martes, 30 de agosto de 2016

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VII): GRECIA

Billete de 10 dracmas de 1940, con busto de Deméter, diosa
de la agricultura
Hace poco tuve el placer de hacerme con un par de billetes griegos emitidos en 1940, en los umbrales de la II Guerra Mundial. Me llamaron la atención por su semejanza a los notgeld o billetes de emergencia alemanes con un toque inequívocamente helenístico como podéis apreciar en las imágenes. No me sorprendió darme cuenta al analizarlos más de cerca que eran de fabricación germana, tal y como se indica en la parte inferior de su reverso. Lo que sí me sorprendió fue averiguar que al poco tiempo de su emisión se desencadenó una terrible hiperinflación cuyas causas se hallan en la traumática participación de Grecia en la guerra contra las potencias del Eje.


Desde 1940 Grecia había estado en el punto de mira de Mussolini dentro de sus planes de convertir a Italia en una potencia mediterránea. Si en 1936 quiso demostrar al mundo su poderío militar en la Guerra Civil española, a partir de 1939 sus ambiciones se trasladaron al Mediterráneo oriental. Tras la invasión de Albania, le tocó el turno a Grecia que, para desgracia de los italianos, no se resignaba a ser un país satélite. El intento de invasión de 1940 fue repelido con éxito lo cual supuso tanto para Mussolini como para sus aliados del Eje un golpe considerable en un momento en que sus éxitos militares parecían no tener fin. En Abril de 1941, pocos meses antes de la invasión de la Unión Soviética, Hitler quería asegurarse el flanco sur, lo que requería el sometimiento de Grecia: ya no se trataba de un capricho de Mussolini sino de un objetivo estratégico de los alemanes. La invasión del país por parte del Eje fue consumada a finales del mes, cuando las tropas italo-alemanas ocuparon la ciudad de Atenas frente a la tenaz pero insuficiente resistencia de unas tropas griegas asistidas por un limitado número de efectivos británicos.
Reverso de billete de 20 dracmas dde 1940, con la imagen
inconfundible del Partenón

Es en este contexto donde podemos encontrar el origen de la hiperinflación que motiva la entrada de hoy. Grecia, que había sido una economía próspera hasta 1940 (con un superávit en sus cuentas de 271 millones de dracmas en 1939) tuvo que hacer frente a una guerra en total inferioridad, a unas fuerzas de ocupación cuya única preocupación era el saqueo sistemático de los bienes del país y a una guerra de guerrillas contra los invasores que profundizó aún más la destrucción vivida. El gobierno títere responsable de la administración de las finanzas helenas tuvo que hacerse cargo del mantenimiento de las tropas del Eje estacionadas lo que, unido a la destrucción de la flota mercante nacional (una de las principales fuentes de ingresos del país), la desconexión de sus vías marítimas y la destrucción de una parte considerable de sus cosechas a causa de las acciones militares sumió a la economía griega en la ruina total. Ante la imposibilidad de acceder a los mercados de deuda y la reducción drástica de su base impositiva, el gobierno griego recurrió a lo poco de que disponía para financiarse: la emisión de dinero. La hiperinflación estaba servida.

Anverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

Esta hiperinflación comenzó oficialmente en Octubre de 1943 y alcanzó su punto álgido en Octubre de 1944, momento en que se situó en el 13.800 % mensual (17,9 % diario) y los precios necesitaban 4,27 días para doblarse. Históricamente se trata de la quinta inflación más alta de la historia contemporánea, por detrás de Hungría en 1946, Zimbabwe en 2009, Yugoslavia en 1992 y Alemania en 1922-23, casos todos ellos comentados con anterioridad en este blog. El billete de más alto valor facial que se llegó a emitir fue el de 100 billones de dracmas (un 1 seguido de once ceros) sin que en ningún momento se perdiera el gusto por los motivos clásicos. Es el caso del billete que podéis ver en las imágenes de 2 billones de dracmas (2 seguido de nueve ceros) que presenta en su anverso un interesante conjunto escultórico correspondiente al friso del Partenón.

Reverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

En Noviembre de 1944 las tropas alemanas abandonaron Grecia ante el avance de los soviéticos en Europa del este, lo que puso punto final a una brutal ocupación de más de tres años. El gobierno en el exilio regresó de inmediato para tratar de estabilizar la economía y devolver dentro de lo posible la normalidad al país. Una de sus primeras medidas consistió en hacer frente a la hiperinflación revalorizando el dracma de 50.000 millones a uno. La estabilización de los precios fue de las pocas medidas económicas exitosas del nuevo gobierno, ya que la revitalización productiva del país fue imposible en un contexto en que a la guerra mundial todavía en marcha habría que sumar una guerra civil que retrasaría unos años más su normalización política y económica. Pese a formar parte del bando vencedor, Grecia fue de las naciones peor paradas: al terminar la contienda, tres cuartas partes de su flota mercante estaban destruidas, con sus conexiones marítimas cortadas, alrededor de 2.000 poblaciones arrasadas y una disminución de un 25 % en su superficie cultivada. A todo ello hay que añadir la paralización de la importación de grano, que tuvo como consecuencia el padecimiento de hambre por parte de la población. Si las hiperinflaciones son en general experiencias para olvidar, el caso griego tuvo lugar en un contexto especialmente lamentable y doloroso. 




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