en 1947 la población malaya (dedicada principalmente a la agricultura de subsistencia) constituía un 43,5 % de la población total mientras que los chinos ascendían al 44,7 % y los indios al 10,3 %. 
Reverso de la moneda de 10 centavos de plata de 1941

Esta fragmentación se reflejaba también en su circulante. Desde mediados del siglo XIX el llamado dólar de los Estrechos (Straits dollar, emitido por las autoridades de los Establecimientos de los Estrechos), fue la moneda de referencia, aunque en muchos momentos convivió con piezas locales de los diferentes estados y con los reales de a ocho españoles y los pesos mejicanos de plata, muy influyentes en Asia. En la década de 1930 las autoridades coloniales se plantearon la puesta en marcha de una moneda en cuyas cargas y beneficios estuvieran incluidos todos los estados malayos además de Brunei, en la isla de Borneo. Entre 1938 y 1939, justo antes del estallido de la II Guerra Mundial, los estados aprobaron y ratificaron la legislación concerniente a la adopción del dólar malayo y una Junta de Comisionados de Moneda (Board of Commissioners of Currency) comenzó a funcionar.

Esta moneda tiene un gran parecido con el dólar de los Estrechos, tanto que en muchos casos pueden confundirse. De hecho, su valor quedó fijado en la misma cuantía con respecto a la libra esterlina: dos chelines con cuatro peniques, es decir, 28 peniques por dólar. Dado que en aquella época la libra se dividía en 20 chelines y éstos a su vez en 12 peniques, un dólar malayo equivalía a poco menos de un octavo de libra. Su efectiva puesta en marcha coincidió con el comienzo de las hostilidades, aunque como Japón tardó un poco más en entrar de la mano de las potencias del Eje, pudo circular durante los años 1940-41. Las monedas tenían las denominaciones de ½ penique y un penique en cobre y 5, 10 y 20 centavos en plata. Asimismo, se emitirieron billetes de 1,5 y 10 dólares (aunque el cargamento de billetes de 1 y 5 dólares nunca llegó a su destino al ser capturado por los alemanes) y pronto se introdujeron emisiones de emergencia por valores inferiores a 1 dólar debido a la escasez de metales propia de tiempos de guerra.

A partir de 1942 el dólar malayo fue de facto sustituido por las emisiones de ocupación japonesas, billetes conocidos popularmente como banana money debido al diseño de la emisión de 10 dólares, que reflejaba esta popular fruta en su anverso. Los nipones no se retiraron hasta su rendición definitiva en septiembre de 1945, momento en que la administración colonial británica recuperó el control de sus territorios en el sureste asiático. No obstante, tal y como ocurrió en otras zonas del continente, su derrota previa ante los japoneses anticipaba su final como poder colonial al quedar firmemente asentado el sentimiento de emancipación entre la mayor parte de la población.
1 dólar malayo emitido por las autoridades japonesas (1942-45)

La independencia definitiva no llegaría hasta 1957, aunque el dólar malayo dejaría de existir un poco antes, en 1953, año en que la Junta de Comisionados de Moneda pasó a incluir la parte británica de Borneo y emitir un nuevo dólar en consecuencia.  



Asia Contemporánea, Historia Universal Siglo XXI vol. 33 compilado por Lucien Bianco, s. XXI de España editores  1984
https://en.wikipedia.org/wiki/Malayan_dollar
http://www.atsnotes.com/catalog/banknotes/malaya.html

martes, 25 de octubre de 2016

MONEDAS CASH DE LA EDAD MEDIA (V)

Mapa del mundo chino a mediados del siglo XII
(fuente: wikipedia)
Aprovechando que en breve publico un nuevo artículo sobre la historia de la moneda china en Numismático Digital, esta vez centrándome en la convulsa época de los mongoles, quisiera compartir hoy una breve reseña acerca de uno de los pueblos conocidos como "bárbaros sinizados", esto es, tribus nómadas que habitaban los confines al norte y oeste de China cuya proximidad al mundo chino les posibilitó no solo adoptar su cultura, estilo de vida e instituciones sino también convertirse en vecinos poderosos e influyentes. 

El pueblo que protagoniza la entrada de hoy son los jürchen o tribus tungús de la actual provincia de Heilongjiang y antepasados directos de los manchúes que varios siglos después se harían con el control de China. Los jürchen habían sido uno de los muchos grupos sometidos por los kitan, pueblo dominante en el norte que entre los siglos X y XII constituyó un estado bajo el nombre dinástico de Liao. Cuando este estado dio muestras claras de debilitamiento, los jürchen no dudarían en aprovechar su ocasión: en los años 1114-15 su líder Aguta, que había adoptado el nombre dinástico de Jin,  consiguió las primeras victorias sobre los Liao y dio comienzo a la conquista de su territorio, un proceso que duró 10 años y contó con la inestimable colaboración de la dinastía Song. En 1125, tras tomar Beijing y capturar al último emperador Liao, rompieron su tratado de amistad con los Song y se dispusieron a ocupar también su territorio, objetivo que lograron solo a medias. En lugar de conformarse con fijar sus fronteras en el río Amarillo como en su día hicieron los Liao, los Jin se lanzaron más al sur, hacia el río Yangze, arrasando la mayor parte de las ciudades de esta zona durante la siguiente década. No mostrarían sin embargo interés en ocupar las calurosas  regiones meridionales de China conformándose con acordar una paz ventajosa con los Song del sur en 1142, mediante la cual obtenían un tributo similar al que habían recibido los Liao y establecían la frontera de los dos imperios en el río Huai, ocupando así todo el norte del antiguo imperio Song además de Mongolia oriental y Manchuria, como puede apreciarse en el mapa. 
  
Moneda zheng long yuan bao emitida en 1158-61 bajo el
mandato del emperador wan Yan Liang (1149-61)
Pese a estos fulgurante éxitos, el imperio de los Jin tuvo que afrontar muchas dificultades a lo largo de su existencia. Los Song del sur, divididos entre partidarios de la resistencia y pacifistas, llevaron a cabo ofensivas de forma periódica y no dudaron en apoyar la resistencia campesina en zonas fronterizas. La estructura político-administrativa Jin podía ser considerada como de ocupación, ya que dentro de la sociedad multiétnica que controlaban los jürchen eran una minoría, limitándose a establecer guarniciones en ciudades clave y lugares estratégicos y confiando gran parte de la administración del territorio a antiguos funcionarios de los Song. Aún así, la adaptación de los Jin a la cultura y tradiciones chinas fue completa, de tal manera que incluso tuvieron lugar intentos de revertir esta tendencia desde la corte. El emperador Shizong (1161-1189) trató de recuperar el idioma jürchen así como prohibir el empleo de nombres y vestidos chinos, medidas que no obtuvieron el fruto deseado.

Durante los primeros 40 años de su dominio los Jin no emitieron moneda, limitándose a utilizar la emitida por los Liao y los Song en siglos anteriores. Fue a partir de 1158 cuando empezaron a producir su propio circulante, basado en el modelo Song como podemos apreciar en las imágenes, dentro de un sistema que además incluía plata no acuñada y el empleo de papel moneda. No obstante, la escasez de cobre en el territorio controlado por los Jin constituyó un serio problema que empujó a sus autoridades a buscar nuevas minas o a utilizar materiales alternativos como el hierro. Conforme avanzaba el siglo XII la inflación hizo que la emisión de moneda dejara de ser rentable: las cecas de Daizhou y Quyang producían alrededor de 140 millones de piezas al año, pero los gastos que generaban ascendían a más de 800 millones anuales, por lo que tuvieron que ser clausuradas. Las últimas tres décadas de esta dinastía no presenciaron apenas emisión de moneda. 

Moneda zheng long yuan bao (Cast Chinese Coins, D. Hartill)

A principios del siglo XIII los Jin comenzaron a sentir seriamente el empuje de los mongoles en el norte de su territorio, viéndose obligados a evacuar Manchuria y trasladar su capital de Beijing a Kaifeng, menos expuesta a estos ataques. Beijing caería en 1215 tras un cruento y prolongado asedio, y 15 años más tarde las ofensivas combinadas de los mongoles y los Song del sur, que vieron en los nuevos invasores la posibilidad de humillar definitivamente a los Jin, forzarían el suicidio de su último emperador en 1234. Los mongoles se afianzaban de esta forma en territorio chino, lo cual significaría también el principio del fin de la dinastía Song del sur, pues la conquista de su propio territorio sería únicamente cuestión de tiempo.


Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

viernes, 14 de octubre de 2016

MONEDAS INDIAS DE LA EDAD MEDIA (VI)

Extensión del sultanato de Delhi
durante el siglo XIII (fuente: wikipedia)
Seguimos hoy en India, fascinante país que últimamente tenía un tanto descuidado. Hoy voy a centrarme en el tangka de plata, moneda de referencia del sultanato de Delhi (1206-1526), una era especialmente significativa en la historia del país, ya que por primera vez desde los tiempos del Imperio Maurya (ss. IV-II a.C.) la mayor parte del subcontinente se unificó bajo un mismo soberano.  

Sin embargo, esta unificación no fue duradera, cosa que no sorprende cuando comprobamos que el sultanato de Delhi presentaba ciertas carencias crónicas. Una de estas carencias se manifestaba en su debilidad estructural, ya que todos los intentos de establecer una administración efectiva del territorio fuera de la capital solían estar condenados al fracaso. Por otro lado, las intenciones centralizadoras de los sultanes chocaban constantemente con el poder local representado en la nobleza o los líderes militares, siempre celosos de salvaguardar sus intereses, lo cual conducía a una continua inestabilidad política. Las formas muchas veces despóticas y crueles de los sultanes no ayudaban precisamente a mejorar esta situación.  

Las fronteras geográficas del sultanato fueron muy cambiantes, aunque por lo general el núcleo duro se situó en el norte de la actual India: además de la región de Delhi, el Punjab y la llanura gangética (Uttar Pradesh, Bihar y Bengala Occidental).  Aún así, en muchos momentos el control efectivo del territorio por parte del sultán no pasó de la región de Delhi, y el sometimiento de las regiones al sur del Ganges fue más teórico que real. Por el norte los mongoles siempre se mostraban amenazantes, y sus incursiones periódicas constituyeron un quebradero de cabeza para los ejércitos del sultanato.
   
Anverso de tangka de plata de Sikander (1488-1517)
La situación interna también presentaba problemas de difícil solución, especialmente en lo tocante a la cuestión religiosa. El sultanato había sido fundado por los guríes o góridas, un pueblo turco-afgano de religión musulmana que anteriormente se había establecido en la zona que hoy ocupan Afganistán y norte de Pakistán. Al pretender dominar una población mayoritariamente hindú los choques fueron inevitables, especialmente cuando los sultanes trataban de imponer las leyes y costumbres islámicas. La coexistencia fue por lo general posible pero las tensiones siempre se mantuvieron latentes. 

Con todo, el sultanato tuvo una vida de tres siglos durante los cuales gozó de un gran prestigio en la zona, así como de épocas de esplendor y expansión. Culturalmente se considera a la era del sultanato de Delhi como de renacimiento gracias a la fusión de las tradiciones indias y musulmanas y la influencia persa. Económicamente destacó por los avances en las técnicas agrícolas, en particular la irrigación, así como por el desarrollo del comercio y la artesanía (textiles y artesanos del metal y la piedra) gracias a la demanda de las clases dirigentes. La prosperidad económica puede verse en la cantidad y variedad de moneda acuñada durante esta etapa, aunque también fue reflejo de su decadencia como veremos a continuación.

Generalmente se establece el comienzo del sultanato en el momento en que se independiza de hecho de los conquistadores guríes en 1206. Aunque el subcontinente indio fue de los pocos lugares de Asia que se mantuvo a salvo de las invasiones mongolas, las incursiones de este temible pueblo fueron una amenaza constante. En 1241 la ciudad de Lahore (actualmente en el norte de Pakistán) fue saqueada, lo que convirtió a Delhi en la ceca principal de todo el sultanato. Tal y como comenta Tye, a partir de ese momento se rebajó el contenido de plata del jital, y con el metal sobrante se comenzaron a acuñar tangkas de plata de 11 grs. de peso (una medida que aún hoy es objeto de discusión),que pasó a ser la moneda de referencia en la región. Al mismo tiempo se siguió produciendo moneda de cobre y vellón de forma extensa, así como tangkas de oro.

Reverso del tangka de plata de Sikander
Durante la primera mitad del siglo XIV el sultanato vivió momentos de gran expansión territorial. El sultán Alauddin (1296-1316), de la dinastía Khalji, incorporó gran parte de la meseta del Deccan en la India central, consiguiendo un cuantioso botín que enriqueció considerablemente las arcas del estado y sirvió para incrementar la acuñación de tangkas de plata. Posteriormente  el sultán Muhammad III (1325-1351) de la dinastía Tughluq, quiso ir más allá y se embarcó en la empresa de la conquista de todo el subcontinente.

Estos ambiciosos planes requerían una considerable financiación, para lo cual Muhammad recurrió a la devaluación de la moneda de plata y al uso de la moneda fiduciaria, a imitación de lo que ocurría en la vecina China. Así, Muhammad decretó la emisión de un nuevo tangka de latón respaldado por las autoridades de igual valor facial que las piezas de plata lo cual, como nos podemos imaginar, condujo en poco tiempo al colapso de las finanzas del sultanato. 

El problema principal que encontró el sultán es que no disponía de una estructura administrativa eficaz para sustentar esta reforma, con lo que la práctica de la falsificación se extendió. Al mismo tiempo, como los impuestos podían pagarse con la nueva moneda, el estado sufrió incalculables pérdidas. Pronto se comprobó que el gran imperio levantado por Alauddin y Muhammad, que abarcaba casi toda la India por primera vez desde la Antigüedad, era un gigante con pies de barro. A los problemas financieros se unieron hambrunas, revueltas campesinas y las tensiones con los gobernadores locales, que desembocaron en la pérdida de la mayor parte de los territorios que el sultanato había conquistado en las últimas cinco décadas. El sucesor de Muhammad, Feroz (1351-1388), trató de estabilizar las maltrechas finanzas del estado, pero continuó emitiendo tangkas devaluados de menor contenido en plata y un peso reducido de alrededor de 9 grs. 

La moneda que hoy ilustra las imágenes es precisamente uno de estos tangkas, emitido ya al final del sultanato a principios del siglo XVI. Ambas leyendas están en árabe, el anverso hace referencia al nombre del soberano (en este caso Sikander, que gobernó entre 1488 y 1517) y el reverso al momento en que la moneda fue emitida (en este enlace podéis ver una descripción más detallada de las leyendas http://coinindia.com/galleries-lodi.html) Mide 17 mm y, pese a su pequeño tamaño, pesa 8,7 grs. debido al considerable grosor que tiene (5 mm), que hace que sea posible mantenerla de canto sin que caiga de un lado u otro.



En muchos sentidos la dinastía Lodi (1451-1526) puede considerarse "el canto del cisne" del sultanato de Delhi, ya que volvió a recuperar el control efectivo del norte del India y tuvo lugar, especialmente de la mano de Sikander (considerado un mecenas de la cultura y las artes), un impulso del arte y la literatura islámica en India. No obstante, su sucesor Ibrahim (1517-1526) fue víctima de las tensiones entre el poder central y la nobleza turco-afgana que había elevado al poder a esta dinastía, que acabó derrocándolo y sentando las bases del imperio mughal.

Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981


Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

viernes, 30 de septiembre de 2016

EL BILLETE DE 0 RUPIAS

Una vez en la universidad, a propósito del siempre desagradable asunto de la corrupción política y económica, un profesor nos lanzó la siguiente pregunta al aire: ¿qué tipo de corrupción creéis que es más perjudicial, la de gran escala o la de pequeña escala? Por gran escala se refería a los grandes escándalos financieros o de malversación por parte de autoridades públicas, aquellos que copan las portadas de los periódicos y son primera noticia en los telediarios, ya que normalmente suponen grandes cantidades de dinero. La corrupción de pequeña escala, por contra, hace referencia a aquella que protagonizan los funcionarios en puestos intermedios o bajos, normalmente a través de sobornos a cambio de favores o mayor rapidez en trámites administrativos.

La respuesta a la pregunta parecía simple: la de gran escala, por supuesto, dado que las cantidades sustraídas son mayores. A más dinero robado, peor tipo de corrupción. No obstante, el profesor nos invitó a reflexionar: ¿estáis seguros?

Billete de 0 rupias contra la corrupción, parte de la campaña de la organización 5th Pillar

La reflexión era más que pertinente, porque no éramos conscientes de hasta qué punto la corrupción a pequeña escala es nociva  para el desarrollo de un país, quizá porque es un tipo de corrupción no muy frecuente en España, afortunadamente. Y es que este tipo de malas prácticas implica una consecuencia inquietante: la generalización de la corrupción en una sociedad.

En muchos países en desarrollo, la corrupción generalizada a pequeña escala es un hecho, y aceptada como un trámite más por parte de los particulares. El pago de una pequeña cantidad en dinero o en especie a un funcionario de ventanilla o a un policía puede parecer una minucia pero al extenderse se convierte en un lastre para el desarrollo económico y social de un país por varias razones. Una de ellas, porque menoscaba el interés general, que en teoría busca el sector público, en aras del lucro personal, que hace que los posibles beneficios de la corrupción nunca reviertan en el bien común. Los servicios públicos, que normalmente deben afrontar una falta continuada de medios,  se hacen así más ineficientes. Al mismo tiempo, al tratarse de una corrupción comparativamente más “pequeña”, pasa más desapercibida, entrando en un círculo vicioso de impunidad que la perpetúa. Las personas con menos recursos son las más perjudicadas, pues actúa como un impuesto más a los que normalmente tienen que soportar, privándoles de medios fundamentales para su subsistencia. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la corrupción generalizada afecta negativamente a la imagen de un país, y por tanto dificulta y limita la inversión extranjera y el turismo.

India es uno de esos países en desarrollo que debe soportar la carga de la corrupción a pequeña escala (y, por supuesto, la de gran escala también) debido al enorme arraigo que tiene el uso de dinero negro en este gigante asiático. A pesar de ello, su ciudadanía cuenta con una importante arma legal: el Acta de Derecho a la Información de 2005 (RTI por sus siglas en inglés) que obliga a las administraciones públicas a facilitar cualquier información que los ciudadanos demanden en relación con el uso del dinero público. Así, en los últimos años han surgido numerosas organizaciones y activistas que luchan por la transparencia y contra las malas prácticas.

Reverso del billete, meramente informativo

Una de estas organizaciones, 5th Pillar de Nueva Delhi, ha lanzado una original campaña, consistente en la distribución de un billete de 0 rupias. A través de este simbólico billete, las personas a las que se les solicite sobornos o favores desde la administración podrán, en señal de protesta, entregar estas 0 rupias y denunciar al presunto corrupto. El billete puede descargarse, gratuitamente por supuesto, en su página web a través de este enlace http://5thpillar.org/programs/zero-rupee-note. En su anverso, imitativo de los billetes indios oficiales, aparecen diferentes mensajes en inglés y los principales idiomas del país (hindi, telugu, kannada, tamil y malayalam) que animan a los particulares a no resignarse ante la corrupción: “Eliminad la corrupción a todos los niveles”, “Prometo no aceptar o solicitar sobornos”, “Si alguien solicita un soborno, entrega este billete e informa a las autoridades”.

No es habitual no pagar por un artículo numismático, aunque sea de fantasía, pero yo, precisamente por eso, creo que voy a colocar este billete en un lugar preeminente de mi colección.

viernes, 23 de septiembre de 2016

MONEDAS CASH DE LA EDAD MEDIA (IV)

Moneda song yuan tong bao (960-76)
del emperador Tai Zu
Aunque este tema ya fue tratado en una entrada anterior, los artículos acerca de la historia de la moneda cash china que estos últimos meses he tenido la ocasión de publicar en Numismático Digital me han ayudado a profundizar en diferentes aspectos de la numismática oriental, todavía muy desconocida en nuestro país. Hoy voy a compartir un repaso de las monedas de la dinastía Song del norte, establecida en China entre los años 960 y 1127, producidas en un momento de expansión económica y comercial sin precedentes.

En el año 960 Zhao Kuangyin, comandante de la guardia imperial bajo los Zhao posteriores del norte de China, se proclamó emperador adoptando el nombre de Tai Zu, lo que daba comienzo oficial a la dinastía Song, que estableció su capital en Kaifeng. En el transcurso de dos décadas el nuevo estado se anexionaría, de forma por lo general pacífica, los reinos del sur de China que durante el siglo X habían gozado de un estatus independiente en la práctica: Chu, Shu Posterior, Han del Sur, Jiangnan, Wu-Yue y Han del Norte. Pese a esta rápida conquista, los Song no se caracterizaron por su empuje guerrero, pues nunca pudieron hacerse con el control total del antiguo imperio de los Tang. Los choques principales tuvieron lugar en el norte, frente al imperio de los kitan, un pueblo de bárbaros sinizados que logró establecer un estado en la zona que ocupa la actual Mongolia, Manchuria y norte de China durante la llamada era de las cinco dinastías y diez reinos (907-960). Tras años de infructuosas campañas militares,  los Song acordaron con los kitan el pago de un tributo anual a cambio de la paz, aceptando la imposibilidad de recuperar el norte. No fue esta la única región que se les resistió: el oeste, clave en el control de la Ruta de la Seda, quedó bajo el dominio de los llamados Xia occidentales, confederación de pueblos turcos y tibetanos, y en el sur se consolidó el reino de Dali, sucesor del antiguo reino de Naznhao. Las tensiones fronterizas en el norte y el oeste, así como su coste económico, serán una constante durante todo este periodo y, a la larga, una de las causas de la caída de la dinastía.

Moneda tai ping tong bao (976-989)
del emperador Tai Zong
Una vez aceptados los límites territoriales, los Song se centraron en la construcción de un estado próspero. Para ello no dudaron en llevar a cabo reformas de gran calado, especialmente en lo tocante a la gobernanza. La máxima autoridad fue el consejo de estado presidido por el emperador, cuyos miembros deliberaban abiertamente acerca de las políticas a adoptar o su viabilidad. La administración central se simplificó al dividirse en tres grandes departamentos: economía y finanzas (principalmente monopolios del estado, impuestos y presupuestos), asuntos militares  y secretariado (es decir, administración de justicia y funcionariado). Se profesionalizó el ejército, que ahora contaba con los servicios de mercenarios, y se dotó a los gobiernos de las provincias de competencias meramente administrativas con el fin de evitar tendencias centrífugas.  Todo esto repercutió en la reafirmación de la autoridad central frente a todas aquellas figuras que en épocas anteriores habían hecho sombra al emperador: eunucos, emperatrices y gobernadores militares.

En el terreno agrícola, pilar básico de la economía china, la era Song fue época de importantes innovaciones. La aparición de nuevos instrumentos de cultivo y la mejora en las técnicas de irrigación permitieron el desarrollo de grandes regiones arroceras (especialmente en la cuenca del Yangzi y el sur de China) que aumentaron considerablemente las reservas de este cereal. Esto no solo constituía una fuente de riqueza en sí misma, sino que tenía otras repercusiones más allá de la propia agricultura, pues permitía a la sociedad china abrirse a otros campos como la artesanía o la industria.
Los Song fueron conocidos también como grandes reformadores sociales, llegando a comparar sus medidas en este ámbito con las del estado del bienestar característico del siglo XX. En este sentido, se impulsó la educación financiada por el estado  y se pusieron en marcha ambiciosos proyectos de obras públicas como la canaización del río Yangzi. Dentro de las corrientes reformistas de la era Song cabe destacar la labor de Wang Anshi,  primer ministro bajo la protección del emperador Shen Zong entre los años 1068 y 1085 (interrumpido entre 1076 y 1078). Sus reformas en los ámbitos fiscal, administrativo y militar siguen siendo consideradas como revolucionarias. No es probable que Wang Anshi pretendiera cambios sustanciales en el statu quo, pero sí es cierto que sus políticas concitaron mucha oposición entre las facciones conservadoras. En este espacio cabe mencionar las medidas destinadas a mejorar la situación del campesinado, tradicional pilar del imperio chino, que debía soportar una serie de cargas de las que estaban exentos otros colectivos, como los impuestos directos o los trabajos obligatorios. En este sentido puso en marcha medidas como la lucha contra las compras masivas y almacenamiento de cereales y de control del precio de los mismos, conversión de los trabajos obligatorios en tasas e institución de préstamos a bajo interés para luchar contra la usura.

Monedas xi ning yuan bao (izda) y xi ning zhong bao (dcha) de 1068-77
de 1 y 2 cash del emperador Shen Zong 

Pero si por algo es recordada la China Song es por la expansión comercial. Sin acceso a la Ruta de la Seda en Asia Central, los Song se centraron en el comercio interior y en el tráfico marítimo del sureste asiático, hecho este que posibilitó grandes avances en la navegación comercial y militar como la adopción de la brújula. Fue una época de gran expansión de la artesanía, concretamente las industrias textil y cerámica, acompañada de avances significativos en la metalurgia. Asimismo, se impulsó el desarrollo de la red navegable del río Yangzi, lo que facilitaba enormemente el transporte interno de mercancías.

La China Song fue, en definitiva, una sociedad más urbana y dinámica, centrada los intercambios comerciales y en una defensa de su territorio por lo general sustentada en precarios acuerdos de paz con sus pujantes vecinos. Todos estos cambios incidieron totalmente en la moneda de esta época, sobre todo en su producción. Y es que la expansión comercial y las reformas sociales expuestas más arriba exigían una monetización total de la economía china, lo que inevitablemente pasaba por aumentar la emisión de forma considerable. 

Monedas zhi ping yuan bao de 1064-67 del emperador Ying Zong
con dos estilos de escritura diferentes

De esta manera, los Song emitieron moneda a una escala sin precedentes. Para hacernos una idea, la producción de monedas cash pasó de alrededor de 500 millones de piezas anuales al principio de la dinastía a más de 5.000 millones anuales durante los años 1078-1085, durante el segundo periodo de Wang Anshi. Esta superproducción inundó las economías de países vecinos como Japón, Corea o Vietnam, haciendo innecesaria en muchos casos la producción local, pero demostró ser insuficiente para cubrir todos los intercambios comerciales, pues se generalizó el uso del papel moneda de forma paralela. No es de extrañar, pues una sociedad tan dinámica y móvil, que en muchos casos se desplazaba miles de kilómetros para efectuar intercambios,  necesitaba formas de pago más flexibles y cómodas. El estado asumió la emisión de papel moneda a partir de 1024 y, si bien sirvió para potenciar la economía privada, su uso generalizado contribuiría al caos monetario y la inflación característicos de los años de decadencia de los Song.

Monedas sheng song yuan bao de 1101-06 del emperador Hui Zong
con tres estilos de escritura diferentes

La moneda Song se basaba fundamentalmente en el modelo kai yuan tong bao de los Tang, si bien con un contenido menor de cobre (64 %, mezclado con un 27 % de plomo y un 9 % de estaño según Cast Chinese Coins de D. Hartill), aunque de peso y dimensiones similares. Los principales cambios que afectaron a la moneda Song fueron de tipo estético. Los caracteres situados arriba y abajo del anverso, indicativos de diferentes títulos imperiales, cambian en esta época con más frecuencia, aproximadamente cada cinco años. De esta forma, las monedas emitidas bajo el mandato de un mismo emperador pueden cambiar de inscripción varias veces dependiendo de la duración de su reinado. Durante el siglo XI se produjeron también monedas de 2 cash,  de un peso y tamaño aproximadamente doble al de 1 cash, con el fin de acelerar la disponibilidad de circulante. A principios del siglo XII, tras la caída de Wang Anshi, se intentó poner en circulación monedas fiduciarias de 10 cash, experimento de corta duración puesto que solo favoreció el fraude y la especulación.

Moneda de 10 cash  da guan tong bao de 1107
(Cast Chinese Coins, D. Hartill)
Pero lo más representativo, a mi juicio, de las monedas Song se encuentra en el estilo de su caligrafía. O, mejor dicho, en los diferentes estilos, verdadero deleite de los coleccionistas modernos. Durante esta era se utilizaron cinco estilos diferentes para reflejar los caracteres del anverso, tal y como podemos ver en las imágenes correspondientes a las monedas zhi ping yuan bao del emperador Ying Zong (producidas entre 1064 y 1067) o las sheng song yuan bao del emperador Hui Zong (producidas entre 1101 y 1106). Precisamente, en lo que a caligrafía se refiere, el emperador Hui Zong (1101-1125) tuvo un lugar muy destacado, ya que fue su propia caligrafía, conocida como “hilo de oro”,  la que se ve reflejada en una de las monedas cash más bellas que existen, la fiduciaria de 10 cash da guan tong bao de 1107-10. 

El periodo de los Song del norte acabaría precisamente con este emperador ante el avance del pueblo jurchen en el norte, que tras acabar con los kitan pasó al asalto del territorio Song a principios del siglo XII. Este objetivo se cumplió solo a medias, ya que uno de los hijos de Hui Zong consiguió escapar a Hangzhou en el sur en 1127 dando continuidad a la dinastía Song (conocida a partir de ahora como Song del sur) durante 150 años más, hasta el momento en que los mongoles se hicieran dueños y señores de la mayor parte del continente asiático.     

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

sábado, 10 de septiembre de 2016

MONEDAS SUPERSTICIOSAS (II)


Anverso del "Mercury dime" de 1940
Aunque normalmente nos alejemos de las supersticiones al considerarlas  como comportamientos irracionales, es normal darnos cuenta de que, en ocasiones, podemos caer en ellas. Al fin y al cabo, ¿cuántas veces hemos considerado como un buen augurio encontrar una moneda en el suelo, sin importar el poco valor que ésta tenga? o ¿en cuántas ocasiones hemos lanzado una moneda a una fuente con la esperanza de que nuestra suerte cambie a partir de ese momento? Ya en la anterior entrada sobre este tema vimos que las monedas reúnen una serie de características que hacen de ellas talismanes en potencia para los que las portan: son de pequeño tamaño y de materiales perdurables, poseen un valor teórico o real y suelen estar cargadas de simbolismo. A lo largo de la historia las monedas de plata han tenido un papel muy destacado como amuletos o protectores frente a la mala suerte o amenazas de tipo espiritual.


En Estados Unidos la moneda de 10 centavos (dime) de plata conocida popularmente como "Mercury dime" es famosa por representar este papel. Emitida por primera vez en 1916, poco antes de que el país iniciara su intervención en la Primera Guerra Mundial, pretendía plasmar junto con sus contemporáneas de cuarto y medio dólar formas artísticas novedosas, alejadas de la rigidez y formalidad que habían caracterizado a los diseños de Barber anteriores. La alegoría de la Libertad seguiría apareciendo en los nuevos diseños, pero de una forma completamente distinta, tanto que en el caso de la moneda de hoy mucha gente ni siquiera pudo identificarla correctamente como veremos a continuación. 

Reverso del "Mercury dime", con el fasces y la rama de olivo


Adolph Weinman fue el encargado en 1915 de diseñar la nueva moneda de diez centavos. Lo que pretendía plasmar este escultor en el anverso de la pieza era el concepto de libertad de pensamiento añadiendo alas al gorro frigio de la alegoría que representa la Libertad. El reverso, por su parte, reflejaría un fasces, símbolo romano de autoridad (aún no había sido concebido el fascismo en la vieja Europa, pero no tardaría en llegar) coronado con un hacha como símbolo de preparación para la guerra, aunque acompañado de una rama de olivo representando el deseo de paz. Tal y como hemos comprobado en numerosas ocasiones, la simbología numismática norteamericana está llena de estos pequeños detalles…


El apodo que recibió esta moneda nace, sin embargo, de un malentendido. Las alas en el gorro frigio de la Libertad confundieron a muchos particulares, que pensaron que se trataba del dios romano Mercurio, normalmente representado con un casco o gorro alado. Mercurio (Hermes en la mitología griega) era el dios del comercio y las finanzas, así como de las comunicaciones y los juegos de azar. Quizá por este motivo se asoció a esta moneda con la buena suerte económica, especialmente si reflejaba un año bisiesto (como la de la imagen), convirtiéndose en un popular amuleto en casinos y salas de juego.

El Mercury dime se emitió entre 1916 y 1945, año en que se decidió homenajear al recientemente fallecido presidente Roosevelt con unos nuevos  diez centavos (y también, curiosamente, fue el año en que el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial). La moneda continuó circulando hasta la década de 1960, momento en que las piezas de plata comenzaron a ser progresivamente retiradas. No obstante, el Mercury dime siguió su propio camino en los bolsillos de visitantes de casinos y, por supuesto en los álbumes de coleccionistas, que la consideran con razón como una de las piezas más bellas que jamás ha emitido el US Mint


https://en.wikipedia.org/wiki/Touch_piece



martes, 30 de agosto de 2016

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VII): GRECIA

Billete de 10 dracmas de 1940, con busto de Deméter, diosa
de la agricultura
Hace poco tuve el placer de hacerme con un par de billetes griegos emitidos en 1940, en los umbrales de la II Guerra Mundial. Me llamaron la atención por su semejanza a los notgeld o billetes de emergencia alemanes con un toque inequívocamente helenístico como podéis apreciar en las imágenes. No me sorprendió darme cuenta al analizarlos más de cerca que eran de fabricación germana, tal y como se indica en la parte inferior de su reverso. Lo que sí me sorprendió fue averiguar que al poco tiempo de su emisión se desencadenó una terrible hiperinflación cuyas causas se hallan en la traumática participación de Grecia en la guerra contra las potencias del Eje.

Desde 1940 Grecia había estado en el punto de mira de Mussolini dentro de sus planes de convertir a Italia en una potencia mediterránea. Si en 1936 quiso demostrar al mundo su poderío militar en la Guerra Civil española, a partir de 1939 sus ambiciones se trasladaron al Mediterráneo oriental. Tras la invasión de Albania, le tocó el turno a Grecia que, para desgracia de los italianos, no se resignaba a ser un país satélite. El intento de invasión de 1940 fue repelido con éxito lo cual supuso tanto para Mussolini como para sus aliados del Eje un golpe considerable en un momento en que sus éxitos militares parecían no tener fin. En Abril de 1941, pocos meses antes de la invasión de la Unión Soviética, Hitler quería asegurarse el flanco sur, lo que requería el sometimiento de Grecia: ya no se trataba de un capricho de Mussolini sino de un objetivo estratégico de los alemanes. La invasión del país por parte del Eje fue consumada a finales del mes, cuando las tropas italo-alemanas ocuparon la ciudad de Atenas frente a la tenaz pero insuficiente resistencia de unas tropas griegas asistidas por un limitado número de efectivos británicos.
Reverso de billete de 20 dracmas dde 1940, con la imagen
inconfundible del Partenón

Es en este contexto donde podemos encontrar el origen de la hiperinflación que motiva la entrada de hoy. Grecia, que había sido una economía próspera hasta 1940 (con un superávit en sus cuentas de 271 millones de dracmas en 1939) tuvo que hacer frente a una guerra en total inferioridad, a unas fuerzas de ocupación cuya única preocupación era el saqueo sistemático de los bienes del país y a una guerra de guerrillas contra los invasores que profundizó aún más la destrucción vivida. El gobierno títere responsable de la administración de las finanzas helenas tuvo que hacerse cargo del mantenimiento de las tropas del Eje estacionadas lo que, unido a la destrucción de la flota mercante nacional (una de las principales fuentes de ingresos del país), la desconexión de sus vías marítimas y la destrucción de una parte considerable de sus cosechas a causa de las acciones militares sumió a la economía griega en la ruina total. Ante la imposibilidad de acceder a los mercados de deuda y la reducción drástica de su base impositiva, el gobierno griego recurrió a lo poco de que disponía para financiarse: la emisión de dinero. La hiperinflación estaba servida.

Anverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

Esta hiperinflación comenzó oficialmente en Octubre de 1943 y alcanzó su punto álgido en Octubre de 1944, momento en que se situó en el 13.800 % mensual (17,9 % diario) y los precios necesitaban 4,27 días para doblarse. Históricamente se trata de la quinta inflación más alta de la historia contemporánea, por detrás de Hungría en 1946, Zimbabwe en 2009, Yugoslavia en 1992 y Alemania en 1922-23, casos todos ellos comentados con anterioridad en este blog. El billete de más alto valor facial que se llegó a emitir fue el de 100 billones de dracmas (un 1 seguido de once ceros) sin que en ningún momento se perdiera el gusto por los motivos clásicos. Es el caso del billete que podéis ver en las imágenes de 2 billones de dracmas (2 seguido de nueve ceros) que presenta en su anverso un interesante conjunto escultórico correspondiente al friso del Partenón.

Reverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

En Noviembre de 1944 las tropas alemanas abandonaron Grecia ante el avance de los soviéticos en Europa del este, lo que puso punto final a una brutal ocupación de más de tres años. El gobierno en el exilio regresó de inmediato para tratar de estabilizar la economía y devolver dentro de lo posible la normalidad al país. Una de sus primeras medidas consistió en hacer frente a la hiperinflación revalorizando el dracma de 50.000 millones a uno. La estabilización de los precios fue de las pocas medidas económicas exitosas del nuevo gobierno, ya que la revitalización productiva del país fue imposible en un contexto en que a la guerra mundial todavía en marcha habría que sumar una guerra civil que retrasaría unos años más su normalización política y económica. Pese a formar parte del bando vencedor, Grecia fue de las naciones peor paradas: al terminar la contienda, tres cuartas partes de su flota mercante estaban destruidas, con sus conexiones marítimas cortadas, alrededor de 2.000 poblaciones arrasadas y una disminución de un 25 % en su superficie cultivada. A todo ello hay que añadir la paralización de la importación de grano, que tuvo como consecuencia el padecimiento de hambre por parte de la población. Si las hiperinflaciones son en general experiencias para olvidar, el caso griego tuvo lugar en un contexto especialmente lamentable y doloroso. 




viernes, 5 de agosto de 2016

MONETA PATRIOTTICA

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1848 de 3 liras
Dentro de los billetes antiguos, de los que me declaro un auténtico apasionado, el que comparto hoy es ciertamente especial. Cualquier artículo numismático antiguo, sea en metal o en papel, tiene algo de especial, simplemente por resistir el paso del tiempo, por ser testigo mudo de épocas que ya nadie puede recordar, o por reflejar las circunstancias políticas o económicas del momento en que fue emitido. No obstante, los billetes de hoy son producto de un momento crucial en la Historia de la humanidad, que marca un antes y un después en el siglo XIX europeo: 1848.

Se trata de la moneta patriottica de Venecia, emitida bajo el mandato de uno de los iconos (aunque no de los más conocidos) del movimiento por la unificación italiana: Daniele Manin. A medida que se iba acercando la mitad del siglo XIX las potencias europeas se daban cuenta de que mantener el statu quo establecido tras el Congreso de Viena de 1815, basado en el absolutismo como forma de gobierno, se hacía más complicado. Los movimientos liberales, combinados con nacionalismos de nuevo cuño y un incipiente movimiento obrero se iban abriendo paso entre diferentes capas de la población. Factores como los avances tecnológicos (especialmente la invención del ferrocarril), el fenómeno de la industrialización y la fluidez del comercio facilitaban la difusión de las ideas liberales, que propugnaban la soberanía nacional, la división de poderes y la igualdad ante la ley. 

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1 lira
En aquellos momentos, liberalismo y derechos de las nacionalidades eran conceptos estrechamente unidos. Salvo en contadas excepciones como la francesa, estado (como organización política territorial) y nación (como sentimiento de pertenencia a una comunidad) no coincidían por lo general. Algunos estados como el Imperio Austriaco o el Imperio Ruso eran plurinacionales y ciertas nacionalidades, como la polaca, se repartían entre varios estados. En el caso de Italia la fragmentación era consecuencia de las decisiones tomadas tras el Congreso de Viena: Austria tenía la región del Lombardo-Véneto bajo control directo y los ducados de Parma, Módena y Toscana bajo su influencia. Los estados pontificios y Nápoles-Dos Sicilias eran independientes pero tendentes a respetar el orden establecido. Las esperanzas de unificación se centraban pues en el estado de Piamonte-Cerdeña al noroeste, monarquía de tendencias liberales con un peso demográfico, económico y militar capaz de impulsar una empresa de estas características. Pensadores como Mazzini defendían que la única manera en que los ciudadanos podían alcanzar un régimen de libertades era a través de su concienciación como nación, pues solo así se librarían de la opresión de potencias externas o de gobiernos absolutistas.

1848 fue el año en que todas las tensiones latentes entre absolutismo y liberalismo se manifestaron en el continente europeo, pero no puede decirse que fuera un hecho inesperado. En la península italiana el movimiento político y  cultural conocido como Risorgimento llevaba décadas gestándose, y sociedades como los carbonarios defendían simultáneamente reivindicaciones liberales con la idea de una Italia unida. Aunque las tendencias políticas y los medios a utilizar podían diferir, los patriotas italianos tenían una idea muy clara: Austria era el freno a todas sus aspiraciones.

Reverso del billete de 3 liras
Venecia, y por extensión toda la región del Lombardo-Véneto, era la ejemplificación de esto último. La antigua Serenísima República había quedado anexionada a Austria tras el Congreso de Viena, y sus demandas de autonomía no habían sido escuchadas. Venecia no había sido ajena a las influencias liberales y nacionalistas, de tal forma que sus habitantes, descontentos con la ocupación austriaca, decidieron subirse al carro revolucionario de 1848 para reafirmar su independencia de Austria primero y su adhesión al movimiento unificador italiano después.

La difícil tarea de enfrentarse al gigante centroeuropeo recayó en Daniele Manin, abogado, intelectual y activista por la unificación italiana y el final de la tutela austriaca. Tras una serie de éxitos iniciales durante la primavera de 1848  en los que consiguió liberar Venecia y la mayor parte de las provincias del interior, una serie de errores de cálculo (como por ejemplo la falta de reacción ante la huida de la flota austriaca o la incapacidad de formar un ejército local más allá de milicias voluntarias) unidos a la falta de coordinación con las demás fuerzas italianas partidarias de la unificación llevó a la nueva república veneciana de San Marcos a pasar a la defensiva primero  y a protagonizar una resistencia agónica después. Venecia era muy dependiente de la asistencia externa, especialmente del reino de Piamonte-Cerdeña, que en aquel momento trataba de liderar el movimiento de unificación de todos los estados de la península. No obstante, las diferencias entre los distintos soberanos acerca de la fórmula de gobierno para una eventual Italia unificada imposibilitaron un acuerdo en este sentido, dejando al Piamonte literalmente solo frente a Austria. Pese a que la asamblea veneciana votó mayoritariamente a favor de la unión con Piamonte en Agosto de 1848, esto no fue más que un acto simbólico porque el reino sardo, que había sufrido severas derrotas militares, solo buscaba una paz honorable con Austria, lo que implicaba desentenderse de Venecia. Tras un largo y agónico asedio, acompañado de infructuosas negociaciones, Manin entregó la ciudad a los austriacos en Agosto de 1849, y partió al exilio a Francia.

Detalle del sello del reverso
Durante este breve periodo, lleno de incertidumbre y con la amenaza constante de quiebra financiera, se estableció un Banco de Venecia con la ayuda de banqueros y empresarios locales en Julio de 1848. Esta institución contaba con un capital de 4 millones de liras y la autorización de emitir papel moneda para la circulación, concretamente billetes de 1, 2, 3, 5 y 100 liras. Esta moneta patriottica presenta un atractivo diseño, pese a las circunstancias de emergencia en la que fue emitida. Dos de estos billetes pueden verse en la entrada de hoy. El de 1 lira muestra un borde profusamente ornamentado, coronado con el león de San Marcos y el escudo del ducado de Milán, integrando así la parte lombarda en el conjunto. El de 3 liras, por su parte, refleja unos fabricantes de moneda (a modo de querubines sin alas), uno portando las herramientas necesarias (cuño y martillo) y el otro la báscula, flanqueados por los escudos de Venecia y del ducado de Milán. Los reversos están desprovistos de diseño alguno, pero cuentan con el sello del banco (controleria) que contiene, de nuevo, el león de San Marcos, símbolo por excelencia de la ciudad. 


La revolución de 1848 se saldó con un fracaso para los partidarios de la unificación, pero como reza el dicho popular, no importa tanto cómo comienza algo, sino cómo termina. Puede decirse que estas jornadas supusieron un ensayo general para una revolución que pocos años más tarde iba a desembocar, esta vez sí, en una auténtica unificación italiana. Manin no pudo presenciar este momento, pues falleció en París en 1857, pero logró asegurarse un hueco preeminente en la historia de Italia como uno de los que la hizo posible. 

Renouvin, P. Historia de las Relaciones Internacionales, AKAL (2ª Edición), Madrid 1990


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