miércoles, 30 de noviembre de 2016

UCRONÍA NUMISMÁTICA

Corona de fantasía de Eduardo VIII de 2006 que conmemora el
70 aniversario de su reinado
Todo aficionado o estudioso de la historia, como es el caso del que aquí escribe, es en mayor o menor medida aficionado a la ucronía, o aquella reconstrucción histórica basada en hechos posibles pero que realmente no han sucedido. A lo largo de la Historia han tenido lugar muchos momentos clave, decisivos en la formación de acontecimientos posteriores, pero que cuando se analizan es fácil caer en la cuenta del peso del azar o los imponderables en el resultado final. Muchas veces un acontecimiento histórico de gran relevancia ha dependido de la puntería de un tirador (la historia de Estados Unidos está llena de ejemplos sobradamente conocidos en este sentido) de las condiciones climatológicas (por ejemplo, la derrota de la Armada Invencible) o de errores de cálculo más o menos patentes (como los muchos que cometió Hitler en su gestión de los asuntos militares). Así, es inevitable preguntarnos con cierta frecuencia: ¿y si las cosas hubieran ocurrido de otra manera?


Reverso de la corona de fantasía de Eduardo VIII
El género de la ucronía (what if en inglés) ha sido muy cultivado en los últimos años, aunque dista mucho de ser nuevo. Construir un pasado o presente alternativo en base a unos acontecimientos que jamás tuvieron lugar pero que podrían haber ocurrido conduce siempre a la reflexión acerca de la importancia de las consecuencias de cualquier acción (o no-acción) así como de la fragilidad que muchas veces domina nuestra toma de decisiones. La literatura de ficción está llena de ejemplos de ucronías, sobre todo en el mundo anglosajón. Una de las más conocidas es "Patria" (Fatherland) de Robert Harris, que narra una historia de intriga política al más alto nivel con un hipotético Berlín nazi de 1964 como telón de fondo. Los finales alternativos de la II Guerra Mundial siempre han proliferado, como demuestra la novela de Philip K. Dick “El Hombre en el Castillo” (The Man in the High Castle) o la más reciente de C.J.Sansom “Dominación” (Dominion). Cambiando de temática, resulta especialmente interesante la novela “Día de Resurrección” (Resurrection Day) de Brendan Dubois, ambientada en  un Boston de 1972 que conmemora los 10 años de la breve guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética a propósito de la crisis de los misiles cubanos. Dentro de nuestras fronteras, es recomendable “En el Día de Hoy” de Jesús Torbado que describe los meses posteriores a una hipotética victoria republicana en la guerra civil en 1939 muchas veces desde la mirada de un Hemingway para el que “Madrid era una fiesta".

El curso de la Historia siempre afecta en mayor o menor medida al dinero. Muchas veces no he podido evitar preguntarme ¿cómo hubieran sido las monedas y billetes en estos escenarios alternativos? No he investigado mucho al respecto, pero dada la proliferación de dinero de fantasía para coleccionistas, me extraña que no se le haya ocurrido a nadie, por ejemplo, diseñar un billete español de 1953 con Picasso en el anverso y su Guernica en el reverso, o marcos alemanes de 1922 con la efigie desafiante y un tanto altiva del káiser Guillermo. No obstante, gracias (cómo no) a Coincraft he encontrado una interesante moneda que nunca existió: una corona con el busto de Eduardo VIII de Inglaterra, tío de la actual soberana.

El reinado de Eduardo VIII en aquel convulso año de 1936 fue breve (apenas 10 meses) pero dejó una profunda huella en la familia real británica y en el llamado establishment, ya que dio origen a una crisis constitucional sin precedentes. Pese a ser una figura bastante popular debido a su carácter informal y cercano, causaba preocupación su dejadez en relación con sus obligaciones de futuro jefe de estado y líder de la Iglesia Anglicana. Su acceso al trono a la muerte de su padre Jorge V en Enero de 1936 estaba plagado de incógnitas acerca de su futuro comportamiento como monarca, máxime si tenemos en cuenta que a la edad de 41 años aún no había contraído matrimonio.

Penique de 1936. Aunque lleve la efigie de Jorge V,
seguramene se emitió durante el reinado de Eduardo
El problema vino en el momento en que Eduardo dejó clara su intención irrenunciable de casarse con Wallis Simpson, norteamericana de la alta sociedad que presentaba el pequeño inconveniente de estar casada en ese momento. Por si esto fuera poco, se trataba de una mujer que ya se había divorciado anteriormente, lo cual le imposibilitaba el acceso al trono a ojos de una sociedad aun fuertemente influenciada por los valores morales victorianos. Tras varios infructuosos intentos por parte del gobierno de Baldwin de convencer al rey de que renunciara a su romance con Wallis o de encontrar una solución intermedia (se consideró brevemente la posibilidad de un matrimonio morganático) Eduardo optó por la decisión más drástica e inédita en la historia milenaria de Inglaterra: renunciar voluntariamente al trono en favor de su hermano Jorge, abdicación que se hizo efectiva el 10 de Diciembre de 1936.

Uno de los privilegios a los que renunció Eduardo por amor  fue a ser inmortalizado en las monedas de su época. A la muerte de un monarca el heredero o heredera le sucede automáticamente, no obstante la celebración oficial de coronación tiene lugar algún tiempo después. La de Eduardo VIII estaba prevista para 1937, y solo entonces las monedas con su efigie empezarían a circular. Al no llegar nunca este momento, las emisiones de prueba que se habían preparado fueron guardadas y largamente olvidadas hasta fechas relativamente recientes. Para los coleccionistas interesados en la moneda británica del reinado de Eduardo VIII existen sin embargo dos opciones. Una, hacerse con monedas de fantasía como esta atractiva corona (cuarto de libra) de cuproníquel. Otra, adquirir monedas de 1936 con la efigie de Jorge V como el penique de la imagen, dado que con casi total seguridad, cualquier moneda emitida durante ese año corresponde a su breve reinado.

Reverso del penique de 1936
La vida de Eduardo tras la abdicación tuvo sus altibajos. En 1937 se casó con Wallis, que había conseguido su segundo divorcio poco antes gracias a un adulterio fingido de su comprensivo esposo. No obstante, ese año marcaría en gran medida su reputación para el resto de su vida, ya que su controvertida visita a Alemania le hizo ser tildado de pro-nazi en muchos círculos. Sus simpatías hacia el III Reich son aún hoy objeto de controversia, pues es posible que, como muchas personas de su generación, se dejara engatusar  por la propaganda de aquel régimen. Muchos dicen que, de haber continuado como rey su actuación tras el estallido de la II Guerra Mundial hubiera sido muy diferente a la de su hermano, lo cual podría haber influido en la formación de un gobierno apaciguador en 1940 en lugar de un gabinete que plantara cara a los alemanes. No creo que esta hipótesis pueda tomarse como una certeza, ya que el poder de decisión de la corona se encontraba ya muy limitado en aquel momento, por lo que es dudoso pensar que las intenciones de Eduardo podrían haber influido decisivamente en el curso de los acontecimientos. Eso sí, en el universo de "Patria" de Robert Harris Eduardo recupera el trono en 1945 tras la hipotética victoria  alemana, con lo que es rey en 1964 con su sobrina Isabel exiliada en Canadá reclamando sus derechos al trono. Teniendo en cuenta que Eduardo falleció en 1972 sin descendencia, los problemas sucesorios que hubieran acompañado a Eduardo en este contexto hubieran seguramente causado una crisis constitucional aún mayor que la de 1936.

En cualquier caso, una minucia comparada con lo que habría supuesto una Inglaterra derrotada, con coronas similares a la de la imagen circulando entre la desmoralizada ciudadanía británica…  

Bates, S. Edward VIII and Wallis. A king at war with his country en BBC History Magazine, January 2016

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Translate