viernes, 30 de junio de 2017

FICHAS EN LA CASA DE LA MONEDA

Más de una vez he tenido la ocasión de tratar el tema de las fichas o tokens, verdadero filón para los coleccionistas que buscan alternativas a la numismática tradicional. Hasta hace poco pensaba que una de las condiciones sine qua non para que las fichas se utilicen por parte de los particulares es la falta de circulante que puede tener lugar en diferentes contextos: situaciones de crisis económica o inestabilidad política, escasez de metales o simplemente el carácter remoto de ciertas sociedades en las cuales la lejanía de los centros de poder propicia la aparición de autoridades propias más o menos formales.

Fichas del comedor de la Casa de la Moneda de Mumbai (Indian
Government Mint - Bombay)

No obstante, si lo pensamos bien, no tienen que darse situaciones extremas o de escasez para el uso de fichas. Al fin y al cabo, su emisión es muchas veces prerrogativa de ciertas empresas o establecimientos, y su uso se limita a sus dependencias. Un caso muy conocido y habitual es el de las fichas de casino o los parques de atracciones. En muchos lugares todavía se emplean fichas en cabinas telefónicas y en el transporte público, lo que puede hacer de ellas un objeto incluso cotidiano. El ejemplo de hoy guarda una considerable carga irónica, pues se trata de tokens utilizados en los lugares que más circulante oficial pueden acumular: las casas de la moneda. 
Reverso de los tokens, en los que se indica los valores (10 y 5 paisa)
y que corresponden a la cantina 

Las fichas que tengo hoy el placer de compartir pertenecen (pertenecieron sería más correcto) a la Casa de la Moneda de Mumbai (Bombay Mint), y eran las que los trabajadores debían utilizar en su cantina. La Casa de la Moneda de Mumbai se estableció en 1829, no obstante la ciudad ya se había distinguido entre otras cosas por su fabricación de piezas durante la era del Imperio Mughal en el siglo XVII. Curiosamente, Mumbai empezó a destacar como ceca durante la decadencia de este imperio a partir del siglo XVIII, momento en que los británicos afianzaron sus intereses en el subcontinente a expensas de portugueses y holandeses y, por supuesto, de los propios indios que vieron como diferentes territorios pasaban a ser independientes o semi-independientes (los llamados "estados principescos") o directamente administrados por potencias extranjeras, como era el caso de la "Presidencia de Bombay", es decir, los territorios occidentales bajo la tutela de la Compañía Británica de las Indias Orientales.

Postal de principios del siglo XX en la que se muestra
una imagen de la Casa de la Moneda de Mumbai
(Wikipedia)
De todos modos la apertura oficial de esta ceca durante la primera mitad del siglo XIX coincidía con el declive de la otrora poderosa Compañia, cuyo protagonismo iba disminuyendo mientras el gobierno británico tomaba un control cada vez más directo de estos territorios hasta que en 1857 fueron incorporados directamente a la Corona, terminando de paso con el Imperio Mughal de forma oficial, aunque de éste sólo quedara ya el nombre. Así, la Bombay Mint pasó en 1876 a ser controlada por el Gobierno de India, siendo hoy en día una de las cuatro casas de moneda que, junto con las de Calcutta, Hyderabad y Noida, forman parte del Security Printing & Minting Corporation of India Ltd., el organismo responsable de la fabricación de dinero en India. Durante todo este tiempo, durante el cual India ha pasado de ser una colonia británica a una potencia económica con aspiraciones globales, la Casa de la Moneda de Mumbai ha permanecido siempre como un referente en cuanto a cantidades de dinero emitidas así como en la fabricación de instrumentos para la fijación de los pesos y medidas aprobados por el gobierno. 

Como ocurre con tantos ejemplos de exonummia, la simplicidad de estas fichas impide tener acceso a una información detallada. Aún así podemos asegurar que las de la entrada de hoy son de cobre, se utilizaban para el comedor de la Casa de la Moneda de Mumbai  e indican valores correspondientes a 5 y 10 paisa, divisores de la rupia. En aquel momento, recordemos, el sistema no era decimal por lo que una rupia no equivalía a 100 paisa como ahora sino a 64. Precisamente el aspecto más difícil de catalogar en relación a estas fichas es su época, pero con casi total seguridad se puede situar a mediados del siglo XX, alrededor de la proclamación de independencia. El hecho de que los valores sean de 5 y 10 puede ser indicativo de la adopción de un sistema decimal, algo que en India se produjo en la década de 1950.      

Durante mucho tiempo ha sido habitual el empleo de fichas en las fábricas de moneda como medida de seguridad, puesto que no es conveniente mezclar piezas externas con las que se producen dentro. Aún así, al llegar estos tokens a mis manos no he podido evitar recordar el célebre dicho: "En casa del herrero..."


miércoles, 14 de junio de 2017

BILLETES DE LOS SEÑORES DE LA GUERRA

Los que entráis por estas páginas os habréis percatado de mi preferencia, dentro de la notafilia, por las emisiones locales. Por lo general, y salvo en algunos casos (como los modernos billetes locales de economía social, por ejemplo), estos billetes son testigos mudos de tiempos difíciles caracterizados por el conflicto y la escasez, pero también son en muchos casos representativos de otras facetas humanas en las que reparamos menos a la hora de coleccionar monedas o billetes, como el deseo de mantener la normalidad en momentos de dificultad, las aspiraciones políticas o económicas de grupos u organizaciones que en circunstancias normales no alcanzarían el poder, o incluso nuevas formas de creatividad (unas más acertadas que otras) lejos de los estrictos patrones que suelen marcar los bancos centrales a la hora de escoger diseños.

Mapa de China con la provincia de Xinjiang señalada en rojo
(fuente: wikipedia)
Algo muy atractivo, en mi opinión, de muchas emisiones locales radica en este último aspecto: la técnica tosca que muchas veces se emplea, unida a los materiales de escasa calidad (vienen a mi mente ahora los billetes de guerrilla filipinos de la II Guerra Mundial) dan la sensación de que muchos de estos billetes se emitían en situaciones límite. El caso que hoy nos ocupa, el de los billetes de Xinjiang (noroeste de China) de la década de 1930 es paradigmático de todo esto, ya que los emisores trataban de reflejar rasgos culturales propios en su papel moneda utilizando técnicas primitivas, todo ello bajo unas circunstancias francamente difíciles, como veremos a continuación.

Y es que la historia de la China posterior a la de la última dinastía imperial Qing dista mucho de aproximarse a lo que entendemos por normalidad. Si bien el país había conocido en su dilatada historia periodos de desintegración más o menos largos, durante las tres primeras décadas del siglo XX esta desintegración va unida a un estricto marcaje por parte de las potencias occidentales (Reino Unido, Francia, la Unión Soviética) y el imperio emergente de Japón, que no disimulan en absoluto su deseo de ampliar su poder colonial y comercial a costa de un moribundo imperio chino. La proliferación de los llamados "señores de la guerra" (warlords) no es sino un resultado lógico de la trayectoria del país durante la segunda mitad del siglo XIX y el comienzo del XX. La división de China en esferas de influencia por parte de las potencias extranjeras menoscababa la autoridad imperial y contribuía a la emergencia de poderes locales. Por otro lado, la brutal represión de las revueltas que tuvieron lugar en diferentes partes del territorio a mediados del XIX, dejó clara la creciente importancia de la fuerza militar para dirimir cualquier tipo de cuestión. A la muerte del general Yuan Shikai, considerado como hombre fuerte de la nueva República en 1912  precisamente gracias a su poder militar, numerosos gobernadores provinciales se proclamaron (o comenzaron a actuar como si fueran) independientes.

Billete de la administración de Khotan de mediados de la
década de 1930. 

Los primeros años de la República China no pudieron empezar peor en cuanto a la integridad territorial se refiere. Muchos gobernadores provinciales en teoría ejercían su cargo en nombre del gobierno central, pero en la práctica se comportaban con total independencia con respecto a éste. Además, dentro de sus propios territorios las fuerzas de oposición luchaban por conseguir su propio espacio de gobierno, de tal manera que en pocos años China se vio dividida en cientos de entidades independientes o cuasi-independientes, de tal forma que más que desunión, podemos hablar de verdadera atomización. La región de Xinjiang, situada en el extremo noroccidental del país, tradicionalmente punto estratégico de la Ruta de la Seda y habitada en gran medida por minorías étnicas como uigures y poblaciones turcas, fue un buen ejemplo de este caos. Ya en las décadas de 1860 y 1870 la región había sido testigo de la rebelión de Yakub Beg, personaje singular de origen uzbeko que trató de establecer un reino musulmán independiente en este territorio. Con este precedente, unido a otros factores como la diversidad étnica y religiosa y la lejanía con respecto al poder central, no es sorprendente que Xinjiang se sumara a las tendencias centrífugas imperantes.

En Xinjiang los gobernadores que ejercían su cargo en nombre de la República de China tras la caída de la dinastía Qing consiguieron durante dos décadas mantener la situación bajo control gobernando como auténticos soberanos, pero a principios de la década de 1930 las tensiones entre los gobernantes de origen chino y las minorías étnicas estallaron, llevando a una rebelión de los uigures y otros pueblos de origen turco y religión musulmana, que se saldó con la proclamación de la efímera República del Turkestán Oriental. Este estado, de solo unos meses de duración entre 1933 y 1934 fue ocupado por las fuerzas de Ma Zhongying, señor de la guerra que lideraba a los hui o tungan (chinos musulmanes) que constituían la 36 División del ejército del Kuomintang, el Partido Nacionalista Chino. Este señor de la guerra curiosamente se había alineado en un principio con los rebeldes uigures, pero en este contexto, cualquier lazo étnico o religioso quedaba relegado en favor de la posibilidad de establecer una parcela de poder efectivo, por pequeña que fuera.
En este lado del billete pueden apreciarse los caracteres
chinos en el rectángulo central, así como la tinta del sello
rojo de la otra cara

Quien pensara que la derrota de la República del Turkestán Oriental significaba el fin del secesionismo en esta parte de China se equivocaba. Ma Zhongying se estableció en Khotan, al sur de la región, para seguir ejerciendo como señor de la guerra en un territorio que sería conocido por los occidentales como Tunganistán, mientras se enfrentaba a Sheng Shicai, otro señor de la guerra que trataba de defender sus derechos como gobernador provincial de Xinjiang contando con el apoyo de la vecina Unión Soviética. Ma Hu Shan, medio hermano y sucesor de Ma Zhongying, no dudó en continuar ejerciendo como soberano de facto en Tunganistán en nombre del Kuomintang, que en aquel momento luchaba por dotar a duras penas de una cierta cohesión a todo el país.

En este convulso y enrevesado contexto de mediados de la década de 1930, que si soy sincero tengo dudas sobre si he explicado correctamente,  fue en el que se produjeron los billetes que protagonizan la entrada de hoy. Parece ser que el material utilizado para su fabricación es la corteza de morera (aunque en otros casos se utilizaron materiales alternativos como la tela) y, pese a su tosco acabado, reflejan un diseño propio de las culturas musulmanas de Asia Central, combinado con caracteres chinos. Los valores reflejados en estos billetes son en tael de plata (aproximadamente 36-37 grs.) no obstante se emitieron en tal cantidad que en poco tiempo sucumbieron a los efectos de la inflación y perdieron su valor.

No tuvieron estos billetes ocasión de circular durante mucho tiempo ya que los dominios de Ma Hu Shan, fueron absorbidos por Sheng Shicai en 1937 con la ayuda de la Unión Soviética, lo que garantizó a este señor de la guerra el control de Xinjiang hasta el final de la II Guerra Mundial. No me ha sido posible encontrar demasiada información acerca de estas emisiones más allá de algunas reseñas en libros acerca de la historia de Xinjiang o en numismáticas online. Aún así, puede afirmarse que constituyen no solo un artículo muy interesante para los apasionados de la numismática y notafilia oriental, sino también un símbolo tangible de la herencia cultural china de Asia Central, menos conocida para los occidentales.


Bibliografía: 

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006
Dillon, M. Xinjiang and the Expansion of Chinese Communist Power. Kashgar in the Early Twentieth Century, Routledge 2014 
Forbes, A.D.W. Warlords and Muslims in Chinese Central Asia: a Political History of Republican Sinkiang 1911-1949, Cambridge University Press 1986

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