martes, 10 de enero de 2017

MONEDAS CASH DE LOS MING (II)

Moneda chong zhen tong bao
del último emperador Ming (1628-1644)
 
En mi despedida del recién finalizado 2016 mencioné expresamente como una de las curiosidades del año la moneda cash china, ya que mis contribuciones en el Numismático Digital desde el mes de Mayo me han permitido realizar un recorrido a través de toda su historia que como bien sabéis se remonta, sin apenas interrupciones, al siglo III a.C. Me gustaría estrenar este 2017 con una breve reseña acerca de las piezas del final de la dinastía Ming, periodo comprendido entre el final del siglo XVI y mediados del XVII. En lo que a la moneda se refiere, la era Ming (1368-1644), recordemos, fue una época en que la emisión de moneda cash fue por lo general discontinua y su empleo relegado frente a otras formas de dinero como los lingotes de plata o el papel moneda. 

Pese a encontrarse en una situación de decadencia generalizada, China experimentó una cierta recuperación a finales del siglo XVI. Durante el reinado del emperador Wanli (1573-1619) su ministro Zhang Juzhong adoptó una serie de reformas encaminadas a recuperar el terreno perdido tratando de controlar los niveles de corrupción en la administración y realizando un nuevo censo de tierras tributables para incrementar los ingresos del estado. Al mismo tiempo, mejoró la navegación por el Gran Canal regulando los cursos de los ríos Huai y Amarillo  y manteniendo sus diques de forma eficaz. No obstante, tras su muerte en 1582 los eunucos volvieron a controlar los resortes del poder y estas reformas cayeron en el olvido.

Un ejército cada vez menos eficaz y en manos de mercenarios tuvo la responsabilidad de ocuparse de varios conflictos externos e internos en las últimas décadas de la dinastía. Dentro del país los Ming tuvieron que hacer frente a finales del siglo XVI a la secesión de la región de Ningxia en el curso superior del río Amarillo y a una rebelión organizada en Guizhou por las minorías étnicas de la zona. En el exterior, cabe destacar los enfrentamientos con los japoneses a propósito de la invasión de éstos de la península de Corea. Todos estos enfrentamientos se saldaron a favor de China, pero a un coste muy elevado. Las únicas medidas que implementó la dinastía para compensar el déficit creado consistieron en el aumento de la presión fiscal sobre el campesinado, ya de por sí elevada, y el incremento en las tasas comerciales, que provocó la inmediata protesta de las empresas artesanales. El descontento social era tangible durante las primeras décadas del siglo XVII, y a partir de 1627 se sucedieron una serie de insurrecciones que terminarían con la dinastía en 1644, todo ello mientras los manchúes, sucesores de las tribus jürchen que fundaron la dinastía Jin  en el norte de China durante el siglo XII, iban tomando posiciones a la espera de su definitiva caída.


En efecto, la rebelión en la provincia de Shaanxi de 1627 por parte de las tropas imperiales, a las que se debían innumerables atrasos y no llegaba avituallamiento, prendió la mecha de las insurrecciones por todo el país organizadas por sectores del ejército así como por diversos grupos afectados por la crisis económica y una deficiente administración, muy notablemente el campesinado. Pocos años más tarde, varias provincias se liberaron del control de Beijing y dos líderes (Li Zicheng y Zhang Xianzhong) se repartieron el control del norte y el sur de la zona rebelde respectivamente.


Moneda emitida por el rebelde Sun Kewang, sucesor de Zhang Xianzhong (1648-1657). 
El reverso muestra un valor de 5 li de plata, es decir, unos 0,2 grs. de este metal 
(Early World Coins, R. Tye)

En 1644 Li Zicheng entró en Beijing mientras el último emperador Ming Chongzen se quitaba la vida. Aprovechando la confusión el general Wu Sangui al mando de las tropas del norte se alió con los manchúes para hacerse a su vez con el trono imperial y deshacerse de Li Zicheng, que huyó hacia el sur hasta ser capturado y muerto al año siguiente. Zhang Xianzhong, por su parte, murió en combate contra las tropas manchúes en 1646. Wu Sangui no consiguió su propósito de convertirse en emperador, aunque los nuevos señores de China le recompensaron con el gobierno de la provincia de Yunnan al sur del país, donde gobernó en muchos aspectos como un soberano independiente durante las siguientes décadas. Los focos de rebelión, capitaneados por nobles cercanos a la moribunda dinastía Ming, persistirían durante algún tiempo, pero los manchúes no tardarían en hacerse con el control total de todo el territorio chino.


Durante la era Wanli se retomó la emisión a gran escala de piezas de cobre, tratando de devolver a ésta una cierta continuidad. Sin embargo, esta emisión tuvo que enfrentarse a numerosos problemas desde el comienzo, como el alto precio del metal, la falta de trabajadores cualificados y las deficiencias en la distribución de moneda. Poco después del reinado del  emperador Wanli se llevó a cabo un intento por emitir monedas por valor de 10 cash, aunque la idea fue abandonada al poco tiempo cuando las nuevas piezas vieron su peso sensiblemente disminuido. El asunto de la calidad en las emisiones Ming siempre fue una preocupación para las autoridades monetarias. Para hacernos una idea, a principios del siglo XVII la ceca de Nanjing dividía sus emisiones en cuatro categorías dependiendo de su calidad. Así, las de mayor calidad eran las yang qian o “moneda del norte”, con el peso que les correspondían de 1 qian (alrededor de 3,5 grs.) y utilizadas para el pago del señoreaje en  Beijing; en el escalón siguiente nos encontramos con las feng qian, de un peso algo inferior y utilizadas para el pago de salarios oficiales; tras éstas, una moneda de tercera categoría destinada a la circulación general; y finalmente las shang qian, de poco peso, mala calidad y gran fragilidad, no muy distintas a las piezas de emisión privada que habían proliferado durante gran parte de la dinastía.


La generalización de monedas de mala calidad así como de emisiones privadas a finales de la dinastía contribuyeron al desprestigio de la moneda de cobre, parejo al del propio poder imperial. Para completar este caótico escenario, debemos añadir las emisiones locales que los rebeldes Li Zicheng y Zhang Xianzhong y sus sucesores pusieron en marcha en los territorios bajo su control. Igualmente,  miembros de la familia imperial que trataron de hacer efectivos sus derechos al trono emitieron monedas durante periodos más o menos breves de tiempo, como los príncipes Lu (entre 1644 y 1646), Fu (entre 1644 y 1645) y Yongming (entre 1646 y 1659). Muchas de estas monedas, no obstante, presentan una interesante peculiaridad: en sus reversos puede apreciarse su valor en plata (normalmente ínfimo), sin duda una manera de devolver cierto prestigio al circulante de cobre y garantizar a los particulares una conversión a la plata libre de abusos y arbitrariedades.

Monedas emitidas en las zonas controladas por Wu Sangui (izda. y centro)
entre 1674 y 1678 y su sucesor Wu Shifan (dcha:) entre 1679 y 1681


Décadas después de estos acontecimientos y una vez asentado el poder de los manchúes bajo la dinastía Qing, una rebelión por parte de varios antiguos generales Ming (Wu Sangui el más notable de ellos) que habían sido relevados de sus responsabilidades de gobierno desestabilizó a la nueva dinastía durante el periodo comprendido entre 1673 y 1681. Los rebeldes emitieron su propia moneda de cobre, basada por lo general en el modelo final Ming, con valores de 1, 5 y 10 cash incluyendo en muchos casos la cantidad de plata equivalente en el reverso. Se tratan pues de ejemplos póstumos de la moneda de una dinastía que, pese a su convulso final, marcó una época en muchos sentidos incomparable.


Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue. David Hartill, published by Trafford, Victoria (BC) Canada, 2005
Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991
Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

Martínez Shaw, C. Historia de Asia en la Edad Moderna, Arco Libros S.L. Madrid, 1996

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