viernes, 26 de octubre de 2012

MONEDAS PRIVADAS (II): LA COMPAÑÍA HOLANDESA DE LAS INDIAS ORIENTALES

Cuando el pasado mes de Junio publiqué un post sobre las monedas de la Compañía Británica de las Indias Orientales, Daniel, un lector argentino, me proporcionó la idea de seguir investigando acerca de otras “monedas privadas”, puesto que otras compañías de similares características florecieron durante la época dorada del mercantilismo (siglos XVII-XVIII).
Anverso de un duit de cobre de la VOC. Mide 21 mm, 

 y pesa 2,80 grs. 


Es el caso de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC por sus siglas en holandés: Vereenigde Oost-Indische Compagnie), constituida en el año 1602 por un grupo de notables hombres de negocios y empresas comerciales independientes cuyo fin principal consistió en asegurar el acceso a los mercados de especias en Asia de forma preferente, poniendo de paso fin al monopolio portugués. Esta Compañía recibió un acta de constitución por parte de la República Holandesa que le confería poderes propios de un estado: reclutar ejércitos, formar alianzas, nombrar gobiernos locales, impartir justicia y, cómo no, acuñar moneda propia. La VOC estableció su centro de operaciones en Batavia, la actual Yakarta (Indonesia) y pronto estableció enclaves comerciales y factorías en toda Asia: Persia, India, Indonesia, China e incluso Japón, con diferencia el país menos accesible a los mercados europeos.

viernes, 19 de octubre de 2012

DÓLARES DE PLATA

Certificado de plata de 1935 (arriba) frente a billete de dólar de 2006
(abajo) ¿Encontramos las diferencias?
El título de la entrada de hoy puede resultar desconcertante, puesto que no voy a hablar sobre esas enormes monedas con la efigie de la Libertad o, más recientemente, del Presidente Dwight Eisenhower. Me refiero a los certificados de plata, o "silver certificates", tan parecidos al billete actual de dólar. Tanto, que podríamos hoy en día recibir uno en el cambio y no darnos cuenta.

Los certificados de plata surgieron en 1878 como resultado de la presión de ciertos grupos de interés (concretamente compañías mineras) contra una ley de 1873 que consagraba al oro como el único patrón de convertibilidad del dólar. A partir de ese momento, todo aquel que tuviera en su poder uno de estos certificados podía cambiarlo en el banco por su valor en plata, generalmente en monedas o lingotes. Su emisión fue declinando progresivamente, más aún cuando en 1963 se empezaron a imprimir los actuales billetes de dólar de la Reserva Federal, no intercambiables por plata. En el año 1968, ante la amenaza que supuso a la estabilidad monetaria el aumento del precio de la plata, el Congreso decidió poner fin a la convertibilidad de estos certificados.

viernes, 12 de octubre de 2012

LOS MANDAT: EL DECLIVE DE LA REVOLUCIÓN

Billete mandat de 25 francos de 1796 
Como ya vimos en marzo en la entrada dedicada a los assignat, la errática política económica de los gobiernos de la Francia revolucionaria de la última década del siglo XVIII desembocó en la primera hiperinflación conocida. La impresión indiscriminada de assignats, papel moneda que en un principio surgió como una forma de financiar la deuda pública con el respaldo de las tierras confiscadas al clero y la nobleza, hizo que el valor de éstos billetes se redujera a la mínima expresión. En muchos casos, de hecho, su valor fue inferior al papel sobre el que eran impresos; no es de extrañar por tanto que se suprimieran definitivamente a principios de 1796.

viernes, 5 de octubre de 2012

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (II): ZIMBABWE

Tal y como adelanté hace unas semanas, hoy dejo caer un ejemplo más reciente sobre los desastrosos efectos de la hiperinflación. Se trata de Zimbabwe, país que protagonizó en 2007-2008 el primer caso de hiperinflación del siglo XXI. Las imágenes que adjunto hablan por sí solas: el valor facial de sus billetes alcanzó nada menos que los 100 trillones de dólares (100 seguido de 12 ceros)

Billetes de 100 y 50 trillones de Z$ de 2009.
El valor facial no pudo subir más...
Es necesario aclarar que la acepción anglosajona de billones y trillones es distinta a la que tenemos en España. En muchos países, un billón equivale a mil millones (1 seguido de 9 ceros), mientras que un trillón equivale a 1 millón de millones (1 seguido de 12 ceros). Para nosotros, un billón equivale a 1 millón de millones (es decir, el trillón anglosajón) mientras que un trillón asciende nada menos que a 1 millón de billones (es decir, 1 seguido de 18 ceros)

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