EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VI): LA UNIÓN SOVIÉTICA

El traumático periodo que convulsionó el antiguo Imperio Ruso durante prácticamente una década dejó, como hemos podido comprobar en otras muchas ocasiones, un interesante legado numismático. Todos aquellos coleccionistas interesados en billetes de hiperinflación, billetes locales o emisiones militares, por citar tres ejemplos, no pueden pasar por alto la Rusia revolucionaria. Durante los años comprendidos entre 1914 y 1924 este país conoció una guerra mundial, una guerra civil, la intervención extranjera y dos revoluciones, algo inimaginable para los europeos que hemos llegado a una edad adulta a finales del siglo XX o a principios del XXI.  

Anverso de billete de 100.000 rublos de 1921


Una espiral inflacionaria no era algo exclusivo de Rusia. Todas las potencias beligerantes conocieron este fenómeno (con la única excepción de Gran Bretaña) debido sobre todo a al enorme esfuerzo económico que ocasionaba la guerra de 1914. Países como Francia, Alemania, o Austria-Hungría debieron recurrir a la impresión de papel moneda sin respaldo en oro con el fin de compensar sus déficits presupuestarios. Rusia tenía el agravante de ser un país con menos renta per capita que otras potencias, lo cual le reportaba menos ingresos mediante impuestos, pero su situación monetaria no ra muy diferente de la de sus vecinos europeos.

De hecho, como bien sabemos, no fue el único país que durante estos años conoció la hiperinflación. Pese a que no se le puede considerar estrictamente como un país derrotado, ya que los bolcheviques de Lenin firmaron la paz por separado con los imperios centrales en 1917, sí comparte muchas similitudes con los perdedores: la pérdida de territorio, con la consiguiente limitación de recursos y capacidad de producción, la destrucción de infraestructura, la inestabilidad política y una errática política económica fueron factores que condujeron a la hiperinflación, pero en el caso ruso tuvo lugar un hecho diferencial: la introducción del comunismo en la política económica. O, mejor dicho, el llamado "comunismo de guerra". 

El comunismo de guerra no era solo la apuesta bolchevique para hacer frente de la forma más eficiente posible a la guerra civil que estalló a los pocos meses de la Revolución de Octubre. Constituía también la ocasión perfecta para poner en práctica las tesis desarrolladas por Karl Marx unas décadas antes. El sistema comunista pretendía desarrollar una organización económica y una asignación de recursos centralizada únicamente en el poder político, esperando corregir así las desigualdades y desequilibrios del capitalismo en favor de las clases trabajadoras. En un sistema como este, pensaban sus promotores, el dinero sería innecesario, pues todas las transacciones se podrían hacer en bienes y servicios. Una especie de trueque posmoderno en el que los trabajadores no necesitarían un salario porque el estado les proporcionaría todo lo necesario y los medios de producción controlados por el estado sabrían asignar los recursos de forma racional, atendiendo a las necesidades del momento. 

Reverso del mismo billete, de diseño simple

Todo esto se puso en práctica entre los años 1918 y 1921. En Mayo de 1919 el gobierno de Lenin, en plena guerra civil contra los ejércitos blancos, autorizó al Banco del Pueblo a imprimir tanto dinero como considerase necesario, lo cual, como podemos imaginar, disparó la inflación a cotas nunca vistas. Pasó del 598 % en 1918 al 1.376 % en 1919, En 1920 la subida sería menor pero 1921 vio un incremento del 1.614 % y 1922, momento álgido de la hiperinflación, un 7.196 %. El dinero en circulación aumentó en más de un 300 % en 1919, pero aún ascendió un 419 % en 1920, un 1.400 % en 1921, un 11.268 % en 1922 y un 8.850 % en 1923. Al mismo tiempo, se intentaba llevar a la práctica una política económica absolutamente centralizada que imposibilitaba la iniciativa privada, en la que la producción agrícola era literalmente confiscada a los campesinos para abastecer a un ejército en guerra, y en que los escasos fondos que el estado podía recaudar no cubrían ni por asomo todo el descomunal gasto público que estas políticas traían consigo. 

El comunismo de guerra probó ser tremendamente ineficiente, pues no solo creó un caos monetario sin precedentes sino que no consiguió satisfacer las necesidades básicas de la población, ni aumentar la producción agrícola o industrial. Los líderes revolucionarios se dieron cuenta de que era necesario revisar el nuevo sistema que se quería imponer, que debía apostar por una moneda estable y una economía que combinara la centralización con la iniciativa privada. Nacía así la llamada Nueva Política Económica, que consiguió al menos devolver cierta estabilidad económica al país y sentar las bases de un posterior crecimiento económico. 

Pese a que la política impuesta por el comunismo de guerra no consiguió generar más que desorden, no es habitual encontrar denominaciones muy altas en las emisiones. La que veis en esta entrada es de 100.000 rublos y, superiores a esa solo he podido encontrar alguna de un millón y diez millones. Son además de un diseño muy austero, acorde con los tiempos difíciles y el lugar en que fueron emitidos, nada que ver con la Alemania de la misma época, por citar un ejemplo contemporáneo bien conocido por todos. 

Para ver más emisiones de la incipiente Unión Soviética os paso este enlace http://www.atsnotes.com/catalog/banknotes/russia.html

Sobre las vicisitudes económicas de la Rusia revolucionaria, os recomiendo este interesante artículo: 
Steven M. Efremov, The Role of Inflation in Soviet History: Prices, Living Standards and Political Change, Digital Commons @ East Tennessee State University, August 2012


Comentarios

  1. Muy buena serie esta sobre la hiperinflacción, no conocía las consecuencias en la Unión Soviética, aunque tiene mucho sentido ,muy bien explicado, mucgas gracias!!

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    1. Muchas gracias Jose, si algo he aprendido desde que escribo aquí es que los periodos de hiperinflación ofrecen muchas lecciones para el futuro, así como interesantes billetes y monedas. Un saludo,

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